El milagro taiwanés
Erick Aguirre | eaguirre@elnuevodiario.com.ni Siempre he pensado que en las universidades y en los mercados le resulta a uno menos difícil descubrir las distintas e insospechadas facetas de un pueblo o de un país; el rostro múltiple, iluminado u oscuro, pero en general fascinante de su cultura. Y esa ferviente convicción me ha sido reiterada por la experiencia en una reciente visita a Taiwan, de la que por el momento me guardaré otras tantas impresiones para nuevos artículos, pues ahora quiero concentrarme en dos o tres asuntos específicos que los imperativos de la coyuntura me obligan a priorizar.
Invitados por el gobierno taiwanés, un grupo de periodistas centroamericanos visitamos, entre otros muchos lugares fascinantes, la ciudad de Hsinchu, una comunidad al estilo silicon valley, ubicada a 45 minutos al este de Taipei, donde viven miles de científicos e investigadores que trabajan para el Parque Científico Industrial de Hsinchu y para el Instituto de Investigación Tecnológica e Industrial (ITRI, por sus siglas en inglés). Ambos fueron creados en 1980 con el fin de propiciar un entorno de alta calidad donde se combinaran diversas instalaciones para investigación y desarrollo, producción, operaciones, residenciales y recreación, de manera que se pudiera atraer hacia su centro de gravitación a la mayor cantidad posible de talentos en ciencia y tecnología de punta, muchos de ellos formados en los más prestigiosos centros de investigación tecnológica de los Estados Unidos. En fin, los taiwaneses construyeron allí una base para el desarrollo de alta tecnología que pudiera elevar su nivel industrial. ¡Y vaya que lo han logrado!
Había puesto atención a las palabras de nuestros anfitriones cuando, desde que llegamos a Taipei, nos dijeron, con mucho orgullo, que a finales de los años 70 el ingreso per cápita en Taiwan (una isla con 23 millones de habitantes que hace unos 50 años era parte integral de China) representaba más o menos un equivalente al del más pobre de los países centroamericanos en la actualidad, y que hoy el IPC taiwanés promedia aproximadamente los mil quinientos dólares. En otras palabras, y haciendo un par de cuentas en el aire, llegamos a la conclusión de que, en menos de 30 años, el IPC de Taiwán creció al menos quince veces. Así que, después de visitar Hsinchu no pude evitar comentar en voz alta que, después de todo, ese era el gran secreto a voces del “milagro taiwanés”: volcarse en la inversión tecnológica como impulso inicial básico para el desarrollo industrial y la exportación. Pero uno de mis anfitriones intentó subrayar de inmediato la supuesta premura de mis conclusiones: no estaba tomando en cuenta su capacidad de ahorro, su disciplina para el trabajo y el funcionamiento relativamente normal de sus instituciones públicas.
Era cierto. No estaba tomando en cuenta eso que los sociólogos llaman (con desdén o sorpresa, según sea el caso) “el vector transversal de la cultura”, que por supuesto además abarca, o contiene (y no al revés), todo lo relacionado con la dinámica política. Lo comprobé después cuando visitamos uno de los más famosos mercados nocturnos de Taipei: el “mercado de las serpientes”, como lo bautizamos caprichosamente. Para describirlo basta decir que los barrios chinos de Los Ángeles o Nueva York, en el área de sus mercados, son apenas pequeñas versiones de estos sitios maravillosos que, en plena Taipei, me hicieron pensar en lo equivocado que estaba si creía que, debido al desarrollo tecnológico y a su excesiva “occidentalización”, Taiwan se había despojado de las más arraigadas tradiciones de lo que, en este caso, se me ocurre llamar “la China profunda”. Para nada. A pesar que desde 1949, luego de un movimiento político secesionista animado por Shiang Kai-sheck, la isla de Taiwan ha permanecido separada políticamente de la República Popular China, y a pesar que ésta la sigue considerando parte inalienable de su territorio (advirtiendo incluso que recurrirá a la fuerza si Taipei declarara unilateralmente su independencia), los taiwaneses no parecen nada diferentes, culturalmente, de los “chinos continentales”, especialmente en su espíritu inventivo y atávicamente comercial.
Pero debido a ese conflicto con China que ya lleva más de medio siglo, Taiwan no ha sido aceptada hasta ahora como nación legítima por la Organización de las Naciones Unidas. Sólo 26 países, en su mayoría pequeñas naciones latinoamericanas o africanas, dentro de las que se incluyen algunas centroamericanas, reconocen a Taiwan como un Estado soberano, por lo cual reciben un tratamiento bastante amistoso por parte de Taipei, cuyo reiterado argumento es que su exclusión de las Naciones Unidas viola los principios y el espíritu de la Carta Constitutiva de la ONU. Pese a todo, sin embargo, ambos gobiernos mantienen relaciones comerciales más o menos estables, aunque la posición de China continental de no reconocer ni dejar que se reconozca la independencia de Taiwan permanece invariable.
