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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 04 de Abril de 2006 - Edición 9210
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Rigoberto López Pérez es parte de nuestra historia


He leído detenidamente el artículo de opinión del señor Alfonso Efraín Castellón Ayón contra la decisión del alcalde de Managua y del Concejo Municipal de erigir un monumento a la memoria del poeta Rigoberto López Pérez, quien ejecutó al tirano y dictador más sanguinario de América Latina, Anastasio Somoza García, asesino del General de hombres libres, Augusto César Sandino.

En sólo su primer párrafo se cura en salud, al expresar que lo van a criticar los que están de acuerdo con la violencia y el crimen, y sin expresarlo llama a Rigoberto asesino y cobarde, porque asegura que con premeditación y alevosía llevó a cabo el crimen sin darle a Somoza ninguna oportunidad de defenderse. No soy fanático de la violencia, no soy ateo, soy católico, creo en Jesucristo y rezo el Padre Nuestro, pero estoy en desacuerdo con Castellón Ayón por motivos históricos, quien tras su rechazo al monumento de Rigoberto argumentando que es un monumento al crimen político, en el trasfondo sólo veo a un defensor del somocismo que fue autor de muchos crímenes políticos.

El tirano Somoza, fundador de la dinastía de los Somoza, quien en vida se levantó el monumento de la estatua ecuestre de bronce en el costado norte del Estadio Nacional, no sólo asesinó a Sandino, sino a miles de sandinistas que seguían al General, a quienes asesinaron a sangre fría. Institucionalizó el robo al Estado nicaragüense, amasando una enorme fortuna que robó al pueblo nicaragüense. Asesinó con la Guardia Nacional a todo nicaragüense que se le oponía. No había posibilidad de ninguna salida cívica, ni democrática por la vía electoral, ya que institucionalizó el fraude electoral; se robaba todas las elecciones para elegirse él y sus títeres.

Anastasio Somoza caminaba con una escolta personal de guardias bien armados con ametralladoras, pero en los últimos años de su existencia se rodeó, además, de la llamada Seguridad Nacional, con personal especializado en defensa y vigilancia personal, cuerpo muy bien entrenado para evitar cualquier atentado personal.

El poeta Rigoberto López Pérez sabía que era muy difícil salir con vida al ejecutar o ajusticiar a Somoza García; hubiera sido un verdadero milagro salir con vida, independiente de haberse preparado lo mejor posible, independiente de que había un plan para apagar las luces en el momento de los disparos, donde en la confusión podría salir milagrosamente con vida, ya que decenas de ametralladoras apuntaban por todos lados en el Club Social de Obreros de León, donde ejecutó al tirano. Realmente, Rigoberto se sacrificó al ajusticiar a Somoza García.

Fue el propio Somoza quien se apoderó de Nicaragua como si fuera su hacienda personal, el que firmó su propia sentencia de muerte con su reelección presidencial, al no dar ninguna posibilidad, ninguna alternativa democrática al pueblo de Nicaragua y a los partidos políticos, creyéndose INSUSTITUIBLE e INDISPENSABLE, y por supuesto perpetuándose en el poder para garantizarse la enorme fortuna que le robó al Estado, enfermedad que padecen muchos dirigentes políticos.

Rigoberto López Pérez, según los que lo conocieron, era un intelectual, una persona con sentimientos muy profundos, con anhelos de liberar a su patria de una tiranía que le negaba al pueblo su libertad, así como los más elementales derechos humanos. Miles de nicaragüenses fueron apresados, maltratados, torturados, asesinados, exilados sólo por oponerse al régimen despótico. En este escenario es que se da el ajusticiamiento de Somoza García.

Cuando habla de un “magnicidio” contra Somoza García, dice con una forma como si se tratara de un gran estadista democrático, benefactor del pueblo nicaragüense y no como el tirano y asesino más sangriento de América Latina. El presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt llegó a exclamar: “Tacho es un gran hijueputa, pero es nuestro”, es decir, estaba al servicio del gobierno norteamericano contra el pueblo de Nicaragua con su instrumento de terror y represión como era la Guardia Nacional somocista, creada por un gobierno norteamericano y por oficiales yankis.

El señor Castellón debe saber que cuando Rigoberto valientemente ajustició al tirano Somoza García, jamás lo hizo pensando en que alguien le iba a construir un monumento de concreto y que personas protestarían por su costo monetario. Rigoberto lo ejecutó de corazón, pensando en que liberaría a su pueblo de un tirano sediento de poder, de riqueza mal habida, de sangre; no pensando en un monumento de cemento o de bronce.

Pero quiero recordarle al señor Castellón que Rigoberto fue acribillado por los serviles escoltas armados hasta los dientes con sus ametralladoras; su cuerpo quedó perforado como un pascón en el piso del Club de Obreros de León, y un general servil, Camilo González, terminó de acribillarlo para congraciarse con el tirano, cayendo más bien en desgracia, porque el tirano aún herido quería que lo capturaran vivo, para torturarlo y sacarle quiénes más estaban involucrados, para apresarlos, torturarlos o asesinarlos, lo que realmente pasó aunque lo mataron, ya que la Guardia Nacional desató esa misma tenebrosa noche una de las represiones más feroces que sufriera el pueblo de León y en otros departamentos del país contra opositores al sangriento régimen.

Señor Castellón, no se trata de premiar a Rigoberto con ese monumento, sino recordarlo como un símbolo de la resistencia nicaragüense a un régimen de oprobio, donde su último marine Anastasio Somoza Debayle mandó a bombardear con bombas de 500 libras en forma indiscriminada los barrios de Managua, Masaya, León, Estelí, Matagalpa, donde miles de nicaragüenses fueron muertos por el régimen somocista, siendo víctimas mujeres, niños, ancianos, personas de todas las edades, géneros o razas.

