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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 15 de Noviembre de 2005 - Edición 9072
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Un barril de pólvora


El primer indicio de rebelión juvenil en Francia pudo haber sido detectado un año atrás, curiosamente durante un partido de fútbol. En esa ocasión, para celebrar la frágil “reconciliación” entre Francia y Argelia se jugaba un amistoso con las dos selecciones nacionales de los países en cuestión en el Stade de France, ubicado paradójicamente en Saint-Denis, el actual escenario de los disturbios. El presidente francés, Jacques Chirac, estuvo a punto de abandonar el estadio escandalizado porque miles de jóvenes de origen árabe abuchearon el himno nacional, “La Marseillaise”, y luego invadieron el campo de juego sin causar mayores estragos. A todos ellos les importó un bledo que el franco-argelino llevara puesta la camiseta francesa y demostraron que la “reconciliación” es hoy como antes imposible.

En efecto, mientras Francia se niegue a reconocer su culpabilidad histórica en la guerra que culminó con la independencia de Argelia es poco probable que los árabes nacidos en Francia acepten la integración. Cabe recordar que Argelia, con un tamaño territorial muy superior al de Francia, había sido declarado departamento francés. Sin embargo, el carácter nacional de la lucha de liberación de los argelinos reafirmaba su laicidad, y es a causa de la insistencia de los franceses en dividir la revolución argelina y destruir sus cimientos sociales que las condiciones de un surgimiento fundamentalista islámico fueron propicias. En la actualidad, los jóvenes argelinos nacidos en Francia se encuentran confinados en ghettos de concreto a la salida de las grandes ciudades donde no existe la menor posibilidad de desarrollo, sin pasatiempos ni alternativas culturales, con un sistema educacional en bancarrota y en busca de una identidad que solo puede suplir el Islam.

Las últimas medidas del gobierno francés para detener la violencia callejera han sido represivas y no han hecho más que deteriorar la pésima imagen del típico ministro del Interior Nicolas Sarkozy. Como todo presidente reaccionario, Chirac en ningún momento se ha propuesto enfocar el fondo social de los disturbios y responde con más policías alimentando la ira de los jóvenes alzados. La posición del gobierno francés es un claro retroceso a las prácticas que datan de principios del siglo XX hasta Mayo 68 con su revuelta de estudiantes. Se trata de una zancadilla a los tiempos modernos que a fin de cuentas encuentran en los jóvenes enardecidos su mejor expresión. En efecto, aprovechando la tecnología, éstos han mejorado su accionar ofensivo en las calles gracias al uso de los celulares y de Internet.

Es evidente que el mal llamado “occidente cristiano” se encuentra en decadencia, víctima de sus propias recetas económicas y de su globalización forzada que puso fin a los programas sociales que garantizaban la participación ciudadana de los jóvenes de los suburbios.

Hoy por hoy, la fachada de la democracia disimula mal sus grietas y la Ley del 15 de marzo de 2004, que prohíbe en las escuelas públicas todo signo o indumentaria que manifieste de forma ostensible cualquier pertenencia religiosa, afecta principalmente a las jóvenes argelinas de confesión musulmana y entra en contradicción con el derecho individual de usar el velo.

Sobre todo, la mecha de este barril de pólvora está encendida y la explosión es inminente. En España, y probablemente en Francia también, se prevé una mayoría de población musulmana dentro de unos cuarenta años. En ese entonces, veremos a un partido islámico ganar las elecciones en un país europeo y las autoridades tendrán que asumir ese reto. Recordemos que hace pocos años Argelia anuló las elecciones presidenciales ante la victoria del FIS. Resistir las tentaciones de un retorno a la intervención militar será una hazaña.




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