Temor, esperanza y despilfarro Tsunami un año después
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Una mujer llora por un familiar muerto como consecuencia del maremoto en Cuddalore, Tami Nadu, India. Esta fue ganadora del primer lugar del World Press Photo 2004, otorgado en Amsterdam, Holanda. Arko Datta (Reuters) / EFE |
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El 26 de diciembre de 2004, olas que superaban los 15 metros de altura se “tragaron” todo lo que encontraron a su paso en las naciones del sudeste asiático, dejando una escala de muerte y destrucción de proporciones alarmantes. Es el desastre natural más violento del último siglo, que dejó una secuela de aproximadamente 230 mil muertos y pérdidas por el orden de los 55 mil millones de dólares. Indonesia, Sri Lanka, India, Tailandia, Myanmar y las demás naciones afectadas por el maremoto aún lloran a sus muertos. Pero mientras los escándalos de corrupción y despilfarro con la ayuda internacional saltan a luz pública, muchos países intentan volver a la normalidad y reactivar su principal fuente de ingresos, el turismo
Banda Aceh / AFP
“Lo que más deseo es dinero para poder empezar una actividad. No se puede depender toda la vida de la ayuda humanitaria”, dice Ummi Kalsum, una joven de 30 años que, como miles de habitantes de la provincia Indonesia de Aceh, devastada por el tsunami, sigue viviendo en una barraca a pesar del desborde de la ayuda internacional.
A un año del desastre, más de 10 mil millones de dólares han sido donados por la comunidad internacional como apoyo para los damnificados, pero gran parte de ese dinero ha sido despilfarrado o mal repartido.
En los países más afectados por la catástrofe, como Sri Lanka o Indonesia, la gestión pública ha estado caracterizada por la corrupción con los fondos asignados a estos países.
Un informe recientemente hecho público, denuncia que en Sri Lanka la situación “es mucho peor”, ya que la ayuda ha estado caracterizada por una mala gestión internacional para las víctimas del tsunami.
“Hemos asistido a una malversación de fondos públicos. Se trata de sumas muy importantes”, denunció el auditor general del gobierno, Sarath Mayadunne.
Según el informe preparado por Mayadunne, 15 mil familias del noroeste del país que no se vieron afectadas por la catástrofe, se beneficiaron de una serie de indemnizaciones durante varios meses. Problemas en distribuciónAunque los servicios de emergencia han sido descritos como un éxito, con una movilización sin precedentes de la comunidad internacional, la ayuda a largo plazo es más problemática, ya que gran parte los 10 mil millones de dólares otorgados siguen sin ser utilizados.
Hasta ahora el donante más generoso es Japón, que ha entregado la totalidad de los 500 millones de dólares prometidos. Sin embargo, un tercio de esta suma todavía reposa en cuentas bancarias en espera de que los países encuentren una forma de emplearlo.
Estados Unidos, que había prometido 350 millones de dólares, ha enviado 137 millones, según cifras de Naciones Unidas; y Australia, que había prometido 759 millones, ha entregado por ahora 36.
Con la distribución de alimentos pasa lo mismo. Sulaiman, un hombre de 38 años a quien el mar le arrebató a su mujer e hija y el restaurante con el que se ganaba la vida, dijo que no ha sido beneficiado con la ayuda alimentaria repartida por Naciones Unidas.
“Fui al lugar donde la distribuían, pero me dijeron que ya no tenían nada para darme”, recuerda Sulaiman.
Charlie Higgins, coordinador del Programa Mundial de Alimentos (PAM) en Banda Aceh, admitió la lentitud en la organización de las ayudas, pero aseguró que “una vez puestas en marcha las operaciones de socorro, éstas permitieron resolver la mayor parte de los problemas más importantes en las zonas más afectadas”.
Tailandia lucha por recuperar el turismo
José Reinoso / El País
Reidun Rokne, una turista noruega de 42 años, aprovecha los últimos momentos del día en la playa de Patong, uno de los paraísos turísticos del sur de Tailandia, en la isla de Phuket. El sol se está ocultando. Una brisa cálida sopla sobre la arena. Los cocoteros se elevan desafiantes tras la línea de playa. Un grupo de jóvenes juega al voleibol.
