Y te diré quién eres (Mariposa Traicionera)
Franz Galich, autor de varias novelas y libros de cuentos, hace entrega a los lectores de su novela Y te diré quien eres –Mariposa Traicionera-, que bien podría ser denominada la segunda parte de esa sorprendente Managua salsa city –Devórame otra vez- o la saga de Pancho Rana y la Guajira, tema sobre el cual el autor espera escribir dos novelas más para completar el Cuarteto de Centroamérica Víctor Chavarría
La idea de este cuarteto nace de la realidad que actualmente vive el istmo, poco después de la segunda edición de Managua salsa city, la cual fue galardonada con el premio centroamericano de literatura Rogelio Sinán en 1999-2000, y cuya historia salió de esos recovecos de la capital nicaragüense, no así Y te diré quién eres, ya que de ella sólo retoma su final y salta a otros escenarios de Centroamérica.
Recordemos un poco Managua salsa city: Pancho Rana le trabaja a una familia rica y aprovechando que tal familia anda de viaje dispone de todo lo que hay en la casa de sus patrones. En un centro nocturno se relaciona con la Guajira, jefa de una banda de delincuentes. Ambos fingen ser las personas que no son. Por un lado, Pancho Rana dice ser hombre rico; y por el otro la Guajira finge ser mujer de mucho recato y honorabilidad. Después de pasar juntos toda la noche visitando otros centros nocturnos de Managua, ambos se enamoran, y él se la lleva a la casa de sus patrones. Camino a ésta son seguidos por la banda que ella dirige y por dos hombres más, uno de los cuales quiere violarla. Ya en la casa de sus patrones Pancho Rana se enfrenta con sus perseguidores y de la matanza sólo se salvan la Guajira, quien se lleva unas joyas de la casa, y Cara de Ratón.
Veamos ahora qué pasa en Y te diré quién eres –Mariposa traicionera-: al reconocer los cadáveres que quedaron de la masacre se sabe que Pancho Rana está vivo aún y se lo llevan al hospital, donde le dan de alta, llega donde sus patrones y les cuenta una historia que no corresponde a lo sucedido. Los patrones le creen y en recompensa lo hacen su guardaespaldas y le asignan la tarea de investigar y recuperar el paradero de las joyas. Pancho Rana, con el pretexto de las joyas, busca a la Guajira, y en esa búsqueda va tomando venganza contra traidores como Medallita, corruptos como sus antiguos jefes en el Ejército y Seguridad del Estado; y va conociendo personajes como El Guapo, quien es el que le compra las joyas a la Guajira y al Cara de Ratón; conoce también a diputados que aparentan ser machos y son bisexuales, como Guarito, y viaja por distintos países de Centroamérica, en uno de los cuales lo involucran en una red de corrupción que tiene, al parecer, contacto con sus antiguos patrones y con el jefe de la Policía en Nicaragua. Procedente de Guatemala, Pancho Rana regresa a Nicaragua en compañía del Brujo, su alter ego, y en un ataque que planifican contra los que ellos creen ser los responsables de la corrupción, los movimientos de Pancho Rana son descubiertos por el jefe policial y lo matan.
Las acciones de Pancho Rana en la novela no son ajenas a la situación generada por el neoliberalismo, cuyos efectos han acelerado la descomposición social, material y espiritual de las clases populares. Después de los conflictos armados en Centroamérica el neoliberalismo es el nuevo invasor y propicia la corrupción para no detener el proceso de enriquecimiento de unos pocos. Éste es precisamente el ambiente de Y te diré quién eres, donde crece la figura de Pancho Rana y el peso del capitalismo y sus políticas se vuelven un fardo para los explotados y oprimidos. Si Managua salsa city es la entrada al infierno, cuando “a las seis en punto de la tarde, Dios le quita el fuego a Managua y le deja la mano libre al diablo”, Y te diré quién eres es la imagen de sus círculos en vivo y a todo color, donde hay diablos controlando el poder y condenando a la miseria a otros para gozar de ese poder.
Pancho Rana se percata de la verdadera identidad del jefe policial y de sus patrones hasta después de su periplo por Honduras, El Salvador y Guatemala, donde ha andado buscando a su Guajira. Detrás de todos los hechos que acontecen la teoría de los periodistas es que hay gente gruesa involucrada en una o más redes internacionales del delito y que por eso las investigaciones policiales no dan en el clavo. En efecto, los personajes que manejan los hilos de la corrupción son precisamente los que están ligados a la investigación de los hechos acaecidos en la quinta, entre los cuales está el propio jefe de la Policía, Anastasio Cerna, para quien trabajaban los atacantes de la misma. Estos personajes se autoprotegen y por eso se sienten perseguidos por la labor de los periodistas.
