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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 06 de Noviembre de 2005 - Edición 9063
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El valor estudiante


IDEUCA

He seguido complacido la rica y sugerente veta que el diario “La Prensa” ha abierto a los valores humanos, sociales y éticos cuya síntesis se expresa en el editorial “El valor de los valores” del lunes 24 de octubre.

Interpreto que ese esfuerzo constructor de valores orientado más específicamente a las familias tiene también como destinatario directo a los estudiantes, por lo que he decidido escribir este artículo referido a los valores, pero centrado en el estudiante como valor y constructor de valores. No se trata sólo de un juego de relaciones, se trata de algo que considero muy importante: analizar al propio estudiante como valor y constructor de valores.

Ser estudiante construye un importante valor, en todo el sentido del término, para el país, puesto que cerca de dos millones de nicaragüenses recorren en proceso de formación la etapa de la vida personal, social y del propio país, en la que como estudiantes encarnan, activan, procesan y construyen los valores humanos, sociales, éticos y morales que conforman en forma permanente la plataforma axiológica nacional.

En gran medida la educación recrea y transmite de generación a generación el bagaje cultural y el cúmulo de valores que van definiendo la personalidad e identidad de un pueblo.

La educación existe en tanto los seres humanos transmiten y recrean esos valores, es decir, es el estudiante el puente que une, sostiene y recrea el pasado, presente y futuro de los valores en el país, es el punto de encuentro donde confluye el pasado y se construye el futuro de los valores, es el verdadero sujeto que construye en sí mismo los valores. De ahí que podamos catalogar al estudiante como sujeto constructor de valores, en tanto los valores en la práctica los construye él y se construyen en él. Esto nos indica que los estudiantes (más de la tercera parte de la población) son a la vez el objeto y sujeto de los valores que conforman la plataforma humana y ética de la nación.

Los estudiantes de todos los niveles y modalidades de nuestra educación juegan un papel clave en la construcción y transmisión de los valores, constituyen en realidad la corriente permanente de los valores en el país, por ellos pasa esa corriente y desde ellos continúa la corriente.

De ahí la importancia de la educación y del estudiante en la construcción de los valores, de ahí el estudiante como valor. El estudiante es muy importante para el país, puesto que en él se garantiza el relevo permanente para la construcción y transmisión de los valores, siendo el portador de valores.

En este punto se abren dos importantes compuertas para recoger y proyectar los valores: la educación concentrada sistemáticamente en lo escolar, se abre a través del amplio espacio de la educación informal en la que los medios escritos, radiales y televisivos, etc. penetran profundamente en la entraña misma de los valores pudiendo proyectarlos con una fuerza efectiva extraordinaria. Por otra parte, el estudiante, visto naturalmente como actor de la educación escolar, pasa a ser actor de sus valores en la escuela y fuera de la escuela. En este sentido es la propia población, en la que está también presente el estudiante escolar, la verdadera transmisora y generadora de valores.

Todos somos estudiantes permanentes de la gran asignatura de los valores. En ella cabemos todos, aunque es la familia la que ocupa un lugar clave para el aprendizaje activo de los valores al constituirse en la primera, indispensable y permanente escuela de los valores.

En este aprendizaje familia y escuela; familia, escuela y medios sociales de comunicación deben encontrarse para hacer una inversión común en valores. De esta manera los valores dan sentido profundo al quehacer de la familia, de la escuela y de los medios de comunicación.

En este amplio engranaje la escuela se mueve con fuerza, sentido, penetración propia, y lo hace a lo largo de tres, seis, doce, quince, veinte... años y a lo largo de un proceso sistemático de formación de la persona y de la personalidad del educando siendo el mismo actor de esa formación.

La formación de la persona y de su personalidad está indisoluble y activamente vinculada a principios y valores como el bien, la vida, la dignidad, el amor, la igualdad, la libertad, la responsabilidad, la equidad, la productividad, la solidaridad, etc. No es posible una auténtica persona sin valores ni una verdadera personalidad al margen de principios y valores humanos, sociales y éticos. El problema está en la concepción del origen, naturaleza y ámbito de esos valores. Sí estamos convencidos que los valores que definen a una auténtica persona son los valores positivos que fortalecen y hacen viable la dignidad, derechos y responsabilidades del ser humano como persona, ciudadano y transcendente.

En este amplio engranaje del quehacer de la educación la formación del estudiante debe ir encaminada a hacer de él un valor que da valor a los valores como constructor y transmisor de los mismos.




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