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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 25 de Junio de 2006 - Edición 9289
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Rol que reservan a la educación los partidos políticos en la campaña electoral


IDEUCA
La historia del país es la de su educación, en tanto la cultura, el conocimiento y el desarrollo de su ciudadanía expresan el rol que los gobiernos han reservado a la educación. Dos comportamientos destacan como tendencias en nuestra historia: por una parte, la utilización instrumental de la educación para afincar proyectos políticos e ideológicos, y por otra, el fraccionamiento y las fronteras marcadas por el actuar educativo respecto de las políticas públicas del país. Desde la primera, una constante que atraviesa el comportamiento de las administraciones políticas de la nación lo constituye el interés funcional con que los gobiernos han depositado su confianza en el papel de la educación como el mejor instrumento para asegurar la implantación de sus visiones, valores y acciones coincidentes con los planes del partido político gobernante. Este rol ha convertido a la educación en presa fácil y principal caja de resonancia de los planes e intereses de los gobiernos, restringiendo sus posibilidades y rango de acción, a la vez que supeditando las demandas de la sociedad a los dictados del partido gobernante. De esta forma, la política educativa es sometida a intereses de la política partidista, y los funcionarios y especialistas son escogidos con criterios de partido y no de la educación.

Los resultados alcanzados desde tal subcultura, a lo largo de décadas, han secuestrado a la educación, desplazándola a la trastienda de los programas de lucha en contra de la pobreza y el desarrollo, convirtiéndola en parte del problema y no de la solución del país. De esta forma, la política educativa ha sido y continúa siendo una política de Gobierno y no de Estado, acortando su sostenibilidad a los tiempos de los gobiernos en el poder, sin lazos de continuidad ni aprovechamiento de las experiencias educativas exitosas ni de lo construido por los agentes educativos. A este estado de cosas ha contribuido, de manera notable, la ausencia de una Ley General de Educación, y una escasa, contradictoria y débil normatividad del sistema educativo. En consecuencia, prima en las campañas electorales y en la aplicación de los programas de gobierno una cultura política de descalificación, negación y desconocimiento de lo avanzado, acumulando en el tiempo profundas brechas y desfases entre la educación y el país, alejando cada vez más a éste de la región.

La segunda actitud histórica de los planes de gobierno tiene un carácter estructural aún más difícil de apreciar. El fraccionamiento y las fronteras marcadas por el actuar educativo respecto de las políticas públicas del país reservan a la educación un papel secundario, de complementación o de simple justificador del proyecto político establecido. Se limita, de esta forma, su papel a justificar y responder, de manera funcional y obediente, al resto de políticas del país, asfixiando su potencial creativo, innovador y crítico para desplegar sus potencialidades y capacidades. Queda la educación, de esta forma, presa de los intereses del mercado y sus “valores”, de la empresa, y no precisamente de la sociedad entera, al quedar encerrada en una “jaula de acero”, acallando la capacidad profética que está llamada a ejercer, para anticipar modelos sociales que aún no son realidad y facilitar protagonismo a las mayorías excluidas. Siendo así, las políticas educativas acaban siendo patrimonio de las instituciones educativas y no del país entero, y el quehacer educativo pierde toda posibilidad de impactar en la calidad de vida de la población, en la producción de riqueza y en los indicadores económicos y macroeconómicos del país. Una mirada a las agendas educativas de los cinco partidos permite adelantar hipótesis sobre los roles que reservan a la educación, destacándose como evidentes los primeros cuatro modelos que se describen.

a) Modelo de educación para el mercado: la educación se limita a responder a los intereses del mercado, de la empresa. Sus políticas educativas atienden únicamente las demandas de este sector y no las de la sociedad y el país entero. El sentido de la equidad, pertinencia, eficiencia y calidad en la educación poseen un sentido elitista y limitado. El magisterio es una pieza clave, un instrumento en la correa de transmisión de estos intereses; la educación se restringe a la escuela. La visión de la educación es interesada.

b) Modelo de educación modernizante: el interés de la educación es adoptar modelos de gestión y tecnología modernos. Las políticas educativas no interactúan con las políticas públicas. La equidad, pertinencia, eficiencia y calidad de la educación se limitan a responder mecánicamente a los compromisos y acuerdos internacionales. La tecnología y la gestión modernizantes dejan, en segundo plano, el papel de los(as) maestros(as). La educación se restringe a la escuela y las potencialidades de la tecnología. Lo importante es cumplir en las estadísticas. La visión de la educación es presa de la moda y corta de vista.

c) Modelo de educación autónoma: posee la creencia de que la educación es más sólida en tanto es independiente, autónoma y tiene vida propia, al margen de las políticas públicas. Tal idealismo hace que la equidad, pertinencia, eficiencia y calidad limitan su significado a los muros de la escuela. Los maestros enseñarán las disciplinas al margen del contexto y realidad de los educandos. La visión de la educación es romántica y autosuficiente.

d) Modelo de educación para vencer la pobreza: la educación está al servicio de la superación de la pobreza, sin visión de largo plazo. La equidad, eficiencia y calidad se concentran en el logro de la educación básica como techo y no como base (educación primarizante), restando importancia a la educación técnica y a la investigación y creación científicas propias de la educación superior. La visión de la educación es estrecha.

e) Modelo de educación para el desarrollo humano: educación y desarrollo se entrelazan como un sistema, en tanto la primera es eje articulador y movilizador del segundo. La política educativa atraviesa todas las políticas públicas dándoles sentido, direccionalidad. Su finalidad supera la visión del mercado y la empresa, para modular sus intereses en función de las demandas más legítimas de la sociedad. La equidad, eficiencia y calidad de la educación traspasan la escuela para impactar en superar la pobreza, mejorar la calidad de vida de las personas y promover un desarrollo en el que el interés por las personas prevalezca. El desarrollo económico es visto como condición necesaria, pero insuficiente para el desarrollo sostenido de las personas y los recursos naturales. Los maestros articulan sistémicamente su quehacer, armonizando el saber de las disciplinas con los planes de desarrollo locales. La visión de la educación es direccionalizadora, sistémica y de largo aliento.

Ojalá que los candidatos, más allá del discurso de moda, superen visiones parciales integrando en su plataforma una visión de la educación que motorice el desarrollo del país.




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