“No, no tengo miedo. Aunque quizás dentro de mí, pienso en ello, en lo que ocurrió”, dice.
Unos metros más allá, Alan Drayton, de 53 años, lee un libro frente al mar. “No, no tengo miedo en absoluto. He venido a hacer submarinismo”, asegura este profesor australiano, que estaba en Bali –Indonesia-- durante los atentados terroristas de 2002, en los que murieron 202 personas.
Rokne y Drayton, que ya conocían Phuket, son dos de los miles de turistas que han decidido pasar unos días de vacaciones en Tailandia esta Navidad, a pesar del tsunami que devastó playas, destruyó complejos hoteleros y provocó 5 mil 395 muertos y más de 2 mil 800 desaparecidos en el país.
Desde entonces, Tailandia, que obtiene el 6,5% del PIB del turismo, está lanzada a una carrera frenética para recuperar las zonas turísticas, alejar el fantasma del maremoto y atraer unos visitantes que son imprescindibles para la economía local.
“Para ello, hemos reconstruido las infraestructuras dañadas y hemos desarrollado un plan de promoción internacional”, explica Udomsak Uswarangkura, gobernador de la provincia de Phuket. El Gobierno cifra las pérdidas sufridas por el sector en 818 millones de dólares.
En Patong, apenas quedan signos visibles de la devastación, salvo algunas viviendas semiderruidas y algunas pilas de escombros ocultas tras los edificios del paseo marítimo. En esta playa, el agua penetró varios centenares de metros, incrustó coches y barcas en las viviendas, y destruyó bares, restaurantes y locales situados en primera y segunda líneas de playa, sembrando cadáveres a su paso.
Donde hace poco menos de un año había comercios reventados, ahora brillan las luces y los recuerdos turísticos. Donde las calles eran un cenagal, en el que se acumulaban restos de ropa, frigoríficos y maniquíes, ahora hay asfalto y aceras recién pavimentadas.
Donde entonces flotaba el olor nauseabundo de la carne putrefacta de los restaurantes afectados y del pescado, ahora flota el olor de la pintura fresca. Los neones lucen en la noche, la música se escapa de las discotecas. Los turistas vuelven a pasear de la mano de jóvenes tailandesas, los perros dormitan bajo los árboles.Menos turistasPero, a pesar del esfuerzo de las autoridades y de que algunos visitantes llegan para impulsar la recuperación de Phuket --“como hicieron en Bali”, dice Drayton--, el nivel de ocupación es inferior al del año pasado por estas fechas.
“Estamos en un 65%, y después de Nochebuena esperamos llegar al 80%, cuando normalmente es del 95%”, señala Pattanapong Aikwanich, Presidente de la Asociación Turística de Phuket. Los dueños de comercios y bares son menos optimistas.
“El negocio no va bien. Pero el año pasado, este libro de reservas me duraba dos o tres días, y ahora me dura un mes”, afirma Woranuch Sukjang, una joven de 27 años, de la agencia Magnolia Travel.
“Yo no sé de dónde saca el Gobierno que el turismo va muy bien. ¿Dónde está la gente?”, se queja Sombat Thawises, dueño de Ned Kelly’s, un bar irlandés abierto en 1993. “Este año ha sido muy duro. Arreglar los destrozos me costó 200 mil baht (4 mil 100 euros), y eso que lo hice con familiares. El seguro dijo que no habían sido causados por una inundación, sino por el terremoto (que originó el tsunami)”.La marca tsunamiUnos locales más arriba, una tienda ofrece fotografías, camisetas y DVD del maremoto. Al lado, un cartel anuncia: “Tatuajes tsunami”.
Los efectos del desastre son más evidentes en otras playas de la zona. En Khao Lak --provincia de Phang Nga--, 80 kilómetros al norte de Phuket, fueron barridos 60 hoteles. El 80% de las víctimas de Tailandia se produjeron en esta provincia, donde la masa de agua llegó a alcanzar una altura de 10 metros --el equivalente a tres pisos--.
