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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 02 de Abril de 2006 - Edición 9208
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Los beneficios del comercio y su apertura (Nueva generación)


He leído con sumo detenimiento el artículo de mi amigo Ulises Juárez Polanco, titulado: “¿Libertad y Apertura de Comercio”?, publicado el día domingo 26 de marzo de 2006, en esta página Nueva Generación, disintiendo de mi artículo publicado el día 19 de marzo, titulado: “Sobre la libertad y apertura de comercio”.

En razón de eso, pretendo hacer las siguientes reflexiones, las cuales van dirigidas a probar que la literatura económica ha demostrado cabalmente el hecho de que la libertad y apertura de comercio es beneficiosa para las partes que intercambian. Los beneficios no sólo son para el que exporta, sino también para el que importa; es muy difícil hacer una cosa sin hacer la otra. Es decir, que el tan mencionado juego de suma cero, en el cual algunos ganan y otros pierden, tiene lugar en las guerras, pero no en el comercio, siendo este último el medio más idóneo para la superación de dichas guerras. Tanto es así que la génesis de la Unión Europea (UE) se encuentra precisamente en evitar que países belicistas disputen recursos naturales claves como el carbón y el acero (1951).

Es abundante la evidencia empírica existente sobre la relación positiva entre el aumento del comercio internacional y la mejora del nivel de vida (material) de los habitantes. Con base en esta evidencia, se ha desarrollado la denominada teoría de la convergencia, la cual sostiene que si los países con menos ingresos por habitante se incorporan al comercio internacional crecerán a tasas más altas que los más ricos, con lo cual la brecha entre los ingresos per cápita de los países que comercian activamente tendería a disminuir (BAUMOL, W, 1986).

Ahora, en lo que tiene que ver con la demostración teórica, son concluyentes las teorías de la ventaja absoluta de Adam Smith y de la ventaja comparativa de David Ricardo, según las cuales el comercio tendrá lugar, aun si una de las dos partes es más eficiente en la producción de todos los bienes y servicios, es decir, que tiene ventaja absoluta en todos los bienes, siendo solamente requerida para su existencia, la del comercio, que una de las partes sea relativamente más eficiente que la otra en la producción de alguno o algunos de los productos, que tenga ventaja comparativa o relativa en la producción de los mismos. Detrás de las ventajas comparativas, que siempre existen --ya que si una parte es relativamente más eficiente en algo, por definición, la otra va a ser relativamente más eficiente en otra cosa-- están las diferencias en la tecnología disponible y en la cantidad de factores productivos.

La explicación de estas teorías suele ser engorrosa por la necesidad de utilización de ejemplos numéricos. No obstante, piénsese en el caso del comercio entre personas al interior de un país. A nadie se le ocurriría producir todos los bienes que consume su familia por pocos que éstos sean, ya que no aprovecharía las ventajas de la especialización, las cuales están implícitas tanto en la teoría de las ventajas absolutas como en la teoría de las ventajas comparativas. Entonces, no habría razones suficientes para que un país o una persona permanezcan en autarquía. Esto sería necesario sólo en caso de guerra, situación en la cual depender de otro es perjudicial y genera vulnerabilidad. De ahí que siempre en períodos de guerra o presunción de la misma, el comercio se vea reducido dramáticamente.

Volviendo al tema de las ventajas absolutas y comparativas de su apertura, piénsese en el primer caso en que alguien haga una determinada cosa mejor que otro, con más eficiencia, entonces el sentido común implícito en la eficiente división del trabajo indicaría que esta persona más eficiente debe encargarse de esa actividad y la otra persona, de otras tareas. Esta idea fue cuestionada colocando el ejemplo de que si hay personas o países que hacen todo mejor que el otro, entonces un primer país exportaría todo y el otro importaría lo que necesitare, con lo cual se mostraría que existen incentivos de protección comercial, a lo que la idea de la ventaja comparativa o relativa contesta que, dada la restricción del tiempo y otros recursos, es conveniente que el más eficiente en todo se ocupe de aquellas actividades en las que es “relativamente” más eficiente. Por lo tanto, el que es menos eficiente en todo se deberá ocupar de aquello en lo que es relativamente menos ineficiente. Piénsese en cualquier ejemplo de la vida como un equipo de fútbol, un campamento, un grupo de memoria, etcétera. Es simple sentido común. Sin embargo, cuando se pasa al caso de los países se nos nubla el entendimiento.

Asimismo, no debe olvidarse que los precios en mercados competitivos son los que proveen los signals (señales), reflejando las ventajas comparativas que puedan existir entre naciones, Estados, localidades, empresas y personas. Por lo tanto, afectar el funcionamiento del sistema de precios implica afectar la obtención de ventajas comparativas estáticas (actuales) y la generación de ventajas comparativas dinámicas (futuras).

Lo dicho anteriormente justificaría el hecho de que un país efectuara una apertura unilateral para entrar en el comercio multilateral con todas las naciones del mundo. Sin embargo, pretender una abrupta apertura unilateral de los países sería irreal, tanto por los costos de la transición como por los lobbies y grupos de presión que boicotearían el intento, así como por una fuerte resistencia por parte de la mayoría de los políticos y de la población en general. Dichas resistencias son menores en el caso del mayor incremento comercial por medio de la formación de bloques regionales por cuestiones difíciles de explicar.

Por esto último, resulta necesario explicar los beneficios del comercio en general; aun cuando es más necesario detallar los beneficios del comercio que se dan cuando la alternativa de integración al comercio mundial se instrumenta por medio de bloques comerciales, sin dejar de remarcar que muchos de estos beneficios se derivan de los mismos principios y argumentos que se aplican al comercio en general. Y mi apreciado amigo Ulises, esto no es dogmatismo, sino realidad.

Profesor Titular de Derecho Constitucional e Investigador Científico del Instituto Centroamericano de Estudios Penales de la Universidad Politécnica de Nicaragua (ICEP-Upoli). enriquezcabistan@gmail.com




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