Golpeados por siete huracanes y seis tormentas tropicales Desastres acorralan a ciudadanos caribeños
* Durante los últimos quince años la naturaleza se ha ensañado con esta bella zona hundida actualmente en la miseria
* Guerra de los 80 los hizo perder fincas, ganado y siembros al tener que huir hacia Honduras, y, para colmo, ahora los atacan ratas y gusanos Valeria Imhof | vimhof@elnuevodiario.com.ni
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| Los indígenas de río Coco tratan de rescatar parte de las cosechas que lograron salvarse de la plaga de ratas y gusanos. MOISÉS LÓPEZ / END |
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Los habitantes de la Costa Caribe nicaragüense han sido azotados por 13 desastres naturales en los últimos 15 años: siete huracanes (incluyendo el “Beta”) y seis tormentas tropicales. Esto sin sumar la plaga de ratas y gusanos que este año afectó el sector de Río Coco Arriba, en el municipio de Waspam, en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
El abandono del Caribe por parte de los gobiernos centrales no es nada nuevo, y más bien esta situación de emergencia ha develado una vez más el olvido y las condiciones paupérrimas en que viven los indígenas de las 68 comunidades del río.
“En la actualidad, una familia mískita apenas logra recibir diez dólares al mes, con eso debe sobrevivir y solucionar las necesidades de alimento, vestido, etc.”.
La afirmación es del doctor Francisco Gutiérrez, Director de Acción Médica Cristiana (AMC), un ONG que ha apoyado a los afectados con alimentos, medicinas y atención médica.
Gutiérrez explica que estos indígenas tienen una economía de sobrevivencia: cazan, pescan y se dedican a la agricultura para el autoconsumo.
“En esa zona se perdió toda la base económica como la comercialización, acopio y financiamiento de los cultivos, se fueron las empresas que hacían posible este proceso y después del huracán “Juana”, en 1988, ha habido una serie de fenómenos naturales que han impedido que las comunidades puedan superarse”, comenta el médico.
Gutiérrez recuerda que hace 30 años el río Coco tenía su propia dinámica económica, incluso vendía alimentos a la cuenca del Caribe, proveía arroz a Honduras y a Las Canarias, y tenía comercio con Estados Unidos Historia triste“Lo que hoy vemos en el río es una historia triste. Durante la guerra se desarticuló todo el sistema productivo, se perdieron las fincas e incluso desapareció el comercio del cacao y la ganadería cuando los indígenas debieron exiliarse en Honduras”.
El director de AMC dice que esa serie de acontecimientos ha hecho que la gente no logre salir del círculo de desastres, a pesar de los recursos dados por los organismos internacionales.
“Hay proyectos, pero no han sido sostenibles y a largo plazo. Por otra parte, una cantidad de organismos que quieren ayudar a las comunidades estamos un poco disgregados, y los esfuerzos se ven minimizados y se dispersan en gastos administrativos”, señala Gutiérrez.
Para salir de ese círculo vicioso, el médico considera que se debe pensar en un plan a largo plazo que incluya la gestión del riesgo. “La mayoría de los eventos naturales que ha habido en América Latina se han centrado alrededor del Caribe y eso acrecienta la pobreza”, agregaRatas: grave problemaEl galeno indica que si no se logra garantizar el ciclo de cosecha de postrera a más tardar el 15 de diciembre, no habrá alimentos hasta el próximo mes de septiembre. “Es un problema de gran magnitud, porque no creo que las organizaciones tengamos capacidad de proveer alimentos a 50 mil personas hasta septiembre, es muy costoso”, advierte.
Según Gutiérrez, urge garantizar el próximo ciclo agrícola y dar asistencia técnica que dure más allá de la emergencia, “con estas medidas probablemente garantizaríamos alimentos, pero debemos prever que no se repita esta situación”.
El director de AMC explica que el ataque de las ratas tiene su origen en los cambios que ha habido en el ecosistema con la sobreexplotación de los bosques y las quemas indiscriminadas del recurso forestal. “Por las lluvias y las quemas en la selva las ratas se han quedado sin semillas y tienen que salir a comer a los huertos de los campesinos”, explica.
El médico confirma que actualmente se han reproducido estos roedores en Wiwilí, San José de Bocay y las comunidades de Los Raudales, en Waspam, en una distancia de 400 kilómetros sobre el río.
“Cuando la población de ratas entra en estrés aumenta su capacidad reproductiva como un mecanismo de sobrevivencia, y pueden parir de seis a doce crías cada 21 días. En algunas comunidades como Siksayari dijeron que mataban hasta 3,000 ratas en un día”, señala Gutiérrez.
En total se reportan 24 comunidades de Wiwilí afectadas por las ratas y gusanos, 15 comunidades mayangnas de San José de Bocay y 38 comunidades en Los Raudales.
Los indígenas de estas comunidades perdieron más del 50 por ciento de sus cosechas, aunque en algunas de ellas los roedores arrasaron con todas sus plantaciones, de acuerdo con líderes comunitarios de la zona.
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