El Nuevo Diario
Portada | Archivo | Escríbenos | Suscríbete
  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 14 de Marzo de 2006 - Edición 9188
Nacionales
-
Sucesos
-
Departamentales
-
Internacionales
-
Ciencia
-
Opinión
-
Política
-
Contacto END
-
Deportes
-
Variedades
-
Informática
-
Especiales
-
Economía
Otras secciones
Cultura
Clasificados
Horóscopo
Turismo
Emprendedores
Empresas
Club de lectores
Suplementos
El alacrán
Nuestro mundo
Ellas
Misterios & Enigmas
Salud y sexualidad
Nuevo amanecer
Buena onda
El Deportivo
Otros servicios
Suscripciones
Nuestros servicios
Directorio
Noticias más leidas
Noticias por correo
RSS XML
Servicios web
Blogs

Alcanzan cráter “ronco y sonoro”

Una aventura hacia la cima del Momotombo


Una aventura hacia la cima del Momotombo - Foto
El hermoso paisaje que domina la travesía de escalar y descender el Momotombo, es sin duda, un espectáculo que roba demasiado tiempo durante la excursión.

II y última entrega

Fotos de Héctor Zamora Aguirre
ESPECIAL PARA EL NUEVO DIARIO

Tras descansar algunas horas en la parte media del imponente volcán Momotombo, el grupo de turismo de aventura que decidimos escalar el coloso, nos levantamos y preparamos muy temprano para acometer la cima del “ronco y sonoro”. Dormir ha sido parte esencial para poder realizar la marcha, pero mis pensamientos vuelan mientras se acerca la hora.

Tu voz escuchó un día Cristóforo Colombo; / Hugo cantó tu gesta legendaria. Los dos / fueron como tú, enormes, Momotombo, / montañas habitadas por el fuego de Dios. Me despierto pensando en el poema del paisano inevitable. Son las 3:40 en la madrugada. Martín entró a la casa de campaña, no sé a qué hora. Voy a la casa de campaña de Guillermo y me dice que la hora de levantarse no es a las 4:00, sino a las 4:30, que duerma un rato más. Camino un poco cerca del campamento y luego me recuesto sobre el colchón vacante de Martín.

A las 4:30, casi 5:00, Guillermo sale de su casa de campaña. Ya es tiempo de levantarse. Cada quien va preparándose. Neville, Héctor y yo aprovechamos el amanecer para tomar fotos. Imágenes surrealistas. La luna está al poniente, tiñendo al horizonte de tonalidades que enamoran los ojos. Del sol apenas nos enteramos, pues está detrás del volcán y no se mira. Hay un arbusto solitario hacia nuestra izquierda. Héctor va hasta allá a tomarle fotos. Es peculiar: es la forma de vida más cercana al cráter. Después de ese arbusto, seremos nosotros.

Hay que desayunar y dejar todo el campamento desarmado y listo para ser recogido cuando bajemos del cráter. Uno de los guías se quedará aquí, vigilando las cosas, y los otros tres guías más el grupo subiremos hasta la punta. Alguien sugiere que lo hagamos cuando regresemos, ya estamos atrasados, y entre más temprano salgamos, más evitamos agarrar lo caliente del mediodía allá arriba. La advertencia de Guillermo es clara: cuando regresemos, vamos a estar molidos y no vamos a tener ganas de desarmar todo, falta lo más duro, aclara. Falta lo más duro, repite.

Todo el cansancio y el dolor del recorrido de ayer se evaporan al escuchar la advertencia. Olvido que mis tobillos, ratones y muslos siguen como conectados a algún cable de alta tensión. Miro hacia el cráter y tiene razón. Para subir, la pendiente es pronunciada y caminaremos sobre arena. Para ayudarnos, se les saca punta a unas ramas, de tal manera que sean usadas como bordones mientras subimos. Nos alistamos, y empezamos a subir.

