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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Jueves 17 de Noviembre de 2005 - Edición 9073
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El silencioso seguro de los controladores aéreos

Coordenadas que garantizan adioses y bienvenidas

* 20 computadoras vigiladas por ojos atentos, permiten volar por nuestro cielo
* 100 despegues y aterrizajes diarios y los dramas cuando se activan señales de emergencia
* Una profesión tan estresante, que al terminar turno es común escuchar la frase: “¡Uf, terminé, por fin me voy!”

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Coordenadas que garantizan adioses y bienvenidas - Foto
Moisés López / END. Sala de Controles del Aeropuerto.

Son las nueve y treinta de la mañana. Hace dos horas inició el primer turno en la Sala de Controles del Aeropuerto Internacional de Managua, donde 20 computadoras vigilan el espacio aéreo nacional. Dos personas sentadas frente a grandes pantallas de computadoras dirigen el recorrido de una avioneta que vuela hacia el Caribe del país.

No pueden verla, es sólo un punto verde que se mueve lentamente en el monitor, gracias a las señales transmitidas por radar. Desde sus posiciones, ellos le dan las coordenadas que le permiten mantener la dirección y altitud, “para que no pegue contra ningún cerro”.

La única forma de acceder a la sala es a través de dos puertas de metal con letreros: “Sólo personal autorizado”. Los dos son los controladores aéreos del turno de la mañana y dirigen los aviones que llegan o salen de la terminal aérea del aeropuerto.

Uno de ellos es Humberto Molina, jefe de turno, quien cada tres horas releva a uno de los hombres para que tome un descanso de media hora. “Este trabajo es estresante, tiene mucha carga porque trabajamos con vidas humanas, y un error, por pequeño que sea, puede tener graves consecuencias y hasta terminar en una catástrofe”, dice.

Molina lleva una camisa blanca de mangas largas, pantalón y corbata azules. Sólo le faltaría el quepis para parecer un piloto de avión. Pero en realidad los pilotos no son sus personajes favoritos. “Muchos son necios, y a veces hasta nos peleamos con ellos porque todos desean aterrizar de primero”.

Cuando tenía 22 años, Molina leyó un anuncio que Aeronáutica Civil publicó en un periódico, que informaba sobre el inicio de cursos para preparar controladores aéreos. El curso duraba siete meses, y los únicos requisitos eran ser bachiller y tener conocimientos básicos de inglés.

“En ese tiempo nos daban toda la teoría, y las prácticas eran simuladas. Nos llevaban a un cuarto y cada uno tomaba sus posiciones: uno era la nave, el otro la torre de control y otros dirigían el vuelo”.

Molina dice que antes los estudiantes tenían que memorizar todos los detalles del espacio aéreo, las coordenadas y posiciones geográficas, la situación meteorológica, para dar las indicaciones a los pilotos. Ahora los adelantos tecnológicos han suministrado radares, computadoras y radiocomunicadores, que permiten mantener la información actualizada y una comunicación constante entre los controladores y las naves.

Controlando 37 mil vuelos
En el aeropuerto de Managua hay 33 controladores aéreos que trabajan en tres turnos las 24 horas del día. Ellos dirigen los casi 100 despegues y aterrizajes que se registran diariamente en el aeropuerto (un promedio de 37 mil al año). Son los vigías del aire, que manejan una telaraña de información que cubre geográficamente todo el país.

Foto
Moisés Lopez / END. Miriam Canales.

Más de mil personas entran y salen de la terminal aérea de Managua todos los días. Un ir y venir que se confunde con abrazos y llantos de adiós o bienvenida. A las siete de la mañana llega el primer vuelo de pasajeros a la terminal. Es de Copa, procedente de Panamá. El último vuelo del día llega a las 9 de la noche: un vuelo de Continental procedente de Houston.

El aeropuerto queda casi vacío a la media noche. No hay pasajeros ni despedidas en las salas de espera. Las tiendas de recuerdos y revistas han cerrado y el carrusel de maletas está apagado. Durante la madrugada, los controladores esperan la llegada de los aviones de carga, que traen mercancías o correspondencia.

“Los controladores brindan seguridad a las aeronaves para evitar al mínimo las demoras y facilitar la mayor cantidad de operaciones”, dice Jorge Saballos, jefe de Control del Aeropuerto.

Pero a pesar de las medidas de seguridad, siempre ocurren contratiempos. Saballos dice que este año se han registrado cuatro emergencias “no muy graves” en el aeropuerto, como la pinchadura de una llanta durante el despegue o desperfectos en el tren de aterrizaje.

Los controladores dividen las emergencias en tres categorías, según el grado de gravedad. La categoría uno se declara cuando la aeronave reporta problemas menores como dificultad para aterrizar. En ese momento, los controladores activan la alarma y los bomberos asentados en el aeropuerto están listos para atender cualquier emergencia.

La categoría dos se declara cuando hay problemas como la ponchadura de las llantas o fallas en el tren de aterrizaje. En este caso los servicios de rescate y los bomberos se trasladan hasta la pista de aterrizaje, para sofocar cualquier incendio o socorrer a los pasajeros.

Abróchense los cinturones
Este tipo de alertas se activó el 16 de agosto, cuando un avión venezolano procedente de Caracas, con 220 pasajeros, tuvo problemas en el tren de aterrizaje y no pudo hacer su escala en el aeropuerto de Managua.

