Ejercitar la "imaginación del desastre" Olor a dictaduras y trampas de 2006
Andrés Pérez Baltodano
Nicaragua enfrenta hoy la posibilidad de caer, nuevamente, en una dictadura. Se respira en el ambiente el olor a la ambición desmedida que se respiraba en los valles, las ciudades y las montañas de Nicaragua en 1936. Es ese olor a ambición sin límites el que anuncia que podríamos fácilmente caer, como sucedió con los Somoza, en el imperio de la arbitrariedad, la censura de prensa, las persecuciones políticas y los llantos de las mujeres del Cua.
Si algo tendríamos que haber aprendido los nicaragüenses es a reconocer los vientos que anuncian el autoritarismo. Por eso no podemos pecar de inocentes e ignorar que el pacto PLC-FSLN es apenas el punto de partida para la institucionalización de un sistema de gobierno que permitiría a los jefes de estas dos pandillas políticas instrumentalizar la ley, el Estado y hasta los procesos democráticos para mantenerse en el poder. El PLC y el FSLN no tienen hoy todo lo que necesitan para lograr lo que ambicionan. Pero pueden llegar a obtenerlo todo, incluyendo el control del aparato coercitivo del Estado.
Es necesario, entonces, adelantarnos a lo que puede llegar a suceder y ejercitar la “imaginación del desastre” para visualizar lo que sería, por ejemplo, un Arnoldo Alemán con una Policía y un Ejército a su disposición. Imaginemos la mansión de Byron Jerez en Pochomil custodiada por efectivos de la Policía Nacional para evitar que los periodistas tomen fotos de sus instalaciones o para impedir que los chavalos pobres ensucien el muro que construyó con la sangre de los muertos del Mitch. Imaginemos a Lenín Cerna salivando mientras reorganiza la Seguridad del Estado y a Rosario Murillo decidiendo nuevamente --ahora con la amargura acumulada durante sus años en la llanura-- lo que es arte y cultura en Nicaragua. Pensemos lo que sería un Ricardo Coronel Kautz --el autor de uno de los artículos de opinión más cínicos e ignorantes publicados en la historia de la prensa escrita nicaragüense-- funcionando como Coordinador del Grupo Cívico Ética y Transparencia. Imaginemos a los obispos Obando, Mata y Vivas encomendando en sus misas a los gobernantes de estos imaginarios, pero muy probables escenarios de nuestro futuro nacional. Imaginémoslos dándole la comunión a los Silvio Conrado y condenando al infierno, por pecadoras, a las niñas Rosa, a las niñas Zoila y a tantas niñas sin niñez en Nicaragua
No podemos engañarnos y tenemos que reconocer que éstas son imágenes de una realidad que se cristaliza día a día frente a nuestros ojos. Una realidad que ni la nueva imagen “reposada” y perdonavidas de Arnoldo Alemán, ni el seudo-parlamentarismo de Daniel Ortega, ni las champuseadas teóricas que Orlando Núñez ha aplicado a los amarres políticos entre Ortega y Alemán, ni el cobarde, sacrílego, e irresponsable silencio de Miguel Obando Bravo, pueden ocultar. El pacto FSLN-PLC es lo que es: una asociación ilegítima para delinquir contra la seguridad y el bien común de los nicaragüenses: un proyecto para transformarnos, de nuevo, en una gran hacienda.
Tres escenarios posibles para 2006
Frente al desorden político e institucional que vive Nicaragua, algunos centran sus esperanzas en el surgimiento de un Hugo Chávez. Comprensible, pero peligroso deseo. El chavismo es un valiente movimiento que sin una filosofía definida, sin un proyecto explícito y sin un horizonte articulado en palabras y transmitido al pueblo venezolano para que éste lo haga propio, termina siendo un ejercicio de improvisaciones dictadas por un caudillo. Y a eso no debemos regresar.