Los obreros trabajan a todo ritmo levantando restaurantes y bungalows frente una playa en la que apenas se ven turistas. En el tronco de una palmera está clavada la foto de una pareja y dos niños suecos. Los clavos están oxidados. Al lado, una piscina semi llena, rodeada de hierbas, es lo único que queda de un antiguo hotel. Pocos kilómetros al norte de Patong, en Kamala, la situación es mejor.
Muchos extranjeros toman el sol, mientras una excavadora trabaja en el paseo. Siam Matthitanont, de 40 años, que fue arrastrado por las olas un kilómetro tierra adentro, ha levantado de nuevo su restaurante, a pie de playa.
“Durante cuatro meses, me despertaba cada noche nadando en la cama”, dice sin dejar de trabajar este hombre, que luchó durante dos horas hasta que logró salir por sí mismo de la arena bajo la que quedó sepultado.Medidas de prevenciónEl Gobierno tailandés está instalando 62 torres dotadas con sirenas y altavoces a lo largo de la costa, para avisar a la gente en caso de que se produzca un nuevo maremoto. La mitad han sido ya completadas, y el resto estará listo en marzo del año que viene.
En las zonas de playa han sido colocados, también, carteles que marcan la ruta de evacuación en caso de emergencia. Los expertos aseguran que la existencia en el Océano Índico de un sistema de vigilancia de maremotos similar al que existe en el Pacífico podría haber salvado decenas de miles de vidas el año pasado. “Muchas cosas han cambiado, pero todo sigue igual”, asegura Matthitanont.RECUADRO:¿Cuántos muertos dejó el tsunami?
Hong Kong / AFP
Un año después del tsunami, se desconoce el número exacto de muertos causados por la catástrofe.
La organización humanitaria Cáritas mencionó recientemente 400 mil, pero la cifra más manejada es de unos 220 mil, Indonesia es el país más afectado, porque es el más cercano al hipocentro del sismo de más de 9 grados de magnitud que provocó el tsunami, y se calcula que hay unos 170 mil muertos o desaparecidos.
Las estimaciones varían en Sri Lanka, donde la Policía da una cifra de 21 mil muertos, el Ministerio de Seguridad Pública de 41 mil, y las organizaciones humanitarias de 31 mil.
India da cuenta de 16 mil muertos y desaparecidos, y Tailandia de 5 mil 395 muertos confirmados, 2 mil 248 de ellos extranjeros de 37 nacionalidades diferentes, a los que se suman 2 mil 817 desaparecidos.
Entre los otros países asiáticos alcanzados se encuentran las islas Maldivas (82 muertos y 26 desaparecidos), Malasia (68 muertos), Birmania (61 muertos) y Bangladesh (dos muertos).
El maremoto llegó también a África Oriental, con 298 muertos en Somalia, diez en Tanzania y uno en Kenia, y otras 50 nacionalidades reclaman también varias víctimas, ya que muchos turistas fueron alcanzados.Miles sin hogarCentenares de miles de personas siguen sin hogar y sólo cuentan con alojamientos facilitados por los servicios humanitarios. En Indonesia unas 60 mil personas viven bajo una tienda, y aproximadamente 100 mil en alojamientos temporales.
En Sri Lanka, donde unos 100 mil hogares fueron devastados o se derrumbaron y más de un millón de personas resultaron afectadas, se han instalado más de 53 mil “unidades de alojamientos temporales”.Huérfanos y temerososLa ola mortal alcanzó particularmente a los más jóvenes, y los llamados “niños del tsunami” tienen que volver a aprender a vivir. En la provincia indonesia de Aceh (noroeste) 2 mil 400 niños perdieron a sus dos progenitores y al menos otros 20 mil tiene problemas psicológicos.
Por su parte, Tailandia alberga a 1.200 huérfanos del tsunami, y no hay cifras oficiales para el resto de países.
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