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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 15 de Octubre de 2005 - Edición 9041
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¡Miyazawa la partió!

Cantó en japonés, español e inglés. El rockero también aprovechó la ocasión para practicar la lengua cervantina: “Buenas noches. Estoy muy feliz de estar por primera vez en Nicaragua…”, dijo

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¡Miyazawa la partió! - Foto
Fotografía: Miguel Molina/END

Conciertazo, así podríamos resumir la presentación que hiciera el ídolo rockero japonés Kazufimi Miyazawa, junto a su banda Miyazawa Sick, el pasado 12 de octubre. Aunque muchos asistieron por curiosidad, la comunidad de jóvenes japoneses en Nicaragua ya sabía a lo que iba y se podía notar por las ansias en la fila de espera y sus atuendos de pantalones a rayas de colores y cintillos en la cabeza. Otros más conservadores cumplieron con los requisitos de formalidad del Teatro Nacional Rubén Darío.

Los telones del Teatro se abrieron a las 7:10 pm con Macolla en el escenario. Sensuales, tropicales y energéticos bailaron y cantaron sus éxitos de palo de mayo y no perdieron la oportunidad de cantar en japonés y de interpretar una salsa en conmemoración del 70 aniversario de las relaciones diplomáticas entre Japón y Centroamérica.

“70 años que han hecho historia y los celebramos con esta salsa que nos recuerda cómo la isla (Japón) dio la mano a Centroamérica”, expresó uno de los vocalistas de Macolla.

“70 años de amistad y cooperación, uniendo culturas”.

Música a litros

Cuatro micrófonos para vocalistas había en el escenario, detrás los músicos. Los tres cantantes de Macolla sudaban la música a litros. Sudaron una deliciosa versión a lo reggae jamaiquino de Shima-Uta, uno de los éxitos a nivel mundial de Miyazawa.

Los Macolla empezaron a despedirse anunciando un tema “símbolo de la unión” y entonces sin bombos, ni platillos, ni entradas estrepitosas con fuego y rayos de parlantes aparece Kazufumi Miyazawa. Ahí estaba él situado en ese cuarto micrófono que estuvo vacío desde que se abrió el telón. Ahí estaba con una camisa estampada de verde, turquesa y celeste, un pantalón negro con detalles blancos a los lados y unos peculiares zapatos negros de punta levantada. Ahí estaba, compartiendo voces castellanas con Macolla. Y luego de concluir la canción, vino el acontecimiento. La banda, los enfermos de Miyazawa o Miyazawa Sick que se tomaron el escenario con el divo nipón al centro. Y supimos que de verdad eran rockeros y de los buenos. Con razón los asiáticos presentes brillaban de orgullo al ver y escuchar a una de sus máximas estrellas de la música en acción.

No era una película, era rockeros, en su mayoría japoneses vestidos “tripeado” y con algunos diseños de instrumentos originales como la guitarra que sólo tenía el marco y las cuerdas. Todos se movían robóticos y no sólo rockearon, también rapearon y salsearon.

Estilo Miyazawa

Miyazawa es un artista que incorpora a su música diferentes estilos. Sorprendió en uno de sus temas cuando agarró un pergamino que parecía leer y cantó con la forma, la modulación vocal que tienen los hindúes de rezar en voz alta, incluso los mismos católicos cuando rezan-cantan en latín. Algunos asistentes lo interpretaron como “conjuro” o “hechizo”. Cantó en japonés, español e inglés. El divo también aprovechó la ocasión para practicar la lengua cervantina: “Buenas noches, yo soy Miyazawa. Estoy muy feliz de estar por primera vez en Nicaragua. Espero que disfruten nuestra música hasta el final”.

“Canto esta canción por un mundo en paz, sin guerras” y sonó Shima-Uta. La gente se levantó a ovacionarlo. También demostró su dominio sobre los instrumentos. Durante la noche tocó guitarra acústica y eléctrica. Castañuelas, una especie de pito y un instrumento típico de Japón.

Cuando parecía haber concluido el concierto y el negro humeaba el escenario, el público no se movió un solo segundo de sus asientos. Gritaban: “otra, otra, otra”. Y Miyazawa regresó con una camisa diferente, su banda y Macolla. El ídolo agarró una pandereta y se despidió cantando, no sin antes decir: “Muchas gracias por haber venido. Me gustaría volver nuevamente y espero que la amistad siga creciendo. Espero volver a verlos”.

De la música, de las voces, de los aplausos que han quedado grabados en las paredes de la Sala Mayor del Teatro, los de esa noche serán recordados en especial.




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