Otros depositan sus esperanzas en la Embajada de los Estados Unidos: vergonzosa y despreciable “solución” que no merece comentario. Muchos que ya no se sienten a gusto con la idea de los marines estadounidenses marchando en Managua, sueñan con una fuerza militar interamericana legitimada por la OEA: posición ingenua que no toma en cuenta la enorme capacidad que tienen los Estados Unidos para lograr que otros hagan el trabajo sucio que ellos no pueden hacer.
La mayoría centra ahora sus esperanzas en las elecciones de 2006: ¿otra ingenuidad? ¿Vale la pena luchar contra el pacto dentro del corrupto régimen político imperante? La duda que esta pregunta encierra es comprensible. Más aún, es necesaria y debe mantenerse como parte de una actitud política escéptica que nos permita detectar las trampas y las posibilidades de fraude electoral que seguramente están ya maquinando los pactistas responsables de la organización de las elecciones de 2006. La duda, además, es el mejor antídoto contra la enfermedad de la fe política que nos hace ciegos a los errores y el oportunismo de los políticos y candidatos presidenciales. La duda, sin embargo, no debe ser paralizante.
Renunciar al juego democrático es --a pesar de las enormes limitaciones del modelo democrático liberal y de los obstáculos que en él han colocado y seguirán colocando las mafias que controlan la institucionalidad política del país-- abandonar una esfera de acción que resulta determinante para la organización y distribución del poder en Nicaragua. Renunciar al juego democrático es entregar a los artífices del pacto un proceso que quiérase o no, goza de fuerza normativa dentro del país y de legitimidad fuera de Nicaragua. Podría significar, también, despreciar una oportunidad. Veamos.
Son tres los posibles resultados electorales que en 2006 pueden determinar los futuros escenarios políticos del país. La consolidación de la dura y desnuda realidad del pacto mediante una victoria del PLC o del FSLN. La consolidación (triunfo en las elecciones presidenciales y/o captación de un porcentaje significativo de escaños en la Asamblea) de la derecha anti-pactista neoliberal, representada hoy por Eduardo Montealegre. Y la consolidación (triunfo en las elecciones presidenciales y/o captación de un porcentaje significativo de escaños en la Asamblea) de la izquierda democrática nicaragüense, representada hoy por Herty Lewites.
¿Qué significaría para Nicaragua una victoria de Montealegre o el triunfo de Lewites? Ésta es una pregunta válida porque ni Montealegre ni Lewites han hecho explícitos los principios ideológicos y los imperativos éticos de sus planteamientos programáticos. Tampoco han hecho todavía planteamientos programáticos. Se han declarado enemigos del pacto y de sus dos artífices. Han afirmado estar dispuestos a colaborar para eliminar los vicios de la actual Constitución, un proyecto razonable y necesario que no debe verse como una confusión de principios, ya que un marco constitucional simplemente sirve para ordenar la confrontación de los intereses y las ideas. Pero nada más han aclarado los candidatos anti-pacto. Hasta la fecha, ambos nos han regalado frases que, como diría José Coronel Urtecho, son de galería y de labios afuera.
Mañana: Herty Lewites: ¿representa el rescate de la izquierda?
Montealegre: tan naturalmente lejos de la justicia social
De los dos candidatos anti-pacto, el que menos necesita articular un discurso político claro y consistente es Eduardo Montealegre. No es una exageración decir que lo único que el banquero y ex-ministro de Alemán y de Bolaños tiene que hacer para funcionar efectivamente como candidato presidencial del sector social que representa, es acomodarse a los imperativos del capitalismo global y sus expresiones nacionales, coordinar su discurso y sus acciones con el Embajador estadounidense en nuestro país, y seguir desgraciando el Palo de Mayo y otras danzas nacionales en sus visitas de campaña a la Costa Caribe y al resto del territorio nacional.
