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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 26 de Noviembre de 2005
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nov 26, 2005

Necesidad de enseñanza bibliotecológica en Nicaragua


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Ángeles. Técnica mixta sobre lienzo de Anorkis Turro.

Noviembre 2005
I.- Introducción
Nicaragua es un país bello y rico. Rico en costumbres, en idiomas. Rico en poetas y en escritores. Rico en información. Y la información es poder y el poder es ciencia. Poder hacer cosas. Poder transformar objetos. Poder tomar decisiones acertadas. Poder vivir con calidad de vida. Todo ello si se cuenta con la información apropiada y, obviamente, si se sabe aprovechar.

Cuando en 1985 se hablaba de alud informativo y se explicaba cómo había aumentado la producción de información, todavía no se vislumbraba el impacto de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) en la organización conservación y transferencia de información en Nicaragua. En 1992 ya el impacto de la computadora en las bibliotecas se estaba empezando a sentir. Si en aquel entonces, el papel del bibliotecario era necesario para intermediar entre las necesidades de los usuarios y el cada vez mayor número de publicaciones, hoy en día es todavía más urgente.

El problema ahora no es el acceso, aunque éste siga siendo un obstáculo3. La acumulación de materiales bibliográficos en la biblioteca organizados y dispuestos para ser usados seguirá siendo la respuesta para muchos. En la actualidad, el avance de las TIC hace que en menos de 5 minutos se pueda obtener una lista impresionantemente extensa de miles de sitios y millones de páginas ante cualquier pregunta que se realice en Internet. Y el acceso a Internet sólo tiene un costo de C$10.00 la hora en tarifa comercial. Obviamente es más barato si se paga un servicio de acceso vía cable de TV, con tiempo ilimitado de navegación /uso.

Esto significa que el acceso a la información en Nicaragua se enfrenta a un nuevo desafío. O quizás simplemente al mismo desafío, pero en proporciones que nadie sospechaba años atrás y que tampoco ha logrado cuantificarse. Internet es, en términos comparativos, una gran biblioteca. Pero ésta no sólo está conformada por información. Como institución se interrelacionan en ella, el personal y su capacidad para intermediar entre el contenido de la documentación / información que atesora y las necesidades de diversos usuarios, motivo de su existencia.

Ésta sería la razón para que la universidad en Nicaragua, consciente de su papel de aportar soluciones a los problemas que obstaculizan el desarrollo del país, asuma el reto de ofertar alguna modalidad de enseñanza bibliotecológica formal y sistemática. El propósito ulterior es facilitar la utilización al máximo de la información de la que dispone el país para su desarrollo cultural, social, técnico, político y económico.

II.- Antecedentes de la enseñanza bibliotecológica en Nicaragua
2.1.- La educación formal en Bibliotecología
A pesar de la existencia de bibliotecas de diversa índole en el país desde el siglo XVII, con la fundación del Colegio San Ramón en 1695 y luego, más de un siglo después, devenida en la Universidad de Nicaragua (1816), en el país no existió por muchos años una enseñanza formal de las técnicas bibliotecarias que le dieran sustento al quehacer bibliotecario nacional.

Cursos de diversa naturaleza en tiempo de duración, método de enseñanza, etc. fueron los sustitutos de una enseñanza formal de la profesión hasta que “en 1974, la Universidad Centroamericana ofreció por primera vez la Carrera de Bibliotecología, por medio de un programa promovido por los bibliotecarios don Walterio López Adaros y don René Rodríguez, el cual fue financiado por el Banco Central. En 1978, concluyeron sus estudios en el nivel de licenciatura los primeros 20 bibliotecólogos graduados en el país”.

Posteriormente, con el triunfo de la revolución en 1979, la educación sufrió una serie de transformaciones, mismas que le dieron la oportunidad a la Bibliotecología de contar con una escuela permanente. Después de la Cruzada Nacional de Alfabetización, misión educativa de máxima prioridad en el país, la reorganización de la educación en todos sus niveles no se hizo esperar, tanto para dar la respuesta a las demandas normales de un país, como para dar cabida a las nuevas demandas y necesidades previstas fruto del esfuerzo alfabetizador. Es así que tanto el Ministerio de Educación (actual MECD) como el Ministerio de Cultura (actual INC, adscrito al MECD) implementan programas bibliotecarios que, entre otras acciones, incluían la creación de bibliotecas escolares en cada centro educativo y al menos una biblioteca pública en cada municipio del país, cuyo objetivo evidente era el fomento del hábito de la lectura para los alfabetas y el mantener los niveles de alfabetización alcanzados con la cruzada, bajo el supuesto que éstos se convertirían automáticamente en usuarias y usuarios de las bibliotecas.

