Miguel Molina Castellón Triunfó en Venezuela, y ahora, en su patria Nicaragua
Usted puede ver en un monitor cómo operan con rayos láser a su paciente, y éste, en pocos minutos, soluciona sus problemas visuales.
¡Como por arte de magia! Arnulfo Urrutia M.
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| El doctor Molina Castellón realizando un tour en la clínica Opti-láser. |
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Especial para EL NUEVO DIARIO
Solamente en las películas había visto cómo, mientras se realizaba una operación quirúrgica, los médicos internos y familiares del paciente podían verlo en una pantalla. Era impresionante ver esos hospitales modernos bien equipados y con médicos vestidos casi como astro-
nautas. La frontera entre la realidad y la ciencia ficción casi desaparecía. Estábamos conscientes de que aquellos hospitales pertenecían a un mundo tecnológicamente, muy distante al nuestro y muy difícil de alcanzar. Pero agárrese de la silla. En Nicaragua ya existe un pequeño Hollywood de la Medicina. Es la clínica Opti-láser, situada al sur de la rotonda del periodista Allí, sentado en la sala de espera, usted puede ver en un monitor cómo operan con rayos láser a su paciente y éste, en pocos minutos, soluciona sus problemas visuales. ¡Como por arte de magia!
En esa clínica-escuela, el mago mayor de la tecnología y la mano certera, es el oftalmólogo Miguel Molina.
El doctor Molina nos confiesa que tiene 46 años, tres hijos y una esposa venezolana, oftalmóloga como él. Me dice que nació en Jinotega. Lo quedo viendo fijamente, y, a modo de broma, le pregunto por qué no es chele (las risas no se hicieron esperar). A fin de probar su origen segoviano, uno de los presentes en la entrevista nos dice que en Jinotega era conocido como Maiky Molina, jugador de básquet y béisbol. Yo le creo al pie de la letra. Realmente, que la primera impresión que transmite Miguel es la de un deportista. Pero, más que jinotegano, caribeño. ¡Ah, los estereotipos!
Condiciones difíciles
Se graduó de médico en una universidad mexicana, y en 1981 vino a Nicaragua, para hacer su servicio social en el Manolo Morales, pero el intento duró solamente tres meses, por las “condiciones difíciles que vivía el país”, según sus propias palabras. Su esposa tampoco se adaptó a la experiencia revolucionaria que se vivía, y el matrimonio decidió residir en Venezuela, donde para ser reconocido como galeno, prácticamente tuvo que estudiar de nuevo su carrera en la Universidad de Los Andes.
Posteriormente, hizo su especialidad en la Universidad Central de Venezuela, en Caracas. Un hospital con más de 1,000 camas, 52 de las cuales eran para Oftalmología. (En Nicaragua, los hospitales de mayor tamaño tienen un aproximado de doscientas camas).
Al regresar a Nicaragua, 16 años después, descubrió que la especialidad de Oftalmología estaba muy atrasada y decidió invertir en tecnología de última generación, para poner al país a la par de las principales clínicas del mundo. Invitó a varios especialistas internacionales a realizar cursos de cirugía láser, con los cuales actualizar a los galenos nacionales. El proyecto de Miguel es hacer de la clínica una escuela médica de oftalmología y para ello, la ha equipado con varios quirófanos, salas de procedimientos y una serie de aparatos que nombrarlos y detallarlos solamente causaría confusión a los simples mortales. Pero para que tengamos una idea cuantitativa, la inversión realizada por Molina es de aproximadamente US$600,000 dólares, uno sobre otro. Y ahora, la pregunta obligada:
¿Cómo se hace para tener tanto éxito empresarial siendo médico?
