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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Viernes 17 de Marzo de 2006 - Edición 9192
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De frente

Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional


Recomposición
Daniel Ortega Saavedra, Sergio Ramírez Mercado, Moisés Hassan Morales, Alfonso Robelo Callejas y Violeta Barrios de Chamorro integraron la primera Junta de Gobierno. Durante ese período se aprobaron las reglas fundamentales que marcarían el rumbo de la Revolución. Alfonso Robelo y Violeta Barrios de Chamorro no eran miembros del FSLN. Es de sobra conocido que la inclusión de los dos fue resultado de una decisión de la tendencia tercerista tomada a través de Humberto Ortega. Originalmente no se había pensado en una composición así. Antes de octubre de 1977 y la toma de San Carlos, lo que se pretendía era establecer una presidencia provisional que sería ocupada por Felipe Mántica.

La decisión de Felipe, que lo desvincula del proyecto original, obliga a buscar una salida, incorporando al compromiso de cambio a Robelo como representante de un sector emergente de la empresa privada, y a Violeta por su comunión y solidaridad con la lucha de Pedro Joaquín como había que mantener la frágil unidad de las tres tendencias del FSLN; pero alrededor del mando tercerista, se decidió integrar un cuadro de otra de las tendencias. Después de una ronda de consultas dirigidas por Humberto Ortega, surgieron los nombres de Julio López Campos y Moisés Hassan Morales. Moisés fue el escogido y junto a Daniel Ortega y Sergio Ramírez garantizarían la orientación sandinista que emanaba del la Dirección Nacional del FSLN.

A lo interno de las tres tendencias se coincidía, al fin, en que el objetivo final de la nueva sociedad revolucionaria estaría cimentado en los principios de un marxismo realista, que de hecho en América Latina hacía causa común con los movimientos cristianos y populares. La realidad se impuso para terminar con las contradicciones que se caracterizaron con los términos calificativos de: proletarios, (teóricos esquemáticos), guerra popular prolongada (foquismo) y terceristas (aventureros pragmáticos).

La vinculación de Robelo y Violeta con los sectores que representaban en la Junta de Gobierno, se va reduciendo de manera acelerada en la medida que el FSLN incorpora en cargos de gobierno a empresarios no tradicionales y ejecutivos del sector privado no comprometidos con el régimen de Somoza y a políticos afines al liderazgo de Pedro Joaquín Chamorro. La participación como colaboradores en la lucha contra Somoza de algunos antiguos ejecutivos de la familia Pellas facilitó un contacto con nuevos representantes de la empresa privada, y en especial con miembros del emergente sector político del MDN que contribuirían con su capacidad técnica de gestión. La tarea de formación y supervisión de los técnicos con funciones gubernamentales se realizaba en las Escuelas de Formación Política de Cuadros y la Comisión de Estado, ambas respondían de sus funciones ante la Dirección Nacional.

El 19 de mayo de 1980, después de las renuncias de Violeta Barrios de Chamorro y Alfonso Robelo, por Decreto No. 406 de la Junta de Gobierno --ahora de tres miembros-- se reforma el Arto. 11 del Estatuto Fundamental, integrándose a la Junta a Arturo J. Cruz y a Rafael Córdova Rivas. El Consejo de Estado es reorganizado --integrándose con 47 miembros-- y por su composición garantizaba que funcionara más como órgano de consulta del FSLN que como un espacio parlamentario tradicional. En realidad es la Junta de Gobierno la que ejerce las facultades legislativas. La organización y fuerza de los partidos políticos existentes era extremadamente débil

La reacción

Un sector considerable del sector capitalista tradicional ya había transferido sus recursos económicos al exterior, y a lo interno inician las actividades de descapitalización en sus empresas en Nicaragua. El FSLN, a través del gobierno, toma medidas para prevenir y sancionar esas actividades. El sector privado, que reclama por las medidas, percibe que los miembros no sandinistas de la Junta no tienen posibilidad de ejercer alguna influencia en las decisiones políticas del FSLN.

A partir de entonces, la desconfianza y temor de sectores empresariales y políticos tradicionales aumenta y optan por la confrontación. El Gobierno revolucionario comienza a resentir los efectos de esa confrontación --que se traducen en deterioro económico-- acentuado por la desarticulación del aparato productivo y afectado también por la asignación de recursos masivos destinados a beneficiar a los sectores más perjudicados por la marginación a los servicios públicos básicos.

Creo que los factores objetivos que afectaron la economía, y la casi inmediata amenaza militar apoyada abiertamente por el Gobierno de Estados Unidos --y los gobiernos de nuestra región que respondían a sus intereses por abortar la revolución-- contribuyeron a que el Gobierno del FSLN decidiera tensar todos sus esfuerzos en la defensa del proyecto revolucionario. Para ello había que captar el apoyo de la población históricamente marginada, y abrir amplios espacios de relaciones internacionales, especialmente con los países socialistas, tal vez con más celeridad de la prevista.

Indudablemente que se pudo tener un poco más de cuidado por la dirigencia del FSLN en las relaciones con Violeta y Alfonso Robelo. Su vinculación con sectores afectados por medidas que el FSLN estimó necesarias y justas para defender el proyecto revolucionario y cumplir el compromiso prometido a la población, exigían una atención cuidadosa en las relaciones con los miembros de la Junta. Si examinamos el contenido y trascendencia de las medidas jurídicas y políticas, que se tomaron respaldadas con la firmas de Violeta y Alfonso, habrá que reconocer que fueron más allá de sus características ideológicas y sociales individuales

Panorama actual

La polarización que llegó a situaciones extremas en esos años, hoy ya no es la misma. Es difícil, por no decir casi imposible, una nueva guerra intestina como la que se tuvo que librar contra la agresión militar abiertamente financiada, apoyada y entrenada por los Estados Unidos. Este país podrá seguir llevando su poder militar en forma directa a otras naciones como lo están haciendo en Irak. En el caso de Nicaragua, me parece que, a pesar de la escasa capacidad de razonar del presidente Bush, una nueva guerra como la de los ochenta no sería tolerada por los nicaragüenses ni la mayoría de la comunidad internacional.

El país está viviendo una crisis moral y política profunda. Las medidas económicas de la Nueva Era y el combate a la corrupción del presidente Bolaños han quedado relegadas a los discursos burocráticos.

Lo grave del futuro político es que las decisiones políticas, incluidas las que podrían resultar de las próximas elecciones a presidente y diputados están, en la práctica, sujetas a la voluntad de dos caudillos dueños y señores de sus respectivos partidos. Gane quien gane en las próximas elecciones, la conducta política de ambos caudillos nos indica que ellos podrán coincidir en sus intereses particulares, pero no en los de la nación. Y de no ganar ellos, habrá que esperar un milagro para que alguno de los aspirantes actuales, una a sus cualidades técnicas y políticas la entereza de doña Violeta, que sin pregonarlo, ni imponerlo, aun con las debilidades del Gobierno que encabezó, ya alcanzó un merecido respeto histórico. La amenaza electoral es de seguir siendo secuestrados, desde arriba o desde abajo, por el caudillismo bicéfalo.

17 de marzo, 2006




Comentarios de nuestros lectores

Genaro A Muniz
No se si este Arto es de TITO CASTILLO MARTINEZ no sé que quiere decir que seguiremos en manos de AA y DOS?????
Tito Castillo Martinez tiene mas materia gris que enseñar, medio mal orientada, pero la tiene



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