Pobre la María
A través de un análisis de la canción “Pobre la María”, de Luis Enrique Mejía Godoy, Addis Esparta Díaz propone la búsqueda de caminos alternativos en la música popular, para insistir en la utopía de cambiar el mundo y para contrarrestar los efectos negativos de la industria del vídeo Addis Esparta Díaz
Las palabras se circunscriben a una esfera de poder y tanto la letra como la música de la canción popular tienen un efecto que se asocia, por antonomasia, a un discurso sexista, que muchas veces reduce lo femenino a la categoría de objeto. Para este breve artículo seleccioné la canción del nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy, Pobre la María, con ritmo bolero tropical. Según Hernández Naranjo, «todo análisis estructural parte de la hipótesis de que todo texto tiene una lógica implícita, distinta a la lógica explícita de la retórica».
El carácter complejo del acto discursivo de la canción popular radica, de hecho, en las distintas marcas subjetivas y sugerentes que revelan algunas estrategias críticas y, a veces, polémicas de su contenido.
La canción de Mejía Godoy representa a todas aquellas mujeres que viven de ilusiones. Su contenido reconoce que existe una búsqueda del significado de la vida de una muchacha que, sola, enfrenta sus miedos, sus vicisitudes y la lucha diaria por sobrevivir.
Esta canción–mensaje describe los anhelos utópicos de una mujer que abrigó la esperanza de dejar atrás la miseria, al emigrar del campo a la ciudad. El texto no sólo alimenta el deseo de justicia y equidad del enunciador (trovador), sino que ilustra la clara manifestación que la vida de María no vale nada en la ciudad.
La relación que se establece entre emisor y destinatario tiene un claro valor emotivo, en tanto las penurias de esta joven la conducen a degradarse para poder comer y alimentar a sus hijos. Existe una manera muy peculiar del trovador de hacernos ver que es un gran conocedor del lado humano de la mujer. Zecchetto reafirma la idea que «las canciones-mensaje no se limitan a describir los estados psicológicos, sino que también los quiere comunicar, para que sean compartidos los ideales que encierra». De la cita anterior se desprende que existe intencionalidad en el mensaje de esta canción de presentar el rol o la funcionalidad social que desempeña el sujeto mujer dentro del sentido discursivo.
El estereotipo femenino de María está muy bien definido, porque ésta realiza todas las labores de su casa.
El dolor se percibe en la voz del trovador, es él quien comparte el sufrimiento de la campesina, la injusticia social, para crear una conciencia sobre el quehacer de muchas mujeres, que abandonadas por la irresponsabilidad masculina deben hacer un trabajo doble para sobrevivir en el mundo.
Prada Ortiz declara con propiedad que «la autonomía y la dignidad la obtienen las mujeres a través de la educación, mediante ella pueden abrir las puertas hasta ahora controladas por el poder.» Esto es así, no se puede pensar en una independencia, mientras no se consiga la liberación del intelecto.
María en ningún momento olvida dos cosas: su responsabilidad y el compromiso con sus hijos, para ello debe hacer varias actividades, imitando en cierta medida algunas conductas masculinas, como estar “olorosa a tabaco y a ron”. La diversidad de su trabajo es participativo, realmente admirable. ¿Qué le falta? La apropiación de la palabra a través del aprendizaje dirigido. El texto de la canción se vuelve el mejor de los vehículos que han utilizado los compositores para transmitir valores y cualidades de hombres, mujeres y niños. Bien hace hincapié Hernández Naranjo en que «mediante la identificación de los códigos de calificación se procura interiorizar en las dimensiones axiológicas y propositivas del discurso, así como en los recursos simbólicos de los que se nutre el emisor para transmitir y dar fuerza a su propuesta».
En este sentido existe también en la lectura de la canción filtros ideológicos que profundizan en el discurso, cuyos enunciados axiológicos desempeñan diversas estrategias.
En la canción se clarifica el estado general de la actante femenina:
a) Presenta el escenario social de su desempeño: se inscribe en una realidad social bajo un conflicto de índole personal.
b) Marca diversos campos en los cuales se verifica el estado de desigualdad de su práctica social.
El discurso de este bolero tropical expresa el dolor que le produce al enunciador-trovador la dimensión vivencial de una mujer campesina que recorre varios espacios para hacer frente a su condición de mujer sola y con hijos.
Finalmente, coincidimos con Zecchetto, quien afirma que «es necesario reconocer que, en la práctica, la canción popular es utilizada para manipular subliminalmente y también abiertamente a la juventud», pero también es necesario señalar que la expresión artística y la búsqueda de caminos alternativos de música popular en un contexto más participativo deben ser, a partir de hoy, la utopía para cambiar el mundo y para no pensar que también la industria del vídeo arrasa e incursiona cada vez más con imágenes provocadoras de sexo, embriaguez y ritmos frenéticos.
La canción comprometida y la canción mensaje deben verse como una vía de arte popular que no dé lugar a la opresión. Nicaragua ya tiene un lugar en los pueblos. Pobre la María, de Mejía Godoy, es un ejemplo de un ideal más consistente y constructivo en cuanto proporciona un código más adecuado a las representaciones de la vida social en general.
(*). Doctora en Ciencias Filológicas por la Universidad de Humboldt, Alemania Federal. Coordinadora de la Maestría en Filología Hispánica y Docente de la UNAN-Managua. Especialista en semiótica
de la comunicación.
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