27 de octubre de 2005 10:10 Mario Vargas Llosa, escritor peruano "Sin el periodismo, no hubiera escrito por lo menos la mitad de mis novelas"
"Sin el periodismo, no hubiera escrito por lo menos la mitad de mis novelas", declaró a la AFP el escritor peruano Mario Vargas Llosa, que se encuentra en París en ocasión de la publicación en francés de su libro "Diccionario amoroso de América Latina", y que prepara ya la edición de su próxima novela, "Travesuras de la niña mala". María Carmona / AFP
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| EFE / END. El escritor peruano Mario Vargas Llosa habla después de recibir la medalla del Doctorado Honoris Causa de la Universidad Humboldt en Berlin, el pasado13 de octubre. |
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"Dictionnaire amoureux de l'Amérique Latine" (Editorial Plon) es una recopilación de artículos escritos por Vargas Llosa a lo largo de 50 años. Sin equivalente en español, puesto que, aunque muchos de los textos han sido publicados en su lengua original en periódicos o compilaciones de ensayos, no lo han sido en su conjunto, ni organizados como este libro, en relación a un tema central, América Latina.
En entrevista exclusiva con la AFP, Mario Vargas Llosa habló del porqué de esta publicación, de su tarea de escritor y de su actitud frente a la política.
¿Por qué publicar ahora, junto a los actuales, textos de hace casi 50 años, algunos de los cuales no reflejan sus opiniones de hoy?
Se trata de una visión de América Latina no fija, sino en movimiento. Una América Latina que ha ido evolucionando a lo largo de 50 años, como yo también he evolucionado. Con este libro he querido mostrarme en perspectiva. No he corregido opiniones que ya no tengo. He dejado que aparezcan en el libro todas esas contradicciones, porque creo que es así un testimonio mucho más auténtico que si hubiera procurado homologar todos mis puntos de vista con los que son ahora. Por eso he puesto las fechas de los textos y entonces el lector puede seguir, al mismo tiempo que la evolución de América Latina, mi propia evolución.
El libro incluye, por ejemplo, un artículo sobre el viaje que hice a Paraguay en los años 60 con Augusto Roa Bastos, que regresaba a su país después de muchos años de exilio. Es un Paraguay que hoy ha desaparecido. Pero entonces, para mí, fue muy emocionante ver ese encuentro de Roa con su tierra, con su gente, con su paisaje, con su lengua.
En el libro se muestra la evolución de Vargas Llosa que ha cambiado de pensamiento político. ¿Cómo se refleja esa evolución respecto a la literatura?
En literatura, mi pensamiento ha cambiado en algunas cosas. Antes yo tenía una posición mucho más optimista respecto al compromiso literario, es decir, a la función social de la literatura. En los años 60, e incluso antes, a fines de los 50, muchos creíamos, siguiendo un poco el pensamiento de Sartre, que la literatura, además de cumplir una función artística, estética, podía cumplir una función cívica, social, moral.
Y luego ese entusiasmo fue decayendo considerablemente, y la idea de la literatura que tengo hoy no es exactamente la misma, no porque crea que la literatura es gratuita. Creo que la literatura tiene una gran influencia sobre la vida, pero no creo que sea una influencia que uno pueda planificar, como se llegó a creer en los años 50 y 60. Creo que la literatura opera de una manera más permanente que sobre el campo puramente político, que las influencias que deja son más indirectas, más a largo plazo, y que influye siempre de manera individual, a través de lectores individuales.
Creo que la literatura no puede ser utilizada como un elemento político de efecto inmediato. En esto, tengo ahora una opinión distinta y mucho más abierta que en los años 50, cuando nos parecía que hacer una literatura puramente de imaginación, de fantasía era algo inmoral. Hoy día no creo ese disparate, ni muchísimo menos.
¿Y sus cambios de pensamiento político han influido en sus propias novelas?
Es un tipo de análisis que puede hacer mejor el lector o el crítico que yo mismo. Uno está demasiado envuelto en lo que hace para tener esa distancia de análisis. Pero yo creo que hay algo que es permanente en mi obra, aunque yo he cambiado mucho en mi manera de pensar: creo que mi actitud ha sido siempre muy crítica respecto a la realidad presente, en mi país, en América Latina, en el mundo en que vivimos. Creo que mi literatura es un testimonio crítico de la realidad y creo que en eso hay una continuidad en mis novelas.
Usted dijo alguna vez que en una novela un escritor desnuda siempre algo de sí mismo ¿Sigue pensando que su vida se refleja en sus novelas?
Sí. La gran mayoría, y acaso la totalidad de los escritores utilizan siempre experiencias vividas como materia prima para lo que escriben. Creo que la imaginación trabaja con ciertas imágenes que están preservadas en la memoria, no creo que la imaginación trabaje en el vacío y que sea puramente invención. En una novela, al principio hay esas experiencias desnudas que la memoria ha conservado y que luego se van vistiendo con la imaginación, enriqueciendo con añadidos de la fantasía. Pero en el fondo de toda novela hay siempre, desnuda, una experiencia personal.
En "El hablador" usted mostraba un personaje que, queriendo transmitir la tradición de los indios, termina hablando de la suya propia, de Kafka o de la Biblia. ¿El escritor es necesariamente un vehículo de su propia tradición cultural?
