El accidente nuestro de cada día Misiles urbanos
Edwin Sánchez | esanchez@elnuevodiario.com.ni
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| Los tres vehículos involucrados en el accidente, frente al Colegio Loyola. La tercera camioneta, la última, fue la que impactó a las dos delanteras. FRANK CORTES/END |
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Hasta inicios de agosto, en el Distrito IV ocurrieron 1,237 accidentes de tránsito, así que en lo que va del mes debieron reportarse otros más, y entre éstos el que ahora escribo: no hubo víctimas fatales, a Dios, gracias: un balón de fútbol, nuevo por cierto, saltaba a las 3:05 p.m en la carretera, frente al Colegio Loyola, exactamente en el área de los semáforos. Unos niños aparecieron con su entrenador, segundos después de ocurrida la colisión.
El conductor de END, José Luis Mercado, con toda prudencia frenó, porque como decía la propaganda de la Policía: “Recuerde, detrás de una pelota, siempre va un niño”. Una camioneta que venía detrás, pero a prudente distancia, conducida por Francisco Rafael López, logró frenar a tiempo para no pegarle al vehículo delantero.
Sin embargo, una camioneta casi nueva, Toyota, conducida por Harry Gordillo, al parecer venía a la velocidad de un misil, porque colisionó contra el vehículo del señor López, y éste le dio al Terios manejado por Mercado. Cuando todo parecía haber acabado, Mercado y el que esto escribe sintieron otro fuerte impacto. En resumen: nuestro vehículo fue aventado cuatro metros de donde fue la primera colisión. El señor Gordillo dijo que venía a 60 kilómetros por hora, no obstante, desde donde comenzó a frenar, de acuerdo con las huellas que se imprimieron en el pavimento, se contaban al menos 10 metros.
El cinturón de seguridad fue vital para los que íbamos en el primer vehículo, a pesar del doble “envión” con apenas segundos de diferencia, lo que no deja de causar un impacto en el cuello.
Hay muchos conductores que no pretenden ingresar a las estadísticas de la Policía, pero otros empujan a sus colegas a ser parte de éstas, porque en comparación con 2005, en el primer semestre de este año, sólo en el Distrito IV, aumentaron en 166 los accidentes, y ahora estos números debieron seguir su terrible aumento.
Misiles tierra-tierra
La verdad, pocos manejan a la defensiva. Los camiones, buses, taxis, cualquier vehículo motorizado se ha convertido en manos de personas impacientes, irresponsables y por tanto peligrosas, en armas más letales que los famosos Sam-7. Cada día en Managua y resto de departamentos, son miles de “misiles” tierra-tierra los que van disparados en las calles y carreteras de
Nicaragua.
Todos en el Parlamento hacen alharaca por destruir aquellas armas de fabricación soviética que están bien resguardadas en los arsenales de uno de los Ejércitos más profesionales y respetuosos de la Constitución en América, pero nadie, ni los embajadores, hablan de tantos homicidas al volante. Claro, el tema no es político: es de la vida diaria de los nicaragüenses.
Algo interesante de notar es que también hay personas que parecen disfrutar de los accidentes cuando pasan cerca de uno de estos repetidos escenarios. No me había fijado, pero mire usted la cara de algunos, y verá que algo de los valores de los cuales antes nos preciábamos colectivamente, se han ido a la porra.
Hace unas semanas, un microbús catapultó a un par de hombres que iban a bordo de una moto. Los dos quedaron tendidos frente a la UCA. Estaban malheridos, la gente empezaba a arremolinarse, y desde la ventanilla de una ruta 114 dos, tres, no sé cuántos miraban la escena como si contemplaran un show de circo. Empecé a conjeturar que muchas almas se regocijan con el mal ajeno, como si las vidas no importaran nada.
Así vi, en este caso, por ejemplo, a una dama que conducía un formidable vehículo, haciendo un gesto muy barato respecto al precio de tan lujosa nave.
Algo que desconcierta, sobre todo si José Luis fue el conductor del vehículo impactado por otro que no guardó la debida distancia. Sólo esta falta de no respetar el espacio ajeno en la carretera significó en el semestre pasado 273 accidentes.
Una licencia, y el que accidentó a José Luis portaba una provisional, ahora parece como un documento para portar armas, porque los conductores en su mayoría han convertido sus vehículos en misiles urbanos.
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