Más allá de una sociología de conciencias, donde quizás se muestre al lector el mundo que gira en las cabezas de los personajes, así como sus aspiraciones y sus frustraciones, temores, vicios y demás aspectos puntuales que retratan dichas conciencias, en esta novela se cumple lo que dice Heminway en Muerte en la tarde, es decir, los personajes de las obras de Galich son criaturas tomadas de la experiencia asimilada por el escritor, tomadas de su vivencia, de su cabeza y su corazón, y de todo lo que nace de él; y si un escritor en prosa, sigue diciendo Heminway, conoce lo suficientemente bien aquello sobre lo que escribe, puede silenciar cosas, y el lector, si el escritor escribe con suficiente verdad, tendrá de estas cosas una impresión tan fuerte como si el escritor las hubiera expresado.
Sin embargo, Y te diré quién eres –Mariposa Traicionera- apenas nos enseña la punta de un iceberg, cuyo contenido sumergido quizás se irá viendo en las próximas novelas que completarán el Cuarteto de Centroamérica. Esta vez el ocultamiento deliberado lo hace no en vano partiendo del propio título de la novela, pues no toma la primera parte: “dime con quien andas”, sino “y te diré quién eres”, para agregar enseguida ¨Mariposa Traicionera¨, ¿qué mariposa? se preguntará el lector, ¿la de la canción? La interpretación que haga el lector tendrá que pasar necesariamente por el reconocimiento de que hay una realidad más allá de la simple búsqueda de la Guajira, donde los peces gordos se comen a los más pequeños; y que quienes la promueven y dirigen precisamente son quienes detentan el poder.
Lo que hace la novela es simplemente destapar la olla que en la literatura nadie antes la había destapado con tanto vigor; es caso único, sobre todo porque también deja espacio para entremezclarse con el humor, la ironía y la frescura de su lenguaje. Uno goza de las cosas que suceden y de la forma en que se cuentan. Es el lenguaje con el que a cada instante se comunican los personajes, sobresaliendo el nicaragüense, pero éste se va mezclando poco a poco con el de los personajes de los otros países centroamericanos a medida que Pancho Rana va abriéndose camino por ellos en busca de su Guajira.
La estrategia discursiva de esta novela quizás busque penetrar en los mercados literarios y también entrarle a la realidad que se vive en la sociedad, tal como ha dicho la crítica acerca de Managua salsa city. La novela quiere provocar no sólo goce literario en el lector sino también una reflexión sobre lo que lo rodea. Acordémonos de la poética en la novelística de Galich que aparece en Este mundo matraca: a la par que divierten y entretienen deben mostrar las distintas caras de de la vida. Así pues, el autor de esta novela marca una forma nueva de novelar en Nicaragua y Centroamérica, no ajena a la cinematografía hollywoodense.
Quizás no esté lejos de alguna de las razones expuestas la novela La muerte de Acuario, del periodista Arquímedes González, novela en la que entra también la modernidad de la escritura inventiva y conjuga la historia nacional con la imaginación, que es lo que me parece que sucede en estas dos primeras novelas del Cuarteto de Centroamérica, aunque, como dice Erick Aguirre, hablando de Managua salsa city, en Y te diré quién eres sigue siendo el interés novelar lo muy reciente, tendencia entre los nuevos novelistas centroamericanos. No así en la novela de Arquímedes. En ésta aparecen personajes como el detective Sherlock Holmes y el doctor Watson, creados por Sir Arthur Connan Doyle, para que viajen a la Managua de finales del siglo XIX e investiguen los crímenes de Jack el Destripador.
La calidad de estas obras no viene de hoy. Centroamérica tiene sus valores universales en Rubén Darío, Miguel Ángel Asturias y otros. Acordémonos también de lo que dice Pablo Antonio Cuadra en su “Introducción a la literatura nicaragüense”: la literatura es impredecible. En este sentido yo veo en el lenguaje de la obra de Franz Galich una fuerza contagiosa arrojada con furia y con sangre desde las profundidades de su ser, lenguaje que se basta para retratar a los personajes y conocerles su origen, así como capaz de trascender por sí mismo hacia los mercados literarios del mundo, más o menos semejante a la fuerza del lenguaje de otros escritores centroamericanos que contagiaron al istmo en su momento, pero quedándose en lo local, sin esa trascendencia.
Ojalá que venga pronto la tercera parte del Cuarteto de Centroamérica, ya que, entre otros motivos, El Brujo queda a la deriva y de la Guajira no se sabe su paradero, sólo se siente a lo largo de la novela su sombra que pasa fugazmente por los caminos establecidos por la redes de la corrupción, así como cuando “en un prostíbulo de Managua una mujer interrumpió su trabajo, presa de un presentimiento fatal”, al momento que están matando a Pancho Rana. Esperamos que el autor, Franz Galich, no cuelgue la pluma todavía en la espetera donde la dejara su par En este mundo matraca, Cide Tomat Tomatío.
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