Relativamente joven
El Momotombo es un volcán de tipo estratovolcánico, ubicado en las coordenadas 12.423°N, 86.540°W, al Noroeste del lago de Managua, frente a la isla de Santa Rosa, a unos 160 metros. Relativamente joven, el Momotombo empezó a crecer hace unos 4,500 años en la cola de la cordillera de los Marrabios (o Maribios), hasta tocar el cielo a 1,280 metros (o 1,297 m., según otras fuentes). Se le asigna la categoría de “difícil” en cuanto a la facilidad o dificultad de escalarlo. Es, sin duda, uno de los paisajes más representativos de Nicaragua, pues su cono casi perfecto puede ser apreciado desde Managua hasta Matagalpa, a más de 110 kilómetros de distancia. En cuanto a temperatura, algunas partes del volcán superan los 500° C.

Los antiguos misioneros españoles, por ejemplo, no pudieron alcanzar la cima por el temor de sus constantes convulsiones y la pendiente de sus empinadas laderas cubiertas de arenas movedizas.

El Momotombito y el olor a azufre
Al inicio vamos sobre arena fina y más o menos compacta, que permite ir subiendo sin mayor dificultad. No estamos subiendo en línea recta hacia el cráter, porque agarraríamos todo lo dificultoso de la pendiente. Vamos en diagonal, hacia la derecha. Aun así, ascender requiere esfuerzo. Mientras subimos, el paisaje a nuestras espaldas es simplemente espectacular. Somos privilegiados. El Momotombito nos observa desde el agua, y las montañas, valles, hilera de volcanes, lagunas, el Xolotlán, sumadas a la neblina en la cúspide, inspiran un misterio gozoso. Seguimos caminando hacia el cielo, y no me sorprendería que en el cráter esté el portón dorado de San Pedro. Después de todo, sólo se podría describir lo que vemos como un paraíso bíblico.

Samuel y yo nos hemos quedado atrás, para variar. Sí, vamos hechos tucos. El resto del grupo ha seguido subiendo, nosotros vamos más lento. Guillermo y Tilín nuevamente nos acompañan todo el trayecto. En este punto, nadie puede ir solo. A eso de los 900 metros, la acumulación de arena es mayor y las piedras adquieren mayor tamaño. Al dar un paso, retrocedemos la mitad. También persiste lo peliagudo de la pendiente. Guillermo nos propone subir en línea recta hacia el cráter, para así alcanzar al resto del grupo. Para contrarrestar la pendiente usaremos una cuerda de unos 15 metros, y escalaremos con ella. Guillermo y Tilín parecen gatos monteses subiendo la arena suelta, para clavar la estaca con la punta de la cuerda amarrada, y así vamos, poco a poco, llegando hasta donde está reunido el grupo. Han pasado unas 4 horas y media desde que salimos del campamento. Hemos llegado prácticamente enfrente de los farallones. Es una pared volcánica solemne. Tenemos que bordearla para poder llegar al cráter.

Hay dificultades subiendo una elevación rocosa. Aquí lo peligroso es que las piedras se desmoronan con nuestro peso, por lo que usamos de nuevo la cuerda por cualquier eventualidad. Subimos todos, más de uno con buenos golpes. En este punto es más fácil caminar por la compactación del terreno. El olor a azufre va creciendo y en ocasiones nos ahoga, respiramos azufre y no oxígeno. Samuel, asmático, debe cubrirse la boca con un pañuelo para reducir el dolor del azufre entrando a sus pulmones. El reloj marca las 10:30, por fin llegamos al cráter.

Cráter "echado"
Contrario a lo que se observa desde la carretera, el cráter del Momotombo no es perfecto. Está hacia un lado. Héctor lo describe como una gran protuberancia causada por cierta gran explosión, que abrió la montaña por ese lado. El hoyo que causó esta explosión no se puede apreciar desde la carretera y menos desde Managua. Caminamos sobre el borde y disfrutamos la acuarela del panorama. Estamos a casi 1300 msnm. Sacamos las cámaras y aprovechamos. Mirar el cráter de 150 x 250 metros es portentoso. Estar ahí es extraordinario. El humo sulfuroso sale por la superficie de donde nos encontramos. ¡Ay, Momotombo!, ¿por qué sos tan glorioso? Se notan claramente los cuatro kilómetros de negra lava de su última erupción, hace 101 años. Uno se siente tan minúsculo ante tan tremendo Goliat.

