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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 04 de Diciembre de 2005 - Edición 9091
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Una nica por las montañas cercanas al Tibet

Un viaje a Shangri-La

* Yunnán es la parte del país donde se concentra la mayor cantidad de grupos minoritarios, 26 grupos de un total de 55
* La ciudad de Kunming es inmensa, casi igual a todas las ciudades de China, donde sin falta se encuentran edificios y avenidas muy grandes


Un viaje a Shangri-La - Foto
Templo budista de Yuatong en la ciudad de Kunming.

tanyagu@hotmail.com

No lo podíamos creer. Finalmente habíamos llegado a Shangri-La. La desilusión de haber terminado nuestra travesía es inmensa, pero el sitio es sin lugar a dudas, el paraíso que pensábamos encontrar.

Todo comenzó 2,800 Km. atrás. Es ésta la distancia que separa Pekín, la capital de China, del mágico lugar que buscábamos llamado Shangri-La. Lugar que jamás existió, solamente en la mente de su creador, el novelista James Hilton, que usó la palabra en su libro “Horizontes perdidos”, publicado en 1939 para describir un lugar escondido entre hermosas montañas de belleza sin igual y donde, además, la máxima de los monjes budistas que habitan la zona es: “Todo en moderación hasta la moderación”.

Nuestro vuelo directo de tres horas nos llevó desde Pekín hasta Kunming, la maravillosa capital de la provincia de Yunnán, situada al sureste de este enorme país, China, y frontera con Tibet, Birmania, Laos y Vietnam. Yunnán es la parte del país donde se concentra la mayor cantidad de grupos minoritarios, 26 grupos de un total de 55. La ciudad de Kunming es inmensa, casi igual a todas las ciudades de China, donde sin falta se encuentran edificios y avenidas muy grandes, señal inequívoca del poderío económico de este país.

Visitamos el templo budista de Yuatong, situado al norte de la ciudad, donde escuchamos el canto de los monjes que llenaba el lugar y disfrutamos comiendo en muchos de los pequeños restaurantes que colman esta ciudad.

Partimos al día siguiente al legendario pueblecito de Lijian. Luego de una hora en avión aterrizamos en esta pequeña aldea incluida en la lista de la Unesco como patrimonio de la humanidad. Lijian se encuentra en un impresionante valle a los pies de la majestuosa montaña “Dragón de Jade”, de 5,596 metros de altura. Los templos en el pueblo y sus alrededores son de origen tibetano.

El lugar con sus calles empedradas y rodeado de pequeños canales nos conquistó de inmediato. Las noches con sus linternas rojas rodeando la ciudad son un espectáculo maravilloso.

La mayor actividad económica del pueblo es el turismo y los artesanos se encuentran por doquier. No pude resistir la tentación y compré unas hermosas ventanas de madera labrada con intrincados diseños de pájaros que algún día adornarán mi casa en Nicaragua.

Pasamos la noche en un pequeño hostal de cinco habitaciones donde los dueños son una familia Naxi. La minoría Naxi es gente muy amistosa, poseedora de una cultura milenaria. Las mujeres cantan todo el tiempo y son los hombres los que se ocupan de la crianza de los hijos. Nos despedimos de Lijian luego de dos días y partimos finalmente a la búsqueda de Shangri-La.

Salimos a las 8:45 de la mañana en un taxi que rentamos y el cual conducía un sonriente y muy amistoso hombre de la minoría Naxi que conversaba y cantaba la mayor parte del trayecto. La carretera de dos carriles está situada en un terreno accidentado con muchas montañas y vistas inmensamente hermosas. Atravesamos muchos caseríos y nos detuvimos en un improvisado mercado al lado de la carretera donde compramos artesanías de la zona. Nos llamó la atención la cantidad de chiles secos a la orilla de la vía que luego inevitablemente encontrábamos en cada uno de los platos que ordenábamos para comer. La gastronomía de esta zona es muy variada e incluye muchos vegetales frescos, y al igual que en Nicaragua, queso frito, solamente que es queso de cabra.

Luego de tres horas de camino, la carretera desapareció ante nuestros ojos y dio paso a una trocha que peligrosamente bordeaba a ratos ríos de aguas cristalinas. Fue precisamente en esta parte del trayecto que las extraordinarias mezclas de grupos minoritarios se nos revelaron. Encontramos mujeres de los grupos Yizu, fáciles de distinguir por sus grandes sombreros que más bien parecen paraguas amarrados a sus cabezas y que les protege de los inclementes rayos del sol. La minoría Chanzu, con sus ropas de múltiples colores y las cabras que le siguen por donde van. Más mujeres Naxi, con sus vestidos azules y los hombres con los niños amarrados a las espaldas mientras sonríen y se detienen para dejarse fotografiar si se les pide.

Y finalmente, después de ocho horas de camino, llegamos a Shangri-La. Situado en un valle, el pueblo es un lugar polvoriento sin más entretenimiento que los pocos restaurantes dentro de los hoteles y el colorido de las ropas anaranjadas y rojas de los monjes budistas que se pasean por el pueblo.

Nos quedamos en el hotel que nos pareció menos sucio y asequible a nuestro presupuesto, el cual no prestaba más diversión que un karaoke con una pobre selección de música china y una sala de masaje donde aliviamos nuestros pies cansados. Recorrimos la calle principal del pueblo y la sensación de haber sido burlada se apodero de mí.

Al día siguiente por la mañana partimos, con la esperanza de encontrar la belleza del paraje, hacia el monasterio lama “Zhongdian”. El aire del monasterio está impregnado de incienso y sonido de los cantos y las monedas de los que seducidos por la idea de la belleza del lugar, arriban a esta zona.

Fue en este monasterio donde observé lo más curioso de nuestro viaje: Un hombre joven de 25 años que en señal de penitencia y promesa se ha arrastrado por cuatro meses desde la provincia de Sichuan con destino a Lasha, capital del Tibet. Viaje que le tomará, según sus palabras, tres años en concluir.

Y así, con esa imagen dando vueltas por mi cabeza, regresamos a Lijian para emprender nuestro camino que nos traería de regreso a nuestra casa por los dos últimos años, Pekín

Cómo llegar:

Pekín-Kunming: Tres horas en avión. 1,200 RMB, un solo trayecto.

Kunming-Lijian: Una hora en avión

500 RMB, un solo trayecto

Lijian-Shangri-La: Ocho horas en auto cada trayecto. 600 RMB, ida y vuelta.

Cambio de la moneda ocho RMB (remenbi) por un dólar.




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