Hay una doble función. Por un lado es imposible que un escritor se libere de su tradición, de su medio, de su circunstancia histórica. Y por otro hay la influencia estrictamente personal de lo que aporta el propio escritor, de su imaginación, de su fantasía, de su talento en el manejo de la lengua o en la creación de formas. Pero ambas cosas van unidas. Un escritor no es solamente un vocero de una tradición, el factor personal es esencial, pero al mismo tiempo en torno al escritor a todo un mundo, una tradición, de la que no puede separarse.
¿Cuál será su próxima novela?
Acabo de terminar una que se llama "Travesuras de la niña mala". Es una novela de amor, que se prolonga en el tiempo, que ocurre a lo largo de muchos años en distintas ciudades donde yo he vivido, y en las épocas en que yo he vivido. Esto es lo único autobiográfico de la novela. Ocurre en el Perú en los años 50, en París en los 60, en Londres en los 70 y termina en España en los años 80.
Usted trabajó como periodista en distintos periodos de su vida, pero ahora sigue haciendo reportajes ¿Por qué esa opción de seguir haciendo periodismo cuando se es un escritor consagrado?
Es verdad, yo hice siempre periodismo, desde el colegio. Y desde entonces no he dejado de hacerlo, porque mi idea del escritor no es la de una persona encerrada en un estudio y rodeada solo de libros y de fantasmas. El escritor que yo quiero ser necesita tener un pie en la calle, en la historia que se va haciendo, en el mundo que va viviendo el resto de la gente. Para mí el periodismo es eso: un puente entre mi trabajo de escritor y la vida que se va haciendo.
El periodismo ha sido siempre para mí una fuente riquísima de experiencias sin las cuales yo no hubiera escrito por lo menos la mitad de las novelas que he escrito.
¿Qué escritores de las jóvenes generaciones latinoamericanas conoce y aprecia?
Hay un panorama muy grande de jóvenes escritores en Perú y en Latinoamérica. Pero yo no sigo la actualidad, mis lecturas están condicionadas en gran medida por mi trabajo. Leo mucho clásicos y leo más muertos que vivos, no porque tenga prejuicios con los vivos, sino porque tal vez con el tiempo mi placer es releer. Lo que sí sé es que la actividad literaria de América Latina es intensa. Probablemente nunca ha habido tantos escritores, ni tantas escritoras, y éste es un fenómeno muy interesante.
Puedo citar, por ejemplo, entre los jóvenes escritores peruanos, a Alonso Cueto o Giovanna Pollarolo, los dos me parecen muy interesantes. Pero hay muchos.
¿Y de los escritores de de su generación?
Un escritor que valoro cada vez más es Juan Carlos Onetti, creo que es uno de los más grandes. Y, aunque es conocido, no creo que se le haya reconocido toda su grandeza. Es el primero que rompe con una literatura latinoamericana muy costumbrista, localista, y empieza a hacer una novela muy creativa. El publica "Los adioses" en el año 39, cuando todavía en América Latina había una literatura marcada por el regionalismo, cuando no por el folclore. Y escribe un libro absolutamente moderno de gran renovación formal. Es un escritor de una inmensa originalidad y de una enorme riqueza verbal. Creo que es uno de los grandes prosistas de nuestra lengua. Lo releo a menudo y me gustaría escribir un ensayo sobre su obra.
¿Después de su experiencia de candidatura presidencial en Perú, cuál es su actitud política hoy?
Yo hice política directa tres años, entre 1987 y 1990. Es la única vez que he sido un político profesional, si se puede decir así. Fue por circunstancias excepcionales, por una situación muy especial que vivía el Perú, en un contexto de terrorismo, de guerra revolucionaria. Eran los años de Sendero Luminoso, en los que parecía que el sistema democrático, que se tambaleaba, podía desplomarse.
En esas condiciones, fue más por razones morales que políticas. La verdad es que nunca tuve gusto por la política profesional, aunque siempre he participado en el debate cívico.
Esos tres años de política profesional fueron una experiencia no grata, porque estuvo rodeada de mucha violencia. Pero al mismo tiempo fue muy instructiva. Creo que no hay nada como una campaña electoral para conocer un país, para conocer lo que es la política, lo peor de la política, y también para conocerse a sí mismo.
¿Y hoy, cual es su apreciación de la situación en Perú?
Dentro del contexto latinoamericano no se puede decir que el Perú vaya muy mal. Es un país que tiene un gobierno democrático, la situación económica es bastante buena, va a haber un proceso electoral que ya comenzó y que va a desembocar en elecciones, que esperemos sean transparentes. Es verdad que los grandes problemas no se han resuelto, las grandes desigualdades, la falta de una integración, el hecho de que haya sectores muy marginados que no tienen oportunidades. Solucionar todo esto requeriría reformas muy profundas. Eso no se ha resulto, está allí y es una fuente de enormes injusticias. Pero si uno ve el panorama en otros países de América Latina, no se puede decir que el Perú esté peor.
¿En esa perspectiva no está tentado por otra experiencia de participación en la política directa?
No. Yo no volveré nunca más a la política directa. Siempre dije que mi candidatura fue una experiencia absolutamente temporal, y que ganara o perdiera las elecciones esa sería mi única participación en política. Yo soy un escritor, no un político. Aunque sí seguiré participando en los debates, lo que creo que forma parte de la responsabilidad de un escritor.
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