Olor a dictadura y los escenarios de 2006
Andrés Pérez Baltodano, Doctor en Ciencias Políticas y catedrático en Canadá, es el autor del monumental ensayo sobre la historia de Nicaragua “Entre el Estado Conquistador y el Estado Nación”. Hoy, en documento enviado a END, nos advierte de la tragedia que se cierne sobre Nicaragua y de las opciones políticas que habrán de actuar en noviembre de 2006. Andrés Pérez Baltodano
3ra. Entrega y final
Más allá de las diferencias que han separado a los grupos que enarbolan el concepto izquierda como señal de identidad, la izquierda expresa una visión de la historia como un proceso que puede ser moldeado por la acción política reflexiva y así ampliar el horizonte de la justicia social. En Nicaragua, esta tarea implica la transformación de la cultura política nacional para evitar que el pragmatismo-resignado que nos domina siga reproduciendo nuestro tradicional sentido de irresponsabilidad frente a la historia.
Son irresponsables las clases altas que hoy asumen que la pobreza de la mayoría no es su problema, ya sea porque piensan que Dios es el responsable de las estructuras de privilegio y exclusión que operan en el país, o porque piensan que la pobreza es simplemente un estilo de vida que los miserables adoptan porque a nada más ambicionan. Son irresponsables porque, al menos, tendrían que darse cuenta que su futuro está irremediablemente ligado al futuro de los más desesperados del país. Tendrían que aprender de la historia y reconocer que esa desesperanza terminará, inevitablemente, arrastrándonos a todos.
También actúan irresponsablemente nuestros pobres cuando asumen que su condición social está determinada por Dios y la suerte. Terminar con el fatalismo y la resignación de los nicaragüenses es una condición necesaria para transformar las estructuras de poder y las prácticas sociales, que hoy nos mantienen firmemente colocados en el segundo lugar entre los países más empobrecidos de nuestro continente.
La izquierda nicaragüense es la única fuerza política capaz de iniciar la modernización de nuestra visión del mundo y de la historia. Necesitamos a la izquierda porque el pragmatismo resignado y el cristianismo mágico y fetichista que impera en nuestra sociedad son perversamente compatibles con el neoliberalismo. Para esta ideología, la idea de un Dios que lo decide todo es un disfraz conveniente para ocultar el funcionamiento de la “mano invisible” del mercado, que con su dedo índice señala quién come y quién no come, quién vive y quién muere en los países pobres del mundo de hoy.
Así pues, para cambiar el rumbo de nuestra historia, la fuerza de la izquierda nicaragüense debe enmarcarse dentro de una racionalidad humanista y cristiana que haga de nuestra condición humana, la variable independiente a la que deben ajustarse los papeles del mercado y del Estado. En este sentido, la visión histórica de la izquierda nicaragüense debe diferenciarse claramente de la visión neoliberal, que asume que la lógica del mercado es -y debe ser- el principal determinante de la organización y del destino de nuestras sociedades.
La promoción y defensa de nuestra soberanía, la construcción de ciudadanía y la transformación cultural de nuestra sociedad para desarrollar nuestra capacidad de hacer historia, constituyen una agenda de trabajo difícil para el movimiento que hoy encabeza Herty Lewites. Tarea imposible dirán algunos. Tarea necesaria decimos otros y otras que pensamos que debemos asumir el futuro con todos sus riesgos, pero también con todas sus posibilidades. Herty Lewites: un riesgo necesarioEn el horizonte político nicaragüense hay tres puertas: la del pacto; la del neoliberalismo que representa Montealegre, y la de un sandinismo democrático que por democrático y anti-pacto no abandone la defensa ineludible de los derechos y necesidades de los más pobres. Hoy, apoyar a Herty Lewites es abrir esta tercera puerta.
Lo que suceda después dependerá en mucho de los principios y de la capacidad de acción y reflexión de Lewites y su equipo. Dependerá, sobre todo, de la capacidad que mostremos los nicaragüenses que rechazamos el pacto, pero que también rechazamos la idea de que para terminar con el proyecto dictatorial de Ortega y Alemán hay que rendirle homenaje al embajador estadounidense y arrodillarse frente a la lógica del capital.
