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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 03 de Septiembre de 2006 - Edición 9352
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Una empresa con estilo de navajita suiza


Una empresa con estilo de navajita suiza - Foto
Lubela junto a su equipo de reproducción y procesamiento de textos. FELIX AGUIRRE/END

Especial para EL NUEVO DIARIO
Supe de la existencia de Lubela cuando ella, dentro de sus actividades de promoción empresarial, visitó mi oficina. No me encontró y dejó algún material en el que se indicaba los servicios que ofrecía su empresa. Al indagar un poco más sobre la persona que lo llevó, me dijeron que era una muchacha muy joven y que era la dueña. Eso alertó mi olfato de “cazador” de emprendedores y coloqué la tarjeta de presentación de Lubela Parrales Schiffman, al alcance de mi vista. En cualquier momento, le haré una “emboscada”, pensé. Una mañana me aposté junto al teléfono, disparé una llamada y di en el blanco. Lubela aceptó mi “emboscada” y, de inmediato, me dio cita.

La encontré barriendo su oficina-taller. Chelita, simpática… ¡toda una burguesita con una escoba en sus manos!, pensé en milésimas de segundo, mientras cruzaba el umbral de la puerta de vidrio. Sin nadita de pena, y sin soltar la escoba, preguntó: --¿don Arnulfo?-- el mismo, --le respondí. Sonrió y me hizo pasar.

Las apariencias engañan
Su permanente sonrisa y buen humor no concuerdan con la soledad y limitaciones que vivió durante su niñez. Sin embargo, su situación, lejos de hacerla sentir desgraciada, sirvió de fragua para templar el acero de su carácter. Gracias a sus excelentes calificaciones estudió toda su carrera becada por la Universidad Centroamericana. En el ir y venir a la universidad, se volvió experta conocedora de las rutas de buses, se hizo amiga de los conductores y hasta de uno que otro delincuente que se topaba en las paradas. Lubela me cuenta que cuando la trabajadora social de la UCA analizaba la posibilidad de su beca, quedó muy sorprendida por el contraste entre su apariencia y la realidad familiar que vivía. Ello me hizo recordar mis años más duros. Yo también tuve que solicitar apoyo para estudiar en la UNAN. Tenía 17 años, era un chavalo simpático y tampoco aparentaba la crisis familiar que vivía. Pero mi realidad era tan dura que no tenía ni los noventa córdobas que se requerían para la matrícula, y tuve que llevar a una casa de empeño una cadenita que usaba mi novia. Aún recuerdo la tremenda pena que sentí al estar en aquella larga fila en la acera del Monte de Piedad, una institución del gobierno, donde gente humilde empeñaba un anillo, un radio, una máquina de coser o cualquier artículo de valor. Mientras Lubela narraba sus vicisitudes, recordé que a donde me daban de vivir en aquellos años mozos, también llegó una incrédula trabajadora social a comprobar si eran ciertos los argumentos detallados en mi solicitud de beca parcial. Mi gran diferencia con Lubela, fueron mis notas. Yo nunca fui estudiante destacado y tuve que trabajar de día para costear mis estudios nocturnos. ¡Ah! Otro elemento de diferenciación es que ella ganó el título de Miss UCA y yo jamás llegué ni a rey feo.

Otro elemento que caracterizó desde muy joven a Lubela fue la facilidad para hacer negocios con sus compañeras de clase y su alejamiento de las actividades improductivas en que la juventud moderna a menudo invierte su tiempo. Con mucho orgullo dice que comenzó a trabajar por temporadas desde los catorce años, y que si en la escuela alguien le llamaba “nerda” (intelectual, estudiosa), estaba clara que ese mote se lo tenía bien ganado.

La navajita suiza

En el 2004, con 20 años de edad, a Lubela le cupo el honor de ser miembro del equipo ganador del concurso SIFE, que como dije en esta misma página hace dos semanas, es como las Grandes Ligas de los concursos de emprendedores. Su equipo viajó a España a exponer su proyecto, pero ella decidió no ir, pues, aunque les daban el pasaje, había que costearse la estadía. Esta chavala ya tenía algunos ahorros, producto de su trabajo, y podía asumir los gastos de permanencia, pero al pensar estratégicamente se dijo: --Por un gozo presente no voy a arriesgar mi capacidad para cosechar mayores logros futuros… no sé cuándo volveré a reponer este dinero que tengo guardado. No iré.

¿Cómo habías ganado ese dinero?
El dinero ahorrado, principalmente, lo obtuve mediante un contrato para digitalizar y reproducir un material para una institución. Tuve que reproducirlo en 3,000 discos compactos. Fue mi primer gran experiencia en este campo.

Según me dices, tienes bastante experiencia informática, ¿en qué momento estudiaste computación?
Uno puede tener su profesión como su centro, pero yo me imagino como una navajita suiza. Puedo hacer muchas cosas y saber muchas otras. También sé inglés. Lo estudié becada en la UCA, y la gente cree que lo estudié fuera. Gracias a eso he trabajado como traductora. En cuanto a las computadoras, en el 2003 una prima me regaló una computadora y me dediqué a conocerla a fondo. Le saqué mayor utilidad que la que le sacan comúnmente todas las personas. Aprendí diseño gráfico, realicé investigaciones en Internet y armé mi propia computadora, también aprendí a repararlas. Me gusta sentirme capaz de hacer mis propias cosas.

La idea de negocios y la empresa
Generar buenas ideas de negocios es, en gran medida, un arte. Hay personas que lo consiguen casi intuitivamente. Otras deben entrenarse para pensar con mentalidad empresarial. Pero no hay que ver esto como algo del más allá, el ejercitar la simple observación puede llevar a una persona a identificar oportunidades de mercado.

En el caso de Lubela, la experiencia con el armado de textos en discos, le permitió percatarse que no hay empresas especializadas como tal, según el concepto que ella ofrece. Fue así que en el último año de la universidad, cuando las clases están orientadas al desarrollo de proyectos y creación de empresas, decidió aprovechar la ocasión para ampliar y mejorar aquella idea.

Posteriormente concursó en un certamen público, y aunque surgieron contratiempos, al final obtuvo mil dólares de premio, los que sumados a un préstamo de tres mil, que le facilitara una familiar de su marido, decidió montar su empresa. Eso fue en enero de 2006.

Con su característica de navajita suiza, ella misma matriculó y registró su empresa en todas las instancias necesarias para constituirse legalmente. Y lo que es más admirable: se apoya en sus conocimientos de computación para trabajar prácticamente sola, y de esa manera no pierde ni una llamada telefónica. Sabe que está iniciando y debe reducir costos fijos al máximo, por esa razón contrata personal para trabajos específicos y no asume una planilla permanente, que pueda meterla en problemas cuando no haya trabajo. Lubela trabaja de nueve de la mañana a nueve de la noche, y a cualquier hora y día si el trabajo así lo requiere.

Su único error, no pensó en la publicidad
Redico se encuentra ubicado de la Rotonda de Santo Domingo dos cuadras y media al sur, y su teléfono es el 270-7205. La selección del lugar fue muy bien pensada. Y al hablar de lo bien pensado que hace cada cosa, con sentido muy crítico expresa que su único error fue no haberle asignado una mayor importancia a la publicidad en sus cálculos empresariales. