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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 11 de Abril de 2006 - Edición 9217
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Criollos, mestizos, indígenas y negros


Hasta ahora la lucha política de la humanidad se mueve en una relación de dominio-servidumbre-emancipación. Hasta ahora, la relación de poder ha cambiado de nombre, pero mantiene la esencia de su relación; encontrándonos, por tanto, todavía, lejos de la autogestión generalizada soñada por los pensadores y esperada por quienes en cada momento se encuentran en el escalón más bajo de la jerarquía.

La historia de esta vieja relación suele encararse fragmentadamente, por el lado del dominio, por el lado de la servidumbre o por el lado de la emancipación, lo que ha contribuido a que el poder apenas cambie de color.

La cara del poder ha sido dibujada y uniformada a punta de fuerza, riqueza y valores que garantizan la legitimidad y el prestigio de los dominantes. Aunque todos los rasgos del poder se apoyan unos a otros, cada uno guarda su peso y escalafón en el concierto de la jerarquía. En algunos momentos lo que cuenta es la fuerza bruta, en otros la riqueza define la relación de poder y en otras circunstancias es la propia legitimidad de unos valores encarnados en determinadas categorías. Sin embargo, todos estos instrumentos realizan el recorrido bajo el brazo de los jinetes de la raza y la etnicidad. En el caso de América Latina, la raza (fenotipo teñido de significados) y la etnicidad (cultura relacionada con su propio tipo) han estado encarnadas en identidades sociales diferenciadas por pelo, color y tamaño, conocidas como criollos, mestizos e indígenas (en ese orden). El pelo rubio, castaño, chirizo o murruco, el color blanco, cobrizo o negro, el tamaño alto, chaparro o requeneto.

La historia del poder entre las poblaciones de América Latina bien puede reconocerse por los diferentes colores de un arco iris de prejuicios amasados a sangre y fuego. La lucha por el poder se inicia a través de la emancipación de los criollos o descendientes de españoles, a comienzos del siglo XIX. Criollos que a su vez se convirtieron en amos de mestizos, indígenas y negros, embrujados estos últimos por valores imbuidos en la servidumbre que los enajenaba. Andando el tiempo, les tocó a los mestizos emanciparse de los criollos, manteniendo ambos, criollos y mestizos, la dominación sobre los indígenas.

A su vez, en esta pirámide de colores, los de abajo siempre cooperaron para lograr la emancipación de sus próximos amos, luchando y exponiendo la vida en las batallas contra los amos de sus amos. Los indígenas y los mestizos lucharon bajo la dirección de los criollos para emanciparse todos de los españoles, a su vez, los indígenas lucharon bajo la dirección de los mestizos a fin de que ambos se emanciparan de los criollos. Los mestizos provienen de la mezcla de criollos con indígenas o con negros provenientes de las Antillas.

Hasta que viene aclarando el día y ya no queda nadie más abajo, comenzando la verdadera liberación o la emancipación definitiva. En este caso, la emancipación de los indígenas, mestizos y criollos, cada uno emancipándose de quien lo domina, explota y subordina.

Claro está que la lógica, siendo real, no siempre acompaña en el tiempo a la historia que desea encarnar. Muchas veces los momentos incursionan simultáneamente, traslapando etapas, sumergiéndonos y confundiéndonos en un torbellino que sólo a posteriori suele mostrar la identificad de su primigenia lógica.

Para complicar aún más las cosas, agreguemos que el color de la piel no es más que el artefacto epidérmico que encarna la identidad del reconocimiento, el poder cambia de ropaje y se va independizando del color, a medida que avanza el mestizaje. Los valores culturales y sus respectivos privilegios, antaño provenientes del color, hoy, convertidos en creencias y conductas, se independizan del color y garantizan las riendas del poder a través de un orden establecido y sancionado por una jerarquía cultural reconocida. Comienza la fusión de los rasgos, y las ponderaciones cambian de estatus y medidas: blancos criollos, por ejemplo, empobrecidos y sin ningún poder, dando nacimiento al hidalgo (hijo de algo), añoranza senil de ancestros sin valor, ricos mestizos empoderados por las armas y enriquecidos al amparo del gobierno, pero despreciados por criollos de abolengo, o indígenas empoderados en todos los campos, pero con un complejo de culpa que les amarga el corazón. Igualmente, encontramos negros embebidos de complejos de inferioridad, algunas veces disfrazados de complejos de superioridad.