Tratemos, entonces, de hacer explícito lo que oculta la sonrisa y el silencio de Montealegre. La visión política de este candidato liberal está determinada por los imperativos del capital. Esos imperativos –-que son contrarios a las exigencias de la ética cristiana-- promueven la adaptación de la organización política, social y económica de los países del mundo a las cada vez mayores exigencias del mercado. La ética cristiana, católica o protestante, nos obliga a adaptar las instituciones políticas y la economía, a las necesidades más urgentes de los hombres y mujeres de nuestra sociedad. Así lo señala con meridiana claridad el Nuevo Testamento y el Catecismo de la Iglesia Católica.
La filosofía de Montealegre --lo dice su conducta privada y sus actuaciones públicas-- es la del neoliberalismo. Esta filosofía establece que la racionalidad instrumental del capital debe ser la lógica que determina la distribución y uso de los recursos del Estado y de la sociedad. Desde esta perspectiva, la orientación de la política social, los objetivos de la política económica, y el marco legal que rige el funcionamiento de una sociedad, deben responder, fundamentalmente, a los requerimientos del mercado.
Montealegre no necesita decir lo que piensa y lo que cree porque la corriente ideológica neoliberal dentro de la que él nada cómodamente tiene la ventaja de lucir, para muchos, tan normal y natural como el aire que respiramos. El neoliberalismo es un sistema institucionalizado que ha logrado alcanzar un alto grado de legitimidad, gracias al poder ideológico de los organismos financieros internacionales, la gran mayoría de los medios de comunicación que lo presentan como natural e inevitable, y el ejército de académicos del Norte que consciente o inconscientemente contribuyen con esa ideología.
El neoliberalismo luce natural y ordenado porque dentro de este sistema, los pobres se mueren de hambre legalmente y el poder del capital se reproduce con normalidad, limpieza administrativa y legitimidad. Esto último explica que la visión del manejo del Estado de un banquero neoliberal como Montealegre sea incompatible con la corrupción descarada y carnavalesca practicada por un criminal encorbatado como Arnoldo Alemán. La dignidad normativa alcanzada por el neoliberalismo, además, facilita la venta de la imagen del candidato banquero aun a los pobres, quienes a veces no logran entender que la sonrisa y amabilidad de alguien como Montealegre han coexistido por toda una vida con su visión mercadocéntrica --y por tanto, injusta-- de la sociedad. Es de su visión del mundo, no de sus modales, de lo que nos debemos de ocupar... para preocuparnos.
Comentarios de nuestros lectores Antonio Carrasco
Pienso que el escritor del articulo deberia hablar más de las trampas del pacto que a analizar a los candidatos. La población esta apatica ante las elecciones y unicamente dos candidatos, (independientemente de su ideologia politica) se vislumbran: Herty Lewites y Eduardo Montealegre.
Es increible como los medios de comunicación todavia pierden el tiempo cubriendo noticias sobre actividades de Arnoldo Aleman y Daniel Ortega, dos figuras que si no fuese por el pacto ya hubiesen pasado a la historia.
Xiomara Muñoz
Deseo felicitar al Dr. Pérez Baltodano. Me orgullece que todavía existen profesionales en Nicaragua con ética y humanismo. Creo que estoy de acuerdo con otros comentarios que el Dr. Baltodano debería ser asesor de Herty Lewites; ese el tipo de persona que necesitamos en esta lucha que debe cambiar la historia de nuestra sufrida patria Nicaragua. Todo el humanismo que dice el Dr. Baltodano están escritos en la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Lo animo a que continúe compartiendo con nosostros sus comentarios.
|
Especiales
Yalí, “todo bajo lodo”
Peste aviar próxima pesadilla humana
Gripe aviaria en Colombia
Olor a dictadura y los escenarios de 2006
Un planeta enfermo y causas se ignoran
Costos de Tradeco “por las nubes”
¿Representa Herty el rescate de la izquierda?
Lluvias castigan carretera
Occidente: “A la buena de Dios”
Olor a dictaduras y trampas de 2006
Asesoría a inversionistas Demuele al Poder Judicial
Contraloría investigará sobreprecio
“Carreterazo” hace aguas
MTI sigue mintiendo
Gobierno sin presupuesto para concluir carretera
Preocupación en Embajada de México
|