Mucha gente no es muy exitosa, porque no se arriesga. Los nicaragüenses hemos vivido tantos trajines, que nos hemos acostumbrado a los riesgos. Llegué a Puerto Ordaz, ciudad al sur de Venezuela, sin ningún capital, más que el que llevaba en el cerebro. No tenía nada que perder. Comencé a trabajar y trabajar hasta que logramos adquirir nuestra casa propia. Posteriormente, decidí comprar mi primer equipo láser, el cual tenía un valor de cuatrocientos mil dólares. La única opción que me daba el banco era empeñar la casa que recién había comprado. Mi esposa me preguntó si estaba loco, pero yo le dije que estaba decidido y que haría la compra. Lo más que puede pasar es que perdamos la casa, y eso qué importa si cuando venimos aquí no la teníamos, le dije. Así fuimos poco a poco, trabajando con dedicación y constancia. Asegurándonos que los pacientes quedaran bien y ahora, dada nuestra calidad, somos una referencia en el sur del país.
¿Es normal que en Venezuela los oftalmólogos tengan clínicas como las tuyas?
En Venezuela sí. Hay unas 20 ó 30 clínicas, y todos nos conocemos. Dos clínicas en Venezuela y una en NicaraguaEste médico emprendedor se ha granjeado un lugar y prestigio en aquel país sureño, de manera tal que además de su clínica en Puerto Ordaz, tiene otra en la famosa isla turística de Margarita, donde viaja cada quince días a operar. A nuestro país viaja dos o tres días cada mes, y realiza unas diez operaciones diarias. También ha invitado oftalmólogos nicas a Venezuela, quienes están implementado la forma de trabajo en Nicaragua. La idea es que llegue un momento en que ellos puedan hacer las operaciones sin su presencia.
Pero dentro de toda su ascendente carrera y proyectos por desarrollar, Molina está consciente de la situación de la población nicaragüense, y en Opti-láser se considera la capacidad económica de los pacientes y se realizan operaciones de carácter social (sin llegar al 100% del valor de la operación), siempre que el caso lo amerite. Para que se tenga una idea de los precios de la clínica, operarse de Miopía cuesta entre 800 y mil dólares. Esto para Nicaragua es muy caro, pero en Europa, Asia y Norteamérica puede llegar a costar hasta tres mil dólares. Por eso es que ha comenzado a recibir pacientes de esos países.¿Sos más empresario que médico?La parte gerencial la he ido delegando. En Venezuela tengo un gerente general y otros en cada localidad. En Venezuela hay una clínica en la isla Margarita y otra en puerto Ordaz, la cual tiene 14 consultorios, tres salas de quirófanos, etc., etc.
Existen médicos muy capaces y preparados que no piensan en un desarrollo como el tuyo. ¿Qué te diferencia de ellos?
Me gusta tomar riesgos.Pero no tomaste el riesgo de quedarte en Nicaragua en el 82(Reímos) Pero es que el riesgo era quedarme solo. Mi esposa no se adaptó. Pero volviendo a la pregunta, creo que lo llevo en la sangre. Cada día estoy pensando en qué cosas nuevas voy a hacer.
¿Qué riesgos hay en la Venezuela de Chávez?
Llevamos siete años oyendo lo mismo (rumores). Yo no soy político, pero pienso que en Venezuela hacía falta un cambio. Había y aun cuando se está atendiendo, todavía hay pobreza. Chávez no se ha metido con los empresarios, tal vez con los grandes que tienen más de diez mil hectáreas. Con las industrias tampoco. Creo que es más lo que se dice que lo que hace. Nosotros seguimos comprando y renovando equipos, si hubiese grandes riesgos no lo estaríamos haciendo.
¿Qué mensaje les puedes mandar a nuestros lectores?
La vida me ha enseñado que hay que ser emprendedor. Arriesgarse, no tener miedo. Creer en el país en que se vive. Hay que echar “pa delante” donde se está, con lo que tienes y como estés. Hay que tener fe en uno mismo.Introducción al cooperativismoDescubra el mundo del cooperativismo. Infórmese sobre los múltiples beneficios que ofrece y conozca ejemplos de empresas cooperativas exitosas. Nacionales e internacionales.
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