Por eso es que, como es muy notable, los taiwaneses han incrementado sus relaciones políticas y comerciales con Centroamérica en los últimos años. En ese contexto es que se ha preparado para este lunes 26 de septiembre en Managua, una cumbre de presidentes de Centroamérica, República Dominicana y Taiwan, que responde al interés de firmar un Tratado de Libre Comercio con todos los países participantes en la cumbre. Pero el propósito de Taiwan en nuestra región ha debido enfrentar algunas dificultades, sobre todo de índole política. Por ejemplo, durante nuestra visita a Taiwan, los periodistas centroamericanos sostuvimos un encuentro con el canciller taiwanés, Ten-sun Chen, a quien el periodista panameño Británico Quezada le preguntó sobre los rumores acerca del distanciamiento del actual presidente panameño Martín Torrijos respecto a Taiwan, a raíz de un escándalo por donaciones taiwanesas millonarias al gobierno de la ex presidenta Mireya Moscoso, que fueron supuestamente mal manejadas por una fundación privada dirigida por una hermana de la ex presidenta.
Se le mencionó también el rumor de que Torrijos no quiso recibir al presidente Chen en Panamá. El canciller negó que las relaciones con el gobierno de Torrijos estén en un mal momento. “Estamos observando las reformas del actual gobierno, sabemos que el presidente Torrijos está muy ocupado y esperaremos a ver cómo terminan sus reformas. Nuestro presidente, en efecto, no visitará Panamá, pero tal vez se encuentren en Nicaragua, si es que el presidente Torrijos asiste a la cumbre”, reconoció el Canciller. Aunque luego el vicepresidente panameño confirmó la asistencia de Torrijos a la cumbre y la probable realización de una reunión bilateral con el presidente Chen, pero agregó que mantener relaciones diplomáticas con Taiwan no implica abandonar relaciones comerciales con China continental.
El periodista guatemalteco Rodolfo Flores, del diario Siglo XXI, recordó al canciller taiwanés que el presidente Oscar Berger ha expresado su voluntad de establecer relaciones comerciales con China continental, cuyo gobierno supuestamente ha puesto como condición que, previamente, se establezcan relaciones diplomáticas formales entre ambos países. El Canciller respondió que, “a diferencia de China continental, cuyos intereses en la región son políticos”, el objetivo de Taiwan es “elevar el nivel de vida en Centroamérica”. Pero los inconvenientes políticos no acababan ahí. El periodista costarricense Wiliam Segura, del diario La República, le recordó al Canciller el caso de la donación taiwanesa a una fundación mencionada en un caso de corrupción en que se vio involucrado el ex presidente de Costa Rica Miguel Ángel Rodríguez. También le mencionó las recientes declaraciones del ex presidente Oscar Arias, quien se ha postulado de nuevo como candidato presidencial y se ha mostrado dispuesto, de llegar al poder, a establecer relaciones diplomáticas con China continental. El Canciller respondió que las palabras de Arias sonaban tan radicales que más bien le parecían de Ottón Solís, candidato de una alianza de izquierda.
Aunque elogió al Premio Nobel de la Paz, el Canciller taiwanés quiso enviarle un mensaje a Arias: “Que no se entusiasme mucho con las promesas de China continental”, dijo. “Nosotros sabemos que no siempre cumplen lo que prometen”. Luego nos prometió que su gobierno trataría de evitar que los desvíos de fondos proporcionados por Taiwan vuelvan a ocurrir. “Trataremos de garantizar que sean manejados de manera transparente”, prometió. Pero por esos apuros que el protocolo aparentemente impone al tiempo de los funcionarios, nos fue imposible preguntarle qué medidas específicas tomarán para evitar los desvíos de fondos que estallan en escándalos de corrupción política. Después de todo, si además del caso Moscoso en Panamá y el de Rodríguez en Costa Rica, recordamos las acusaciones al ex presidente Portillo de Guatemala y el caso “Donación Taiwan” que ha sacudido a Nicaragua en los últimos años, nos da la impresión que hasta ahora no les ha interesado mucho el destino de esas donaciones. Tomando en cuenta su necesidad de apoyo ante la ONU, da la impresión que siempre están en busca de aliados políticos, y que éstos suelen aprovecharse de su excesiva generosidad.
eaguirre@elnuevodiario.com.ni
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