Usted se escuda diciendo que los que creen en Jesucristo y rezan el Padre Nuestro se oponen a la violencia, al crimen, al asesinato; lástima que su memoria no recuerde las Santas Cruzadas en tiempos del feudalismo, la Santa Inquisición de la Iglesia Católica y la misma Conquista por España de nuestra América, donde con la espada y la Cruz y en nombre de Jesucristo se asesinó a millones de nuestros indígenas, ya que usted afirma que no hay justificación para matar a nadie. Ya el Papa Juan Pablo II pidió perdón por esa fase negra de la historia de la Iglesia. En fin, somos hombres, no tiene usted por qué juzgar a Rigoberto, quien hizo lo suyo en un momento de la historia de Nicaragua, lo cual llevó a los nicaragüenses a un callejón sin salida; y no es que lo justifique, pero así ocurrió la historia y Rigoberto era parte de ella le guste o no.


El autor es periodista y director del Noticiero CRITERIO de Radio El Pensamiento.




Comentarios de nuestros lectores

roberto
Somoza también es parte de la historia y pedir perdón no cambiaría nada, sin embargo, ayudó al desarrollo del país, en cambio la revolución solo vino a saquear los recursos del estado.

Neri Olivas Castro
Los diarios nacionales están dando oprtunidad a este tipo de opiniones, pero seleccionan a su criterio las que les gustan, lean en la prensa de nic, están no solo en contra de rigo, sino de la historia, por eso es bueno que William nos ilustre con sus ideas sobre el asunto, es de esperarse, los somocistas no van a decir que Somoza era un asesino, jamás y aun con la gesta heroíca de quien decidió iniciar el fin de la dictadura no se acabá con esta, la historia no es benevolente con nadie, y al final se sabe la verdad, pero en aquellos tiempones nos querían hacer creer que Somoza era un estadista de altura, y esa era la educación que recibíamos, si esto hubiera sucedido en estos días, el hubiera sido asisado de criminal de guerra y le hubiera pasado lo de Milosevic o lo de Saddam, pero el hombre tiene sus admiradores en la burguesía que quiere seguirnos engañando, es bueno que nos lo hayas recordado, ojalá nunca vuelva el somocismo.

Tito Chamorro
Nadie duda que R.L.P. es parte de nuestra historia. Los Somoza, y los Ortega Saavedra también lo son. Las motivaciones de Rigoberto López P. para acabar con la vida de Somoza son de sobra conocidas. La forma que escogió para hacerlo se define como asesinato. Es la misma forma que escogen los dictadores para terminar con la vida de sus enemigos. Es igualmente indudable que López Pérez creía que matando a Somoza estaba sacrificando su propia vida. Pero lo que está en duda es el criterio moral para erigirle un monumento al autor de un asesinato. Somoza no fué ajusticiado. Sandino fué asesinado. En los años que en Nicaragua no ha existido la pena de muerte nadie ha sido ajusticiado.

ROGER SANCHEZ
Se dirán muchas cosas sobre la acción de Rigoberto López Pérez. Unos lo justificarán, otros lo atacarán. Creo que matar a un asesino (en este caso Somoza) coloca a quien lo hace (Rigoberto López) en mismo nivel del asesino que, porque a fin de cuentas también Rigoberto viene a ser un asesino.
Nada justifica un asesinato. Si creemos en Dios no debemos olvidar su mandamiento: “No matarás”.
Róger Sánchez
Riverside, California


Armando Amador, hijo
Congratulo y me uno a las reflexiones del licenciado Roiz Murillo. Es preciso recordar que antes del gesto heroico de Rigoberto, se habían intentado diferentes formas de lucha, pacíficas y violentas, para derrocar al tirano, y que todas habían sido ahogadas a sangre y fuego. Que Somoza ya le había dado el golpe a Leonardo Argüello, un hombre de bien que, aunque ungido por el mismo dictador, intentó gobernar de manera independiente. Que ya había fracasado el intento de abril del '54. Que la oposición civil ecabezada por el Partido Socialista y el Liberal Independiente, además de algunos conservadores honestos, estaba siendo descabezada sistemáticamente por medio de la infiltración, la cárcel, el asesinato y el exilio. ¡Ah, el exilio! ¡Cuántos hablan hoy del exilio dorado que vivieron en los 80's, y no se enteran que Somoza exilió por décadas y décadas a valiosos nicaragüenses como el prof. Edelberto Torrez o a la Dra. Concepción (Concha) Palacios! ¿y quién recuerda hoy a los cientos de opositores confinados a Little Corn Island durante los años 30 y 40's? La acción heroica de Rigoberto fue la decisión desesperada de un verdadero patriota dolido por la violencia y la corrupción en la que había hundido el tirano a la Patria. Pero, entiendo a los que ofenden su memoria. Son los hombres mediocres de los que hablaba José Ingenieros, siempre opuestos a los Idealistas, que son los que a fin de cuentas escriben la historia con sus hechos.

Carolina Garcia
Me parece que el hecho de que se discuta la construccion de un monumento a Rigoberto Lopez Perez es el resultado de la division que tenemos los nicaraguenses acerca de nuestra propia historia, no nos ponemos de acuerdo si Sandino fue un heroe o un bandido y tampoco nos ponemos de acuerdo sobre Rigoberto.
Soy una joven y me parece que Rigoberto es un heroe nacional.



Sin lugar a dudas Rigoberto Lopez Perez es parte de nuestra historia para mal de unos para bien de otros pero independientemente de todo eso fue un asesinato-suicidio lo llamaria yo, Somoza Garcia tambien fue un asesino y si no que me diga alguien como se llama el dispararle a un hombre sin darle tiempo a su defensa independiente de su seguridad, senores eso es asesinato y mas nada


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