Después de todo el sacrificio, estar aquí da una sensación triunfal. Subir hasta aquí no es como irse a tomar una cervecita a la esquina. Don Momo nos recompensa con toda su belleza, que no permite que ponga en esta crónica humilde lo que se siente estar ahí. Las imágenes son lo más cercano, que con voz propia describen la aventura. A ellas me remito, indicando que la única forma de experimentar este gozo es estar ahí, aquí, en la puntita de este volcán, uno de los panoramas más característicos de nuestro país.

El descenso será complicado, pues iremos por un camino más peligroso. Habrá gritos de enojo, más caídas, y momentos en que cada cual irá prefiriendo quedarse sentado que seguir bajando por ese camino rocoso. Pero así iremos hasta donde inicia la arena, y desde allí, tendremos varias opciones para descender la pendiente: corriendo, usando las estacas como si fuéramos esquiando sobre la arena, o la forma de bajar registrada y patentada por Martín y Samuel, descender deslizándose sobre las nalgas. Sea como fuere, es divertido y peligroso al mismo tiempo.

Por la característica del lugar donde vamos bajando, quien esté arriba puede hacer que una piedra ruede hacia abajo, con la posibilidad de que golpee a quien vaya abajo. Ahí será necesario usar la clave “¡Pieeeeeeeeedra!”, en caso de que alguna amenace nuestra seguridad. Por cierto, ya no tenemos agua y en el campamento hay poca. Comienza una carrera, literalmente, para ver quién llega primero al campamento y logra disfrutar de la poca agua o alimento que queden en nuestras mochilas.

Cuando lleguemos al campamento, faltará atravesar desde ahí de nuevo todo el bosque seco. Pero vamos en bajada, y eso facilita las cosas. Llegaremos cansados, molidos, adoloridos, negros por la arena, o bien con el pantalón roto en las nalgas por haber descendido sobre él.

Todo ha valido la pena. Pienso que, naciendo en el País de Lagos y Volcanes, todo nicaragüense debe subir al menos un volcán en su vida. Es una aventura gratificante, en la que la satisfacción supera con creces al dolor físico.

Hay más historias para contar, como aquella en que Martín y yo nos perdimos media hora a mitad del bosque seco, sin agua, comida ni comunicación, hasta que fuimos rescatados, por casualidad, por un muchacho que trabaja en la zona, con un caballo (Juancho), gracias al cual llegamos sanos a donde nos espera el microbús. Pero prefiero la historia de los quesillos y tiste esperándonos en Nagarote, y los comentarios de “Jamás vuelvo a subir un volcán”, que son seguidos unánimemente por: “¿Cuándo es la próxima gira?”
Pero estas historias quedarán para otra ocasión, tan cercana como estos próximos días de marzo, cuando subiremos los 1,745 metros del San Cristóbal. ¿Qué dice usted, estimado lector, se apunta?

www.juarezpolanco.com


(Nota: Los interesados en este turismo de aventura pueden contactar a nuestros guías Guillermo al 60-43319, y Carlos al 85-34236.)




imprimir imprimir  email enviar
Especiales

»Bush afronta sus horas más bajas

»Jaque mate a Solórzano

»Una aventura hacia la cima del Momotombo

»El Código Da Vinci relanzó al Opus Dei

»CNC detalla irregularidades

»Cerebros heridos en combate

»Nueva Orleáns, seis meses después de Katrina

»En la sala de muerte


Portada | Nacionales | Sucesos | Departamentales | Internacionales | Opinión | Política | Deportes | Variedades | Economía
El Nuevo Diario (c) 1998-2005 e-mail: info@elnuevodiario.com.ni
Guegue.Com - Desarrollo y Hospedaje Web