Los que rechazamos el pacto y cualquier forma de dictadura; los que rechazamos los vulgares abusos de la Embajada estadounidense y cualquier forma de intervención extranjera en la vida política de nuestro país; los que aceptamos que el mercado puede y debe jugar un importante papel económico siempre y cuando se enmarque dentro de condicionamientos éticos y legales que protejan el bien común; los que aceptamos que la globalización es buena o mala dependiendo de cómo logremos filtrar y orientar su fuerza; los que despreciamos el pragmatismo resignado de los que bailan la música del poder, tenemos que apoyar a Herty Lewites, no como un mal menor, sino como una posibilidad que debemos consolidar y ampliar.
Apoyar esta posibilidad es asumir la responsabilidad de hacer historia en un país acostumbrado a vivir su desarrollo político como un eterno juego de ruleta. Apoyar esta posibilidad es desechar, como principio de nuestra cultura política, la fe en Herty o en cualquier otra persona. Apoyar esta posibilidad es intentar construir un movimiento que nos trascienda a todos individualmente; un movimiento que trascienda a su propio líder; un movimiento con la fuerza para premiar o castigar la conducta de sus representantes; un movimiento que esté listo a condenar al mismo Herty Lewites si él, por pragmatismo, resignación u oportunismo, decide no tomar en serio la razón de ser del Sandinismo y el ejemplo de Sandino.
Apoyar la posibilidad que representa Herty es también combatir el pragmatismo-resignado que nos ha mantenido por siglos en la miseria. Porque tan pragmáticas y resignadas son las personas que asumen que hacer política es atemperarse a las circunstancias, como las que esperan que la realidad que desean se materialice frente a sus ojos sin correr los riesgos que implica participar en la regeneración de nuestra historia.
Nota: Las ideas contenidas en este trabajo se han nutrido de las conversaciones y discusiones reales e imaginarias que he sostenido a lo largo de años con muchas personas. Mencionarlas a todas es imposible, pero debo mencionar al menos a Mónica Baltodano, María López Vigil, Sofía Montenegro, José Luis Rocha, Henry Ruiz y Dora María Téllez.
Los escritos de Onofre Guevara, Luis Rocha y las lúcidas voces de William Grisby y Julio López, también han alimentado los argumentos aquí expuestos. Debo agradecer, muy especialmente, a Gioconda Belli, por compartir conmigo dos ideas que sirven de ejes de este trabajo: el neoliberalismo como el objeto central de la lucha de la izquierda en América Latina; y el humanismo, como una filosofía capaz de desnudar y desestabilizar la realidad del neoliberalismo. Mi agradecimiento a estas personas no las compromete con los puntos de vista aquí expresados.Nota de END: El trabajo “Olor a dictaduras y las trampas de 2006”, nos fue enviado en exclusiva por su autor, el Dr. Andrés Pérez Baltodano. No obstante, informamos a nuestros lectores que este mismo texto, ampliado, aparecerá en la revista ENVÍO de este mes de octubre, que estará circulando en estos días.
Comentarios de nuestros lectores Antonio Carrasco
Como lo comentó un compatriota, es fácil remediar las cosas siendo expectador. Es el problema de muchos nicaragüenses en el exterior, opinan sobre lo que está pasando en esta Nicaragua que alguna vez los vio nacer. Han logrado triunfar y eso es bueno y digno de imitarlo. No obstante, al momento en que se les solicita su apoyo y su acción acá en el país para ayudar a cambiar la mentalidad pesimista de su pueblo, ayudar a educarlo, mostrarle que hay mejores horizontes y de esa forma mejorar la situación economico-social de esta nuesta Nicaragua simplemente prefieren continuar de observadores.
Octavio Ramirez
Dr. me perece muy acertado su trabajo felicidades
Joaquinpinolero@mexico.com
Dejate ya de ensayitos, doctorcito.
El único hombre que pudo hacer cambiar la historia social, política, económica y patriótica, el Dr. Pedro joaquin Chamorro Cardenal, los que sabian que él era el único patriota que luchaba por las libertades públicas y la liberación de sus compatriotas, y lo hizo con la pluma y con el fusil.
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