Sin embargo, este gran esfuerzo se encontraba sin sustento profesional, razón por la cual “un grupo de profesores de la Escuela de Artes y Letras de la UCA, con el apoyo de profesoras del Departamento de Español, tomaron la iniciativa de hacer un estudio para organizar el perfil y los planes de estudio” de Bibliotecología para incorporarlos a las carreras profesionales que el país debía ofertar y que no aparecía en el primer inventario que había realizado el Consejo Nacional de la Educación Superior (CNES).

Lograda su aceptación por parte de las autoridades de la UCA y del CNES, “la carrera (de Bibliotecología) se abrió en el segundo semestre del año académico 1890/1981 con 36 estudiantes, en el turno vespertino nocturno. Más adelante, se trasladó al turno nocturno, ya que la mayoría de los estudiantes eran trabajadores”. Trece años después, en 1993, después de otro fenómeno social que empieza a desmantelar los logros en materia económica y social del período anterior, se cierra la carrera dada la falta de interés de la demanda. Cinco años después, en 1997, cierra definitivamente las operaciones académicas y administrativas.

Como toda institución tuvo sus logros y fracasos. Sin embargo, como escuela de enseñanza profesional, se destaca en primer lugar el producto de la misma. Un total de 179 profesionales egresaron en el nivel de licenciatura, que sumados a los 20 graduados en el período anterior de la escuela da un total de 199 profesionales en Bibliotecología. A éstos se suman 28 técnicos superiores de la única promoción en este nivel que se impartió debido también a la falta de demanda. Este curso se impartió con la lógica de la primera tendencia de la enseñanza bibliotecológica o Enseñanza General de la Bibliotecología.

Casi inmediatamente después de cerrada la escuela, se logró la apertura de un programa de Maestría en Gestión y Organización de Bibliotecas Universitarias a nivel centroamericano, en cooperación con la Universidad de Barcelona (España), teniendo como sede de la primera promoción a la UCA en Nicaragua. Dos años después, se abrió la segunda promoción, que se impartió en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, en San Salvador, El Salvador.

2.2.- Sobre la educación no formal en Bibliotecología
La carencia de una escuela formal de enseñanza de la Bibliotecología sólo ha sido un error de diferentes gobiernos y más aún de autoridades universitarias, dado que la respuesta a la demanda de formación ha estado presente en diversas iniciativas desde antes del programa que financió el Banco Central, en 1974, como durante y después del cierre de la Escuela de Bibliotecología que funcionó en el período 1980-1999.

Desde cursos esporádicos, hasta cursos con sistematicidad y/o regularidad dependiendo de la institución que los patrocine ha sido la solución que se ha dado para el entrenamiento del personal que trabaja en bibliotecas, centros de documentación y archivos.

En esta labor de enseñanza informal, las asociaciones especializadas de profesionales y de instituciones han jugado un papel importante. De hecho, una de las principales funciones de las asociaciones profesionales es la de mantener actualizado a sus miembros a través de cursos, pasantías, seminarios, congresos y otros. La Asociación Nicaragüense de Bibliotecarios y Profesionales Afines (Anibipa) y la Asociación Interamericana de Bibliotecarios y Documentalistas Agrícolas (Aibda)-capítulo Nicaragua, las dos únicas asociaciones de profesionales en Nicaragua, no se escapan de esta premisa. Por ello continuamente impulsan cursos de capacitación, participación en eventos internacionales, y durante los últimos cinco años (2001-2005.) Anibipa ha impulsado el Encuentro Anual de Bibliotecarios y Profesionales Afines, que se realiza para celebrar el Día del Bibliotecario.