Y es que la emancipación tiene sus reglas, siendo la regla de oro aquella que reina sobre la relación y no sobre uno de sus polos. La emancipación del esclavo es importante, pero es más importante la emancipación del amo, que no solamente se ha emancipado de toda dominación, sino que ha dejado de aspirar y gozar con la servidumbre que yace bajo sus pies

Pero esto es mucho pedir, todavía.

Toda esta red de poder y contrapoder adquiere ciudadanía política. Si nos atenemos a los parámetros de la política criolla nicaraguense, los criollos se dividieron en dos, los que querían ser como los españoles, pero sin independizarse de España, es decir, reinar a este lado del mar, pero gozando de la realeza peninsular. Los otros criollos forzando la independencia de España, y buscando, además, cómo independendizarse del régimen político monárquico, a la usanza republicana de los revolucionarios europeos. Posteriormente y desde entonces, unos tomaron la ruta conservadora y otros tomaron la ruta liberal, los primeros intentando mantener la legitimidad del abolengo y del color, apoyados por hábitos entronizados en la cabeza de los dominados, los segundos ingresando al mundo del mestizaje y de la democracia de la riqueza y del poder.

A medida que el imperio español desaparecía y el nuevo imperio norteamericano golpeaba las puertas de nuestra incipiente soberanía, criollos y mestizos, conservadores y liberales, ambos empoderados localmente se comenzaron a disputar la simpatía norteamericana de su resucitada servidumbre. A tal punto que como ha dicho recientemente el actual embajador de los Estados Unidos en Nicaragua, el dominio nace de un matrimonio entre injerencistas y serviles. Todos cubiertos por la legitimidad de las leyes y normas convencionales.

También hubo hijos ilegítimos, como Sandino, orgullosos de su mestizaje y de que por su cuerpo corriera sangre indígena.

Hoy los criollos conservadores están perdiendo la partida, apelando de nuevo al embajador metropolitano, los mestizos liberales no saben si quedarse con los gringos, renunciar como Zelaya o enrumbarse definitivamente por los senderos de la soberanía nacional, tal como lo están intentando las burguesías latinoamericanas.

Mientras tanto, todo pareciera indicar que en Nicaragua, el momento de los indígenas no ha comenzado aún. El movimiento mískito, conocido como Yatama y situado en el Caribe, no tiene ni el peso nacional, ni la presencia política, ni la fuerza popular que ha tenido un Evo Morales en Bolivia, para citar uno de los mejores ejemplos del recorrido de una historia de criollos, mestizos e indígenas, que a través del poder escenifican todavía las contradicciones de un inconcluso desenlace.

Ciertamente que la cosa no es tan mecánica como yo la he pintado, pero tampoco puede negarse la pigmentada significancia que las elites han conferido a los bloques culturales del poder. Pista y contenido que no ha escapado a los historiadores del poder y a las formas de ejercerlo, legitimarlo, disputarlo o perderlo.

Por supuesto que este arco iris del poder no agota todos sus colores en la raza o la etnia, habría además que agregar las relaciones de clase y género, entre otros, a fin de completar el análisis; esta vez, sin embargo, queríamos llamar la atención sobre la presencia de raza y etnia en el tramado histórico del poder.




Comentarios de nuestros lectores


Dasde quien sabe cuándo existen los privilegios de sangres y los prediicados para el ser humano ?
Cuánto ha durado y qué precio tiene transculturizar un indio de la montaña por el método de la neo-esclavitud o globalización?
Sandino was a bandid ! El origen de la reveldía ilegitima, por ser para los pueblos de américa, la verdadera antorcha de la libertad.
Pero los pueblos son malagradecidos, cual son las mujers, por ser ignorantes ignorados en la eterna ignorancia.
Salud !!!


ivan
Hombre, tenés razón pero... que tiene que ver una divina pantocracia con la moderna canallocracia , si acaso existe algo, ese algo será siempre la ingerencia, siempre y cuando sea buena para los infelices.
La libertad no tiene sentido, si ella no brinda la felicidad (Gandy) y adamás, maetro, no anhelo ninguna libertad, solo pretendo serlo (Prudhon). No hay pueblo tal que goce del supremo amor en libertad, salvo aquel, que tuviese por gobernante, al mismo soberano (Darío ) y pues contáis con todo, os falta una cosa, Dios.



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