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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 15 de Octubre de 2005 - Edición 9041
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Rubén Darío, primer Premio Nobel de Literatura


Desde que Alfredo Nobel, el famoso industrial y químico sueco, inventor de la dinamita, nacido en Estocolmo en 1833 y muerto en 1896, instituyó en su testamento cinco premios que se conceden anualmente a los benefactores de la humanidad en los campos de la Literatura, la Paz, Fisiología y Medicina, Física y Química y las Ciencias Económicas, los premios literarios no han sido justos ni precisos para valorar la obra de muchos autores de la literatura mundial. Dicho premio, que se concede desde 1901 en los primeros diez días de octubre, fecha del aniversario de la muerte de Nobel, con breves interrupciones en 1914, 1918 y 1940, ha proclamado a lo mejor del arte literario universal con buen tino; ha reconocido obras y autores de dudosa calidad con exagerado entusiasmo; y ha negado y marginado a clásicos de la literatura mundial con pobreza y falta de empatía.

El Premio Nobel, según los estudiosos y conocedores de estos menesteres, es considerado El Galardón del Siglo XX, porque recompensa y reconoce los méritos literarios de hombres extraordinarios que han dedicado su vida a la creación de obras monumentales para la humanidad. El primer autor premiado fue el francés René F. A. Sully Prudhomme, por su obra poética titulada La naturaleza de las cosas; entre los últimos, están John Maxwell Coetzee (2003), sudafricano, profesor de literatura, crítico, traductor y lingüista, autor de obras como En el corazón de la tierra, Vida y Época de Michael K, Infancia, Desgracia, Juventud, etc, y Elfriede Jelinek (2004) escritora austríaca, nacida en Mürzzuschlag, de padre judío-checo y madre de la clase acomodada vienesa, considerada rebelde, provocadora, por el flujo musical de voces y contravoces de sus novelas y obras teatrales, en las que muestra un extraordinario celo lingüístico, el absurdo de los clichés sociales y su poder subyugador, tales como en La profesora de piano, una de sus obras. Algunas veces, el premio ha sido dividido en dos o a lo sumo tres personas. Veinte años atrás, el premiado recibía aproximadamente 190.000 dólares. Actualmente, el galardonado, obtiene una recompensa monetaria aproximada a 1.3 millones de dólares.

Para la historia de estos premios, Jean Paul Sartre, famoso filósofo y escritor francés, nacido en París en 1905 y muerto en 1980, teórico del existencialismo, autor de novelas como La náusea y Los caminos de la libertad, resultó una gran excepción al rehusarse a recibir el premio en 1964. Así, a lo largo de cien años de Premio Nobel, muchos autores premiados, ni siquiera se conocen y no trascendieron de sus fronteras personales a pesar del premio. Menciono a Ivo Andric, Winston Churchill, Elías Cennetti, etc. Sin embargo, existen otros que no lo recibieron, pero quedaron consagrados para la posteridad, por la calidad de su obra y a la vez, por no haberlo recibido. Tal es el caso del argentino Jorge Luis Borges, uno de los latinoamericanos que mejor ha merecido dicho premio, pero no lo recibió, igual que el mexicano Juan Rulfo, considerado por muchos el verdadero iniciador y creador del Realismo Mágico en Latinoamérica con su novela Pedro Páramo.

Siempre se me ha preguntado por qué Rubén Darío, nuestra máxima gloria de las letras nicaragüenses y fundador del Modernismo, única escuela surgida en estos contornos, no recibió el Premio Nobel de Literatura ni en la vida ni en la muerte, tal vez por olvido, quizás por negligencia, acaso por premeditación y alevosía de la Academia Sueca. Sin embargo, la primera respuesta que se me ocurre decir es que el hijo de doña Rosa Sarmiento y don Manuel García no lo necesitaba, porque su obra literaria se valía sola y se ubicaba fuera de los cánones normales de la literatura mundial. Recordemos que el nacimiento del Modernismo en América marcó un hito en la historia de la literatura hispanoamericana, no sólo por ser el primer movimiento de tal magnitud, sino hasta ahora el último, un caso único e irrepetible, pues está muy claro que el Creacionismo del chileno Vicente Huidobro, surgido posteriormente, se desprende de la ideología estética y acrática de Rubén Darío: “Y la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco. Cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho en cinta”. Tal vez, otro elemento que habrá de tomarse en cuenta es que la grandeza de Rubén y su Modernismo marcó toda su plenitud a finales de siglo XIX, tal que, cuando surgieron los premios, su auge había concluido. Aunque entre el inicio de los premios y la muerte de Darío hay un margen de aproximadamente quince años.

Claro, aquí no se trata de que si lo necesitaba o no; tampoco si su grandeza fue en tal tiempo fuera del alcance de los premios o no. Lo que queremos apreciar es si su obra tenía la grandeza y la calidad suficiente para obtener un premio de tal magnitud a nivel internacional. A lo mejor, un siglo después, la Academia Sueca decide entregarle el premio a nuestro paisano inevitable y honrar con grandezas no a Rubén, sino a los premios de literatura. Hay que recordar que en 1931, el sueco Erick A. Kartfieldt recibió el premio póstumamente. De lo que sí debemos estar seguros es que nuestro poeta de los cisnes, seres mitológicos, ciudades lejanas y musicalidad verbal, es un poeta legítimo Premio Nobel, tal vez el primer Premio Nobel de Literatura más completo de todos los premiados y no premiados.

Ahora bien, en caso que la Academia Sueca no reconozca los valores literarios de nuestro líder, ¿quiénes estarían en la lista de espera de posibles Premio Nobel de Literatura nicaragüense? Bueno, pues me atrevo a señalar cinco nombres para los próximos diez años, tiempo en que Nicaragua ya deberá tener su primer Premio Nobel oficial. Quizás, sin que el orden nada tenga que ver con su importancia, mis premiados aún vivos serían: Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Sergio Ramírez Mercado, Lisandro Chávez Alfaro y Ricardo Pasos Marciaq. Entre ellos, está el primer Premio Nobel de Literatura de Nicaragua. En la lista pudieran agregarse otros nombres más, pero por ahora, mientras no se reconozca el trabajo de alguno de ellos, no puedo crearme falsas expectativas de la literatura nicaragüense. Cuando ese día llegue, la naturaleza literaria del país, hará una gran revolución poética. Entonces, Miguel Ángel Asturias, El señor presidente de Guatemala, ya no estará solo en Centroamérica con un premio de ese tipo en sus manos, grande, inalcanzable. Ya lo dijo el hijo de doña Rosa y don Manuel: soñar es mi mal.

pedroalfonso_13@yahoo.es




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