Pero es también una de las acciones que impulsan asociaciones de instituciones (denominadas Redes, Comisiones, Instancia de Coordinación u otra), en la que la actualización del personal de dichas instituciones tiene una doble perspectiva: la actualización y/o enseñanza de técnicas bibliotecológicas y la enseñanza de temas afines a la especialidad de la agrupación. Destacan la Red de Centros de Documentación que trabajan con la temática de la Mujer y la Niñez (Recimuni) y la Red Nacional de Información y Documentación Agrícola (Renida).

Es una forma de “mantenerse” actualizado y de iniciar en alguna que otra técnica a personal de bibliotecas especializadas donde la rotación laboral es más alta que en los demás tipos de Unidades de Información, pero la misma no satisface la demanda creciente de la enseñanza formal y sistemática que sólo una estructura académica puede ofrecer.

III.- ¿Qué justifica la enseñanza formal en Bibliotecología?
A simple vista resulta imperiosa la necesidad de la enseñanza formal y sistemática de la Bibliotecología. Sólo basta con saber que las bibliotecas siguen proliferando y que el personal que las dirige y/o ejecuta acciones en pro de usuarios de la información, en su mayoría, no son especialistas en el tema.

Es como pensar que la sociedad que necesita de salud y medicina, no forme a profesionales adecuados que la atiendan en estas áreas.

Sin embargo, es importante resaltar algunos elementos que justifican la re-apertura de la Enseñanza Formal de Bibliotecología (Técnico, Diplomado u otra variante), en términos de la relación oferta vs. demanda. Ésta es la más obvia de las justificaciones. Si se toma en cuenta que el oficio del bibliotecólogo no es sólo pasar libros detrás de un –muchas veces inexistente- mostrador, en Nicaragua existe un déficit de bibliotecarios que se manifiesta de dos formas:
3.1.- Cantidad de bibliotecarios por habitante
Ésta es una excelente norma8 para medir el grado de desarrollo profesional. En Bibliotecología se señala la necesidad de un bibliotecario profesional por cada 5 mil habitantes, con lo cual, si la población nicaragüense es de casi 6 millones de habitantes, y sólo se han graduado 227 profesionales el déficit ronda los 980 profesionales.

3.2.- Cantidad de bibliotecas vs

cantidad de profesionales existentes

Existen varios tipos de bibliotecas, y la clasificación podría extenderse dependiendo de varias características. Sin embargo, en términos generales, en Nicaragua están representados: Biblioteca Nacional (1), las bibliotecas públicas e infantiles (143), bibliotecas escolares, un aproximado de 400, bibliotecas especializadas (130), bibliotecas universitarias (65) y los archivos. Éstos también tienen su propia clasificación y se supone que toda institución produce documentos y los almacena en un archivo, entonces se puede calcular la existencia de más de 1000 archivos institucionales.

Entonces, si tomamos en cuenta la cantidad de bibliotecas y archivos existentes en el país (1739) y lo comparamos con el total de profesionales y técnicos existentes (227), el déficit ronda los 1512 profesionales. Y este cálculo es sólo considerando un profesional por cada biblioteca

IV.- Conclusión

Sin bibliotecas no hay cultura. Sin archivos no hay historia. Sin bibliotecas no hay educación. Sin Unidades de información no hay desarrollo. Éstas al menos son premisas que los países desarrollados entienden muy bien y han formulado políticas y destinado recursos para la profesionalización de personas, la adquisición de bibliografía, el diseño de edificios que fomenten el espíritu creador a partir de la lectura e investigación, la construcción de bibliotecas en barrios, comunidades y estados, de tal forma que no haya la más mínima posibilidad de que la población encuentre obstáculos para su disfrute.

Y es que la organización de la información juega un papel preponderante en la vida de las personas. Y, cuando se trata de buscar aquella que se necesita desde para satisfacer una curiosidad hasta aquella que fundamenta una decisión, pasando por la simple recreación, el lugar más idóneo para buscarla y con seguridad encontrarla es la biblioteca.

Nicaragua está desfasada en ese sentido. Al igual que la educación en términos generales, la Bibliotecología no ha encontrado, aún, en gobierno alguno, el cómplice necesario que la ayude a ocupar un lugar que favorezca su desarrollo y su aporte sostenido al desarrollo de la nación. A lo sumo, desafortunadamente, ha sido usada en más de alguna época y por más de algún gobierno, como excusa “cultural”.



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