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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 15 de Enero de 2006 - Edición 9131
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Nuestra educación: una inmensa rutina de quince años, sin metas ni imaginación


IDEUCA

El año 2006 que recién inicia, es el último de una cuota de cinco años, que el electorado nicaragüense confiara al Partido Liberal Constitucionalista, cuyo candidato presidencial era el Ing. Enrique Bolaños.


1. Las contradicciones entre las demandas y las concepciones.

En un país capitalista atrasado normal, común y corriente como el nuestro, con un Plan Nacional de Educación para el largo plazo de 15 años (2001-2015), esto debiera significar, al menos dos líneas de acción, una: que éste fuera el último año del programa educativo ofertado por el partido político triunfante en el año 2001, o que éste fuera el último año del primer quinquenio del proceso de ejecución del plan mencionado. No obstante, nada de esto existe o es posible, debido, principalmente, a que la idea de una educación pensada para el mediano o largo plazo, que trascienda los tiempos políticos de los gobiernos (cada 5 años), no existe. Es un problema de concepción y conocimiento acerca de cómo funcionan los tiempos de la educación escolarizada sometida a objetivos, de parte de quienes cumplen en la sociedad el papel de dirigentes u operadores políticos.

Las demandas educativas de parte de todos los sectores están bien claras. La población empobrecida del país, con sus 850.000 niños y jóvenes fuera de la escuela; los pequeños y medianos productores; los gobiernos municipales y hasta los empresarios del Cafta, con sus reclamos de una educación con nivel de zonas francas, cada quien desde su lugar en la estructura social de clases, tienen claros sus pedidos específicos de más y mejor educación. No obstante, quienes tienen el encargo de traducir esas demandas en objetivos, acciones, programas, presupuestos y resultados, o conciben la educación pensando en los gastos del día a día, o no se dan por aludidos desconociendo su responsabilidad frente al futuro.


2. La educación como inercia rutinaria en línea recta.

De esta manera, a falta de planes, al no haber objetivos y metas medibles y controlables en el tiempo, la educación escolarizada nicaragüense se mueve anualmente de manera inercial, como si fuese una gigantesca rutina, que comienza todos los febreros y finaliza todos los noviembres, sin propósitos ni metas, ni cálculos de pérdidas y ganancias. Una inmensa rutina sin creatividad ni imaginación, la cual ha caminado en línea recta durante quince años, sin más cambios e innovaciones que los venidos del extranjero como parte del programa neoliberal, llámense éstos autonomía escolar, promoción automática, estándares de aprendizaje o educación en competencias.


3. Inercia, rutina y alienación.

Este problema tiene grandes consecuencias en la calidad de la educación básica y media del país, toda vez que el origen de los cambios y las innovaciones no es el producto de las prácticas, la reflexión, la investigación, la experimentación y la sistematización endógena de los procesos educativos sucedidos en las aulas de clase nicaragüenses, sino en las de otros países y climas, con diferentes culturas, tradiciones, usos y costumbres.

Las principales víctimas de este proceso de alienación cultural han sido (y son) los maestros, en tanto ellos, sin comprender el origen, ni el porqué, ni el para qué de los cambios, mecánicamente, por obediencia administrativa al orden oficial, deben poner en práctica medidas que ellos muchas veces no entienden o con las cuales no están de acuerdo. Obviamente, las consecuencias de este proceso en el corto y mediano plazo van a ser (y en realidad están siendo) catastróficas respecto a la calidad de la educación y las expectativas y confianzas puestas en los artefactos venidos de afuera.


4. El caso de la Autonomía Escolar.

El caso, por ejemplo, del modelo de administración financiera de los centros educativos conocido como Autonomía Escolar traído a Nicaragua hace doce años, hizo añicos los fundamentos éticos y morales de las formas y maneras de hacer educación escolar en Nicaragua, convirtiendo a ésta, a la lógica y naturaleza de las pulperías y del mercado capitalista donde todo se vende y todo se compra. El pago por derecho a matrícula no era lo importante, lo verdaderamente importante venía después, una vez que el estudiante – mercancía estuviese preso de las reglas y las normas del mercado en el interior del aparato escolar, ahí tendría que pagar por todo: las escarapelas y las escobas; las fotocopias y las clases de inglés y computación; el paseo a San Jacinto, las calificaciones y los aprobados. En Sébaco, por ejemplo, diario, en los días de clases, a las diez de la mañana, se clausuran las llaves de las fuentes de agua de las escuelas, para obligar a los estudiantes a comprar agua en bolsa en el bar escolar.

El modelo de desresponsabilización del estado respecto a la educación pública, conocido como Autonomía Escolar, nunca fue evaluado con base a indicadores que reflejaran los intereses y necesidades de la sociedad, en especial de los sectores empobrecidos de la misma. En las consultas realizadas, nunca se ha preguntado a los padres y madres de los niños y niñas que abandonan las escuelas, si la causa del abandono fue la imposibilidad de los padres de realizar pagos por los servicios escolares recibidos.


5. Una doble patología que hay que desmontar.

De esta manera, el sistema escolarizado, además de funcionar como una gran rutina social, sin metas medibles semestral o anualmente, respecto a las demandas de los diferentes sectores sociales, su funcionamiento está alienado a intereses extraños y diferentes a los de la naturaleza del desarrollo social nicaragüense. Una doble patología, sobre la cual debe actuar en el futuro todo proyecto político que se proponga renacionalizar la sociedad nicaragüense como un todo.

Este año 2006, año de elecciones en Nicaragua, es una magnífica oportunidad para pensar la educación en términos de presente y futuro, pero también en términos patrióticos de cara a su refundación.




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