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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Jueves 05 de Enero de 2006 - Edición 9121
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Las pintas y repintas de enero


La creencia popular, tal vez la superstición, quizás las profecías rurales, acaso la filosofía de la naturaleza, parte de nuestra cultura, como manifestaciones arraigadas del buen vivir, son principios fundamentales en el pensamiento y en la identidad del nicaragüense. Así que, el campesino, el agricultor, el hombre del campo en general, por esas premoniciones de la vida y la experiencia que ha ido creciendo junto con él, sabe cuándo y por qué va a llover, si la tierra temblará de día o de noche, por qué los vientos soplan de norte a sur, de oeste a este, por qué emigran o regresan las golondrinas, las tijeretas y los zanates. Y más aún, las predicciones de buenos o malos inviernos, de buenas o malas cosechas, están reflejadas en el cielo de enero, tal vez por la influencia de la luna o del sol o de algún pájaro que cantó en la madrugada como signo de buen o mal augurio.

Las pintas y repintas de enero, como dicen los abuelos, y seguramente, casi todos nuestros antepasados, son manifestaciones climáticas y atmosféricas, reflejadas en los cielos de enero, con ciertas nubosidades o cielos despejados, como diría don Claudio Gutiérrez, desde la oficina de meteorología, y que para la creencia popular, las pintas y repintas, abarcan desde el 1 al 12 de enero, estableciendo ciertas semejanzas o analogías de la siguiente manera: Las pintas ocurren en los primeros 6 días de enero: el 1 de enero equivale a mayo, el 2 a junio, el 3 a julio, el 4 a agosto, el 5 a septiembre y el 6 a octubre. El hombre nicaragüense cree que si el 1 de enero hay nubosidades en el cielo, el mes de mayo será lluvioso; y si por el contrario el 1 de enero es un día soleado, con un cielo despejado, mayo será un mes seco, sin lluvias. Ahora, si el 2 o el 3 de enero, fueron días con poco sol y muchas nubes, significa que los meses de junio y julio, serán lluviosos. Y así, sucesivamente, con los primeros 6 días que corresponden a los 6 meses de invierno. Según estas realidades, el agricultor prepara sus tierras y sus semillas, para la siembra de granos básicos en la fecha adecuada.

Las repintas, llamadas así, a las manifestaciones climáticas ocurridas entre el 7 y el 12 de enero, en el cual se establece las siguientes analogías: el 7 corresponde a mayo, el 8 a junio, el 9 a julio, el 10 a agosto, el 11 a septiembre y el 12 a octubre. En estos casos, se valora lo ocurrido el 1 y el 7 de enero, destacando que si hubo mucho sol el 1 de enero, pero el 7 tuvo cielo nublado, prevalecerá un invierno en término medio: ni muy seco ni muy copioso. Al contrario, si el 2 de enero, tuvo un cielo lleno de nubes y el 8 también, significa que el mes de junio, será muy lluvioso, lleno de truenos, tornados y huracanes

Y así, sucesivamente.

Estas creencias y profecías populares, se han conocido de generación en generación, y han sido, ante el analfabetismo y la falta de tecnificación agrícola de los hombres del campo, como la madre universidad de la experiencia y el conocimiento para el buen vivir. Son concepciones muy arraigadas en la conciencia y en el pensamiento de nuestro pueblo, como parte de una cultura, una ciencia de la experiencia que el hombre ha acumulado en su vida. Recuerdo que Silvestre Sevilla Ramos, mi cuñado, fallecido hace algunos años, antes de que terminara el 31 de diciembre, día de su cumpleaños, ponía en una tablita en el brocal del pozo, seis puños de sal que correspondían a los seis meses de invierno. La sal se diluía en agua, en una pequeña humedad o en nada. Así, Silvestre Sevilla Ramos, un entregado agricultor de diferentes granos, sabía qué meses serían lluviosos o secos, preparando la tierra para el cultivo, según la información recibida en estos ritos de la profecía popular.

Habrá que esperar qué dice don Claudio Gutiérrez sobre estos menesteres de la vida y las predicciones del tiempo en este año, la lluvia, el viento, los sismos, la luna, el sol, la marea del mar, la razón, el abrazo, la guitarra, el árbol de Dios, la poesía, como bien lo dice el poema, al empezar el año nuevo, si aún somos diciembre o enero, febrero o marzo, abril o mayo para llover con el agua de la vida, para darnos la oportunidad de servir a los demás como a uno mismo, mientras leemos el poema como prólogo del año:
La llegada del año

Yo pregunté si a medianoche
daba la última vuelta el sol,
pues no sabía en mi entender
si era diciembre o enero halagador.

Por eso, suspiré poeta,
con muchas razones para escribirte
como discípulo fiel buscando victorias.

Entonces, apresuré el abrazo,
la felicidad con música de guitarras
y el árbol de Dios en el futuro.

(Telica, 6 de enero, 86)

Pedroalfonso_13@yahoo.es
Telica, 03 de enero, 2006.




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