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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 21 de Febrero de 2006 - Edición 9352
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Iba un patito para la escuela…

Freddy Quezada responde a las críticas que Leonel Delgado Aburto hiciera, en estas páginas, a su libro “El Pensamiento Contemporáneo”, insistiendo en “no paralizarse por determinismos geográficos y culturales”, sino más bien apoyarse en “metodologías más profundas” y romper “las camisas de fuerza que impidan el uso y la aplicación de otras formas de ver el mundo”


Iba un patito para la escuela… - Foto

Recuerdo que en la primera presentación que hice de El Pensamiento Contemporáneo empezaba con la valoración que hacían del libro amigos y críticos. No las repetiré hoy, pero sí debo agregar al menos una venida de Leonel Delgado, uno de esos chicos divertidos que las universidades nuestras, ilusionadas, envían a formarse sobre las nuevas corrientes al extranjero, los que, cuando están de vuelta, no las reconocen, antes bien, las patean, regresando peor de lo que se fueron.

Delgado, al parecer, no conoce frases clásicas, ignorancia que me halaga al atribuírmelas como si fueran mías, y que cualquier estudiante de los primeros años de carreras humanísticas reconocería de inmediato. Por ejemplo, la de Nietzche “no hay hechos, sólo interpretaciones”; o la de las feministas de los noventa de inspiración foucaultiana “no hay derechas ni izquierdas, sólo empoderados y desempoderados” o la idea central por la que se partieron la vida Lyotard, Baudrillard y Derrida, contra los metarrelatos emancipatorios y su lógica en contra de “hablar por”.

Pero esta ignorancia, de la que me aprovecharía si de verdad fuera cínico, ofende cuando coloca a Krishnamurti (debe creer que es uno de esos gurús charlatanes que abundan en las librerías de los supermercados) como New Age; llama a Althusser post-estructuralista (debe seguir en su cabeza ese manualito de su discípula estructuralista Martha Harnecker, donde seguro aprendió ese marxismo que él cree que yo suprimo); desconoce la famosa entrevista de Edward Said, donde invita a los subalternos a no dejarse interrogar por los científicos sociales y callar; llama “delirante” y pone en duda esa clasificación escolar, de Larousse para niños, de nihilistas clásicos a Heidegger, Nietzsche y Schopenhauer; y, por último, me hace descender del panfleto “Manual del perfecto idiota latinoamericano”, sin advertir que una recensión crítica mía contra ese pasquín todavía la usan los libreros en España, para avisar a lectores desprevenidos. Puede verse en http://www.trazegnies.arrakis.es/critica.html
Pero el colmo es que este biógrafo de autobiografías, si cabe ese extraño oficio de objetivar hasta lo más subjetivo, creado por su tesis doctoral, al creer que reduzco todo al “hablar por”, confiesa no conocer las teorías dinámicas no lineales y las holísticas y, sin embargo, se permite “hablar por ellas”, pero ya no en el sentido de representación que tiene la acepción en debate, sino por pura cantinflería, para devolverle una expresión muy apreciada por él.

Vaya muchacho que, al parecer, cree que soy yo el que evito la realidad y no el que la calumnia con sueños, utopías aburridas y de segunda mano, generalmente construidas por intelectuales ambiciosos o ingenuos; vaya chico que merece, sin duda, una segunda oportunidad de formación más productiva, cercana y barata, donde las Osoritos, maestras de párvulos, dulces pero severas, pobres pero dignas, que al recibirlos de sus madres por primera vez les decían: “tome, fórmelo, que lo único que sabe, hasta ahora, es respirar”. A continuación, tomándolos de las manos les enseñaban a cantar “iba un patito para la escuela, con sus calzones muy remendados…”
Quiero centrarme, pasando ya a la obra, en tres aspectos que me parecen cruciales y lamento que Delgado, pudiendo hacerlo, no haya reparado en ellas:

a) No sé si ustedes han disfrutado de los pequeños artículos de sabiduría “oriental” de José Carlos García Fajardo, en la página de opinión de END; no lo conozco, y, al parecer, es profesor de una universidad prestigiosa de España. Lo que me llama la atención de este autor es que, cuando aborda temas contemporáneos (y lo ha hecho un par de veces), lo hace desde una perspectiva tradicional, clásica y emancipatoria. No logro distinguirlo de otros sociólogos, digamos clásicos, que hacen lo mismo. Me pregunto, entonces, por qué no aplica a la situación contemporánea que comenta toda la sabiduría, metodología y cosmovisión que emplea en sus deliciosos cuentecitos de Serguei y su maestro. Son como dos José Carlos, uno rico y fecundo en enseñanzas y otro que no ha aprendido nada de las propias lecciones que recomienda cuando juzga realidades actuales.

b) En la última obra de Raúl Fornet Betancourt, que termina en una polémica amistosa con Enrique Dussel, Juan Carlos Scannone y Luis Villoro, me llamó la atención que propusiera el empleo de “Nuestra América” (de clara inspiración martiana) en vez de “América Latina”, la cual sugiere Fornet como impropia, por la exclusión que los criollos “latinoamericanos” ilustrados siempre han hecho de las comunidades originarias y de los afroamericanos (que también los hay en Canadá y EU). Me asombra que haya autores que todavía piensen que con nombrar a los excluidos (sin asimilar y hacer propia sus cosmovisiones), ya están incorporados, si es precisamente lo que siempre se ha hecho desde los discursos de representación. Me pregunto en este caso, como en el anterior, por qué, entonces, detener la interculturalidad universal de la que habla Fornet Betancourt en un continente. Por qué no incluir las tradiciones mal llamadas “orientales”, como el hinduismo, el zen, el budismo y el taoismo.

c) Los dos puntos anteriores me sirven para ilustrar qué perseguí en esta obra. Algo que todavía no sé si logré.

En un caso, un autor no combina una cosa con otra; el otro cree que con nombrar, sin aplicar el método de los nombrados, es suficiente.

Entonces, hice lo que no hace José Carlos García Fajardo, aplicar metodologías “orientales” (basadas en la paradoja, el relativismo, la mística, el silencio, la disolución del yo y el deseo, etc) a las realidades cotidianas y a los paradigmas del pensamiento que, de suyo, tratan de recentrar, a su manera, algunas tradiciones occidentales que hasta hace poco eran marginales y que, por la vía de algunos científicos no lineales, sabios holísticos y filósofos del lenguaje, han luchado por rescatar, asombrándose en el camino, de lo parecido con las tradiciones tenidas por “orientales”, como el caso de Fitoj Kapra, con la física de partículas y la danza de Shiva.

d) Y dos, ir más allá de Fornet Betancourt, al no paralizarme por determinismos geográficos y culturales en épocas de globalización, no sólo nombrando tradiciones no americanas del pensamiento, sino incorporando sus metodologías más profundas y rompiendo camisas de fuerza (como el estar dando vueltas y llorando por América Latina) que impidan el uso y la aplicación de otras formas de ver el mundo.

¿Es tan difícil comprender todo esto?




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