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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Miércoles 14 de Septiembre de 2005 - Edición 9010
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“Cosmapa”, la cara bonita de una bananera


La literatura nicaragüense es de un innegable valor educativo, no solo en los aspectos estrictamente literarios, sino también de las reflexiones políticas, son cuentos, novelas, poemas, reportajes, en fin, todo tipo de escritos que están fundidos en el tiempo, tan arraigados a nuestras raíces que de esa enseñanza perpetua es que debemos planificar nuestro futuro.

Cada vez que me adentro en esas páginas, recorro con mi mente imaginativa cada detalle descrito, trato de involucrarme con los personajes de las novelas, vivo cada instante de la prosa reflejada en esas obras, y al final me doy cuenta, una vez que regreso a la realidad de mi pueblo, que esas obras literarias tienen una permanencia obligada, son referencias obligatorias para que el presente aprenda del pasado, para que quienes tienen las riendas del poder, de una vez por todas entiendan, que si pretendemos olvidar la historia de este país, estamos obligados a repetir los mismos errores.

“Cosmapa” es una novela de José Román, escritor nicaragüense de mucho prestigio, fue escrita entre 1941 y 1942, relata la historia sobre la vida en una plantación de banano en el Pacífico de Nicaragua, específicamente cerca del municipio de Chichigalpa, departamento de Chinandega. Es la típica vida en las haciendas nicaragüenses, en la que existe un personaje protagonista llamado Nicolás Guerrero, dueño de la plantación y, por supuesto, el patrón supremo, Nicolás es descrito como una persona buena, comprensiva con sus trabajadores, humano y casi con una característica paternal de cara a todos los que laboran en su plantación, de alguna forma comparte las ganancias en una época de bonanza para el banano nicaragüense.

Se mantiene el mismo patrón de comportamiento en cuanto a las relaciones extra conyugales en ese tiempo, es decir, el patrón gusta de una muchacha campesina llamada Juana Corrales, esta chica encierra en sí misma la belleza de la india nativa de estas tierras, hermosa y elegante, altiva y preciosa mujer de cacao que embeleza con solo su presencia al más galán educado en Europa, que era el caso de Nicolás.

En esta novela también aparecen y le dan colorido una serie de personajes, entre capataces y ayudantes fieles que son capaces de dar hasta la vida por su patroncito, éste a cambio le cumple favores que van desde el obsequio de animales hasta terrenitos en donde ellos pueden levantar su ranchito y poder vivir cómodamente, dentro de sus posibilidades, claro.

En términos generales, la vida discurre de una forma maravillosa, todo en armonía, trabajo y guaro para todos, aventuras románticas con sus desencantos y una tragedia que por desconocimientos filiales termina en una relación incestuosa entre Nicolás que resulta ser el padre de Juana, y ésta, que se suicida en una torrencial lluvia típica de la región de Chinandega y, para rematar, las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial acaban con la producción bananera, puesto que por falta de barcos no se pueden vender en el mercado internacional. Lo demás es historia, los trabajadores emigran a otras plantaciones y cada quien trata de sobrevivir como puede, en resumen es una cara bonita de las plantaciones de bananos en el pacífico nicaragüense.

Sin embargo, sesenta y tres años después de que José Román escribió esta novela, me pregunto si todo esto fue producto exclusivamente de su imaginación, o simplemente esto fue lo que quiso ver para congraciarse con los dueños de plantaciones bananeras de su tiempo, en ningún momento el escritor hace una denuncia social de la explotación permanente de estos trabajadores, hoy tantos años de esas historias bonitas surge una nueva cara, la cara fea de las bananeras nicaragüenses: las consecuencias nefastas del insecticida llamado NEMAGÓN.

La otra cara, la que no se escribió en novelas ni poemas en ese tiempo, o al menos de forma pública no se conocen, es aquella donde los trabajadores eran explotados como animales, en jornadas interminables a cambio de un miserable pago, luego para no dejar ir ese salario indigno, se ponían tiendas en las mismas haciendas y que eran llamadas “ratas”, éstas consistían en un tipo de “comisariato” en que les vendían todo tipo de productos al crédito y con precio más altos que en el exterior de las plantaciones, es decir, cuando les llegaba el miserable pago a los trabajadores, ya los debían todo a las “ratas”.

Otra cara negra era el efecto de los pesticidas, esos patrones “buenos” que se muestran en la novela, eran quienes compraban y daban las órdenes de regar con tóxicos las plantaciones sin importar que los trabajadores estuvieran abajo trabajando, incluso utilizaban los llamados “banderilleros” que no eran más que aquellos campesinos provistos de unas banderillas de colores y que hacían las señas desde abajo a los aviones para que rociaran el veneno, éstos hombres y mujeres por supuesto no contaban para nada con trajes de protección para evitar la contaminación.

Ese NEMAGÓN esparcido en el aire se diseminaba por los humildes ranchos campesinos que el excelente patrón les había dejado plantar en los terrenos cerca de las bananeras, claro que en agradecimiento respiraban eternamente los tóxicos que ahora, años después, les han producido las consecuencias que todos conocemos.

A pesar de ello, se organizaron muchos años después para tratar de cambiar las condiciones de trabajo y explotación, surgieron líderes que enaltecieron las demandas de los trabajadores bananeros, éstos participaron en lograr el triunfo de la Revolución en Nicaragua, esa historia fue también escrita con el sudor y la sangre de trabajadores bananeros, con la pérdida de la revolución se trató de proteger este gremio y se organizaron cooperativas para manejar los recursos que salieron producto de las ganancias de la privatización.

Actualmente, los trabajadores afectados por esos pesticidas han sido amparados por la justicia, que producto de esos buenos patrones, fueron afectados hasta morir muchos de ellos, siguen en su lucha justa a pesar de que en muchos casos las instituciones encargadas de apoyarles se han hecho de la vista gorda, se hacen los indiferentes y tratan de dar miles de excusas para no apoyarlos, a pesar de ello, estoy seguro de su triunfo.

“Cosmapa” nos enseña que no todo lo que brilla es oro, que hay líderes que sueñan con ser otro Nicolás Guerrero, con poder y gloria, hay líderes que no les interesa, al igual que el patrón, rendir cuentas a sus trabajadores porque se creen los verdaderos dueños particulares de ese dinero, pero bueno, ellos añoran esa cara linda de las plantaciones de banano, en donde son los patrones buenos y paternales de sus peones, pero la otra cara, no la del veneno, sino la otra igual de peor, la de la corrupción, ellos mismos están siendo protagonistas de que se estén escribiendo esas páginas oscuras de una novela con final trágico para los trabajadores. Les corresponde a los verdaderos héroes no permitir otra “Cosmapa”, es decir, aquella cara bonita que solo tendrá beneficio para los más oportunistas, los que seguirán soñando ser un Nicolás Guerrero, pero con la diferencia de querer ser rico, sin sudar una gota para merecerlo.

León, septiembre de 2005.




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