La nave sobrevoló por varios minutos la capital, pero al no poder realizar el aterrizaje, el piloto venezolano decidió dirigirse hacia el aeropuerto de El Salvador, porque la pista de aterrizaje de ese país presenta mejores condiciones para enfrentar este tipo de emergencias, según afirmaron en ese momento fuentes aeronáuticas.

Pero en los casos de accidentes por explosiones o caída de los aviones, los controladores decretan la categoría tres. En ese momento los bomberos deben trasladarse en un tiempo no mayor a tres minutos hasta el lugar del accidente, y los hospitales cercanos al aeropuerto deben tener camas listas para atender a los heridos.

Este tipo de alarma se decretó en 1992, cuando un avión de la línea aérea hondureña SASA se salió de la pista al aterrizar, o cuando chocaron dos helicópteros del Ejército Nacional mientras hacían maniobras de demostración, el 30 de julio de 1999.

Ese día Saballos estaba de turno en la torre de controles del aeropuerto y fue él quien activó la alerta para atender el accidente, que dejó cuatro muertos.

“Vi que los helicópteros volaban casi paralelos. Luego uno se adelantó y rozó las aspas del otro. Las aspas se cruzaron y torcieron los motores. Uno de los helicópteros pudo aterrizar, el piloto del otro trató de estabilizarlo y se elevó un poco, pero el motor se rompió y la nave se vino abajo.

“Cuando miré no estaba seguro de lo que había ocurrido. Al principio, cuando se juntaron, pensé que era parte del espectáculo, pero una vez que vi los movimientos extraños avisé a todos los controladores para activar las alarmas.

“Es triste ver esas cosas. Uno sólo piensa salir del turno y que todo haya estado normal, pero cuando esto pasa no se deja de sentir algo de culpabilidad. La presión es grande, pero uno tiene que hacer lo que debe, no quedarse congelado, tiene que actuar de inmediato”, concluye Saballos.

La vigía de la torre de controles
La torre de controles del Aeropuerto de Managua es una estructura de cuatro pisos, de cemento y vidrio. Cuando uno accede a ella parece que entra a un cohete espacial: los controladores tienen una clave que marcan en la entrada del edificio para que se abran las puertas de acceso. Es necesario subir a un ascensor para llegar a los primeros tres pisos y luego tomar unas escaleras estrechas, donde sólo puede subir una persona a la vez.

La torre de controles es el campo de operaciones de Miriam Canales, una de las tres controladoras que trabajan en el aeropuerto. Su función es vigilar las pistas para coordinar el despegue o aterrizaje de las naves.

Canales tiene 27 años, y desde hace siete trabaja como controladora. Comenzó en el aeropuerto de Corn Island y luego la trasladaron a Managua. Viste uniforme azul con camisa blanca, parecido al que usan las aeromozas, y sus instrumentos de trabajo son unos audífonos con micrófono para comunicarse con las naves, y unos binoculares para ver de cerca los aviones que despegan o aterrizan.

“Es una compañera más que tiene que ajustarse a las reglas del trabajo y tener una buena comunicación con todos”, dice Humberto Molina, mientras ve el ir y venir de Canales, quien se comunica con el piloto de avión de TACA, que pide permiso para despegar.

“Este trabajo es estresante”, dice Canales, una vez que parte el avión. “Hasta en vacaciones se piensa en trabajo. Uno está inmerso en sus posiciones, siempre pendientes de cualquier imprevisto.

“Es un grado grande de responsabilidad porque no sabemos qué puede pasar, y muchas veces tenemos hasta que improvisar para garantizar la seguridad de los pasajeros. No tenemos un día libre definido y no se puede planear un fin de semana con la familia.

“Lo bueno de este trabajo es que te abre otras puertas, hasta a nivel internacional, y eso es bueno porque tengo otras metas como formar una familia o estudiar Economía o Idiomas”.

La pista del aeropuerto está despejada. Canales se quita sus audífonos y deja los binoculares a un lado. Es su oportunidad de tomar un descanso y hacerse una taza de café. Humberto Molina debe regresar al cuarto de controles, porque es la hora de descanso de uno de los controladores.

Ya pasaron las once de la mañana y el aeropuerto está lleno, casi sin espacio para el parqueo en la pista de aterrizaje. Antes de despedirse Molina lanza esta frase: “Cuando uno sale del turno respira profundo y dice aliviado: ‘¡Uf, terminé, por fin me voy!’”

Requisitos para ser un controlador
Tener 21 años.

Hablar inglés en un nivel 5.

Estar en buenas condiciones físicas.

No padecer de enfermedades crónicas ni síquicas como problemas del corazón, diabetes, colesterol.

Tener buena vista (o si usa lentes, se permite un margen de tolerancia de 0.7).











Comentarios de nuestros lectores

Luis Morales
Quiero felicitarlos por el trabajo excelente que desempeñan ya que es de tiempo completo y de entrega. Ojalá no tengan problemas que traigan consecuencias mayores, lo mejor es abocarse al señor.

Ana Zamora
Muchas felicidades a los controladores de aviones, ¿dónde puedo obtener este curso? ya que hablo inglés, alemán y por supuesto español

Cesar Ramirez Argeñal
Siempre he pensado que el trabajo en áreas internacionales es interesante y adictivo, por lo que felicito a los controladores aéreos por su labor.

Y quisiera saber dónde se puede tomar el curso de controlador



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