La post-universidad
Carlos Tünnermann Bernheim En ocasiones anteriores he afirmado que los procesos de cambio que se dan en la sociedad contemporánea necesariamente influyen en el quehacer de las universidades y de la educación superior en general. A su vez, las exigencias provenientes de la revolución científico-tecnológica impactan las estructuras académicas y les imponen la perspectiva interdisciplinaria, como la respuesta más adecuada a la naturaleza del conocimiento contemporáneo. La llamada “crisis de la educación superior” es, entonces, una crisis de cambio, de revisión a fondo de sus objetivos, de sus misiones, de su quehacer y de su organización y métodos de trabajo. La alternativa es, entonces, muy clara: si las universidades no atienden las nuevas demandas, otras instituciones lo harán, al tiempo que se encargarán de convertirlas en piezas de museo. La reinvención de la universidad es un reto que deben asumir las comunidades académicas, especialmente las del llamado Tercer Mundo. Es lo que nos corresponde hacer en América Latina si queremos una universidad “a la altura de los tiempos”.
Recientemente, en una conferencia dictada en la Universidad Abierta de Cataluña (Barcelona, 17 de noviembre de 2005), el profesor Cristovam Buarque, ex Rector de la Universidad de Brasilia y brillante analista de la educación superior contemporánea, sostuvo que para el tercer milenio la universidad, tal como hasta ahora la hemos conocido, deberá cambiar, “no apenas ajustándose, sino transformándose realmente, para responder a la nueva realidad técnica y a las nuevas exigencias que el mundo impone a las ideas. De lo contrario, una nueva entidad surgirá: una post-universidad. El mundo asistirá al surgimiento de esa entidad, que pasará a existir paralelamente a la universidad, de la misma forma que convivieron convento y universidad. Ésta perderá la importancia que tuvo en los últimos diez siglos. Su capacidad de generación de saber superior será superada por la nueva institución, así como sucedió con los conventos, rendidos por la universidad”.
Al explicar las características de esa nueva institución, la “post-universidad”, el profesor Buarque señala trece diferencias con la universidad clásica, que nos permitimos resumir en este artículo. La “post-universidad” será una institución:
1. Sin dirección. La post-universidad no tendrá dirección geográfica, mas sí electrónica. Ella ciertamente mantendrá vínculos con puntos geográficos, pero, sobre todo, será una institución en red, que estará donde esté su alumno,
2. Sin disciplinariedad. En un mundo donde el saber cambia constantemente, las disciplinas perderán el sentido. Porque el saber no va más al avanzar sólo y sobretodo prisionero de una especialidad, sino con el surgimiento de nuevos campos de conocimiento.
3. Sin nacionalidad. Las universidades fueron las primeras instituciones, después de la Iglesia Católica, que promovieron el intercambio internacional entre sus miembros, muchos siglos antes de las grandes empresas coloniales.
4. Sin aislamiento. La post-universidad será una red de todas las unidades de promoción del saber superior. La post-universidad en red incorporará no solamente centros específicos de enseñanza y pesquisa, en los moldes actuales, sino también todas las instituciones que generan el saber: industrias, consultores, laboratorios, oficinas domésticas.
5. Sin muros. Las universidades surgieron contra el aislamiento de los conventos en relación con la sociedad que los cercaba. Y, si se la compara con los conventos, se aproximó a la sociedad. Pero la realidad del inicio del siglo XXI está provocando un alejamiento todavía más radical que el existente en la Edad Media, entre los que tienen y los que no tienen saber. Mientras se integra de forma intelectual con el mundo, la universidad se aísla socialmente de su rededor. El adelanto técnico y el crecimiento económico están construyendo una sociedad tan radicalmente dividida que en breve puede ocurrir una ruptura en la especie humana, dividiéndola en dos partes distintas. Cabe a la post-universidad luchar para que el destino de la humanidad sea no la ruptura, sino el encuentro. Por eso, la post-universidad no puede estar aislada de la realidad. Ella debe involucrarse en los problemas sociales que ocurren alrededor de sus alumnos.
6. Sin selección. Mientras esté moralmente alerta para no aislarse, la post-universidad deberá tener en su estructura instrumentos de inclusión social, una vez que, siendo abierta, ella podrá recibir como alumnos aquellos en la actualidad excluidos de la universidad.
7. Sin neutralidad. Para ser humanista, la post-universidad tendrá que hacer una opción ética. Si la ciencia y la tecnología pueden provocar catástrofes físicas, destruir el equilibrio ecológico y provocar genocidios, las ingenierías, la química, la física y otras áreas precisarán someterse a reglas éticas.
8. Sin sectarismo. Para dejar la neutralidad ética, la post-universidad precisará dejar también el método científico frío, separado del sentimiento y de los compromisos morales. En ese nuevo saber, la ética será parte del propio conocimiento, por medio de un método que una la racionalidad con los valores morales.
9. Sin profesor. Con la dinámica actual con la que el saber evoluciona y se difunde, disminuye la frontera entre quien ya sabe y quien todavía va a saber, entre profesor y alumno. En la post-universidad, profesor y alumno serán partes de una única función: el permanente aprendizaje del saber en evolución.
10. Sin diploma. La post-universidad dejará de otorgar diplomas, porque no podrá responsabilizarse por el ejercicio del conocimiento que transmitió y que estará superado al año siguiente; y porque los usuarios del saber no respetarán un papel que compruebe un saber adquirido en el pasado y ya superado.
11. Sin plazo. La post-universidad no va a poder determinar los plazos en los cuales el alumno se transforma en profesional, y el profesional en doctor. Ella va a formar siempre, y hasta siempre.
12. Sin propiedad. El debate actual en la comunidad académica ha creado la dicotomía equivocada entre público y privado, como sinónimo de estatal y particular, según la propiedad de la institución. La post-universidad va a sustituir la categoría de propiedad por la categoría de finalidad. Más que estatal o particular, según la propiedad, será fundamental lo público o privado, según el interés del producto creado.
13. Sin Rector. Innegablemente, la universidad siempre tendrá sus órganos dirigentes, sus decanos y sus ejecutivos-jefe, como los rectores. Sin embargo, en la post-universidad, esos dirigentes y ese rector no ejercerán cualquier forma de hegemonía. La universidad tiene que ser libre, sin ninguna hegemonía ideológica, sin supremacía administrativa, sin predominancia de un área de conocimiento sobre otra.
Finalmente, el profesor Buarque adopta una posición esperanzadora: “Frente a la necesidad de cambiar, pero impedida de hacerlo, la universidad será posiblemente sustituida por otro tipo de institución, que ocupará el rol de vanguardia del saber que le perteneció por los últimos mil años. Sin embargo, la relación de afecto que tuve con la universidad por toda mi vida adulta, me encarcela en la esperanza de que aún sea posible que ella evolucione por sí misma, y que no haya necesidad de una institución llamada post-universidad”.
Managua, marzo de 2006.
Comentarios de nuestros lectores acsandino@yahoo.com
post universidad es la llamada universida "on-line"
es la nueva forma de estudiar y sacar un 'titulo'.
todo por el internet, el alumno se reporta una vez al mes a un lugar para hacer examinaciones etc. y si da resultado, no hay tanto traqueteo ni tenciones , se hace al ritmo del estudiante ...
Es bueno que nuestras universidades ofrezcan estos cursos cibernéticos para la poblacion , definitivamente es el futuro.
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