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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 19 de Marzo de 2006 - Edición 9194
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Sobre la libertad y apertura de comercio (Nueva generacion)


Actualmente se argumenta que la apertura comercial incrementa la pobreza, basándose en el caso de México. Sin embargo, se comete un grave error al asociar hechos concurrentes en el tiempo con casualidad. La caída de salarios de los mexicanos que aumentó la pobreza se debió a la política de estabilización que se tuvo que llevar a cabo luego de la crisis del peso y la devaluación. Por el contrario, la entrada al Nafta suavizó este ajuste tanto por el mayor comercio como por la fuerte ayuda financiera otorgada por los Estados Unidos.

Parte de los efectos dinámicos y de ‘equilibrio general’, a los que se aludía al principio, consisten en que la apertura económica y la competencia comercial, y el consecuente contacto que éstos provocan pueden directa e indirectamente promover las libertades civiles y políticas en los países. El comercio puede influir sobre el sistema político directamente al incrementar el contacto que los ciudadanos de una nación experimentan con el resto del mundo. La comunicación comercial puede provocar un intercambio de ideas y la exposición a nuevas formas de pensar, hacer negocios y organizar la sociedad civil. Junto al flujo de bienes de consumo e industriales también vienen, generalmente, libros, revistas y otros medios con contenido político y social. La inversión extranjera y los servicios crean oportunidades para viajar y estudiar en el exterior, permitiendo que los ciudadanos experimenten de primera mano libertades civiles e instituciones políticas más representativas de otras naciones. En este sentido, como se puede demostrar analizando el caso chileno, los países al incrementar sus relaciones comerciales terminan mejorando sus instituciones, ya sea directamente a través de la “importación” de las instituciones de países con los que comercian; o indirectamente, esto es, a través de las necesidades que impone tener una amplia participación de las cuotas de demanda de bienes y servicios por parte del resto del mundo.

Insistimos que para que las relaciones sean beneficiosas los contactos deben ser entre los ciudadanos en un marco de desregulación al interior de los países y no entre los gobernantes. Es decir, que las relaciones comerciales se deben establecer en el marco persona-persona, empresa-empresa. Si los países se relacionan en un contexto Estado-Estado es imposible que se den estos beneficios que estamos comentando o por lo menos se verían mermados en gran medida.

Se podría argumentar que en el caso que estamos estudiando incremento del comercio entre países pobres, subdesarrollados y con una calidad institucional deficiente, no se obtendrían estos beneficios. Sin embargo, sin dejar de reconocer que el proceso sería más acelerado si la integración fuera con países desarrollados y con mejor calidad institucional, estamos convencidos de que los beneficios se consiguen igualmente en el caso de la integración de las naciones latinoamericanas; y, adicionalmente, si el bloque es abierto y creador de comercio más que desviador, esta desventaja se puede ver suavizada notoriamente.

Por otra parte, la libertad económica y el comercio proveen un contrapeso al poder gubernamental. Un mercado libre disemina la toma de decisiones económicas entre millones de productores y consumidores en lugar de dejarla en manos de unos pocos actores gubernamentales centralizados que podrían, y de hecho muchas veces lo hacen, usar ese poder para suprimir o marginar a la oposición política. Al respecto, el teólogo y pensador social Michael Novak identificó esto como la ‘teoría de la cuña’, en la cual las prácticas capitalistas «brindan contacto con las ideas y las prácticas de sociedades libres, generan crecimiento económico que da confianza política a una creciente clase media, y cultiva líderes empresarios exitosos que pasan a representar una alternativa política a los militares y líderes de partidos. En resumen, las empresas capitalistas colocan una cuña que impide que se cimiente el autoritarismo».

Igualmente importante es el hecho de que la libertad y apertura económica también incentivan a la democracia indirectamente al aumentar los niveles de vida y expandir la clase media. La teoría económica y la evidencia se inclinan claramente hacia la conclusión de que las economías abiertas tienden a crecer más rápidamente y a lograr mayores ingresos que las cerradas. El estudio Economic Freedom of the World de James Gwartney y Robert Lawson descubrió que las naciones que se encuentran en el primer quintil en términos de apertura económica de 1980 a 1998 experimentaron un crecimiento económico anual que fue casi cinco veces más rápido (2.4 por ciento contra 0.5 por ciento) que el de aquellas naciones en el último quintil de apertura. La gente que vive en las economías más abiertas disfruta ingresos anuales per cápita mucho más altos (22,306 contra 2,916 dólares) que aquellos que viven en las economías más cerradas. En el mismo sentido, un estudio de los economistas del Banco Mundial, David Dollar y Aart Kraay, encontró que los países menos desarrollados que se abrieron a la economía global crecieron mucho más rápido que aquellos que continuaron relativamente cerrados.

Adicionalmente, podemos concluir que el crecimiento más rápido y la mayor riqueza que acompañan al comercio promueven la democracia al crear una clase media económicamente independiente y políticamente concientizada. Una clase media perceptible y dominante significa que más ciudadanos pueden educarse y tener interés en los asuntos públicos. Como ciudadanos acumulan activos y establecen empresas y carreras en el sector privado, prefieren la continuidad y reforma evolutiva de un sistema democrático antes que los giros abruptos y revoluciones ocasionales de sistemas más autoritarios. La gente a la cual se le permite administrar exitosamente su vida económica diaria en un mercado relativamente libre pasa a esperar y exigir más libertad en el ámbito político y social.

El desarrollo económico, a su vez, aumenta las expectativas de que el cambio y el progreso sean posibles. En países menos desarrollados, el desarrollo económico generalmente lleva consigo ideas de desarrollo urbano, promoviendo mayor alfabetización, comunicación y acceso a medios alternativos. El progreso material palpable puede sacarle el impulso a movimientos políticos radicales que se alimentan de la frustración y la desesperanza, y aumenta la tolerancia hacia las minorías étnicas y de grupos políticos. Las elites gobernantes tienden a tratar a sus conciudadanos de clase media con mayor respeto y deferencia que hacia clases más bajas empobrecidas y no educadas.

Profesor Titular de Derecho Constitucional /enriquezcabistan@gmail.com




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