feb 23, 2006
El oráculo de Delfos, origen de las artes adivinatorias
Entre los lugares míticos más conocidos de la antigüedad, en los que se desarrollaba el conocimiento de la adivinación, se encontraba el oráculo de Delfos. Situado en un gran recinto sagrado, estaba dedicado al dios Apolo, a quien se le había erigido un gran templo en su centro, al pie del monte Parnaso. Las musas rondaban por los alrededores de los jardines, para conceder inspiración a las pitonisas, y las náyades se bañaban en las fuentes para agradar la visión de los dioses
Isabel Martínez Pita
EFE/REPORTAJES
De las rocas de las montañas brotaban manantiales que iban a fluir en las fuentes del templo sagrado. Una de estas fuentes era la fuente de Castalia, rodeada de un bosque de laureles consagrados a Apolo. El oráculo de Delfos influyó, en gran manera, en la colonización de las costas del sur de Italia y de Sicilia, y llegó a ser centro espiritual del mundo helénico.
La férrea disciplina de las pitonisas
Las pitonisas eran las figuras emblemáticas y protagonistas del oráculo. Sus vidas estaban sometidas a una férrea disciplina, por lo que para la elección de esta figura femenina fundamental no se exigía origen ni clase social determinada, sino, únicamente, una conducta y costumbres irreprochables. Una vez que resultaba elegida, debía pasar los trámites ritualísticos, para conseguir la limpieza de espíritu y recibir las bendiciones del dios Apolo. Del contenido de estas misteriosas celebraciones apenas se conocen algunos detalles, pues permanecían en el más absoluto secreto.
Se sabe que la pitia o pitonisa se sentaba en un trípode que estaba en un espacio llamado ‘adition’, al fondo del templo de Apolo, en un lugar denominado “lugar sagrado de acceso prohibido”.
La denominación “pitonisa” procede del topónimo de Pyto (o Pito), nombre que recibe en la época de la Grecia clásica una parte de la región, en la que está enclavado el monte Delfos, sinónimo de Pyto. A su vez, este nombre fue tomado de la serpiente Pitón, que vivía en las cuevas de esta zona griega. La mitología cuenta que el dios Apolo dio muerte a la serpiente Pitón en el monte de Delfos, para conseguir su sabiduría y adueñarse del poder de predicción del oráculo.
Continúa la tradición explicando que Apolo, tras dar muerte a la serpiente, guardó sus cenizas en un sarcófago, el que quedó enterrado debajo del ónfalos, en el templo de Apolo, y fundó en su honor unos juegos fúnebres que se llamaron Juegos Píticos. De Pitón derivó el nombre de pitia o pitonisa.
Una vez que eran elegidas las pitonisas, que en los tiempos de apogeo del oráculo llegaban a ser tres, éstas quedaban sometidas a estrictas reglas de castidad y de vida monacal, para el resto de sus vidas. En los tiempos de mayor fama de Delfos, las pitias llegaron a ser tres, para poder atender todas las demandas que solicitaba el pueblo griego o los extranjeros que se acercaban al lugar, en busca del consejo de los dioses helenos.
El ritual del peregrino
Los peregrinos se acercaban al oráculo caminando desde Atenas, o en barco hasta el puerto llamado Itea, en la actualidad. Llegados al magnífico templo de Apolo, ascendiendo el Monte Parnaso por la Vía Sacra, se purificaban en las aguas de la fuente de Castalia. Entonces, salpicaban una cabra con agua fría y si temblaba con todo el cuerpo era sacrificada y el peregrino autorizado a hacer su pregunta.
Los consultantes debían acercarse unos días antes hasta el oráculo, para hablar con la pitonisa, y la ceremonia debía celebrarse los días siete de cada mes, ya que se consideraba que en esa fecha había nacido Apolo. Hasta allí se dirigían para solicitar orientación sobre el destino de sus vidas, hombres ricos y pobres, reyes y esclavos.
En el momento de celebrar el oráculo se debía efectuar una serie de ritos que, convenientemente cumplimentados, potenciaban la fuerza de transmisión y recepción de los mensajes que se producían entre los dioses y la pitonisa.
En primer lugar, se ofrecía un sacrificio en el altar que se erigía delante del templo. A continuación había que atender las cuestiones pecuniarias y pagar las tasas correspondientes, para después dirigirse a la pitonisa oralmente y realizar sus consultas. La pitonisa recibía la inspiración y transmitía a un sacerdote los mensajes que eran recogidos en forma de versos, y éste los entregaba posteriormente al consultante.
Fue el emperador cristiano Teodosio quien lo clausuró, en el año 390.
Durante los siglos III y IV se difundió una leyenda, por parte de autores cristianos, como San Juan Crisóstomo y Orígenes, quienes intentaron de esa forma eliminar el mito de los oráculos de la época helénica, con la intención de hacer desaparecer los vestigios paganos que pudieran quedar en la memoria de los hombres.
Según esta leyenda, el trípode de la pitonisa se encontraba en una profunda grieta de la roca, que emanaba ciertos gases tóxicos que, acompañados por la ingestión de hojas de laurel, producían un estado psicotrópico en la mujer. La pitonisa, en estado de embriaguez y desesperación, entraba en trance y vociferaba las palabras inconexas de unos mensajes que no eran más que invención de una mente perturbada.
Sin embargo, lo cierto es que no se ha dejado ningún escrito acerca del procedimiento de estos oráculos, ni los estudios arqueológicos y geológicos hechos en la zona han descubierto ninguna grieta con esas características.
Sin embargo, el latino Cicerón, en el ‘De divinatione’, denuncia al oráculo como un fraude y, en el curso de los siglos siguientes, el mundo romano y luego el cristiano destruyen la influencia del santuario.
Oribase, enviado en el 362, durante el breve reinado de Juliano el Apóstata, para intentar restaurar el templo, ha recogido el último oráculo conocido: “Dile al rey que el templo glorioso ha caído en ruinas; Apolo ya no tiene techo sobre su cabeza; las hojas de los laureles están silenciosas, las fuentes murmurantes y los arroyos proféticos están muertos”.
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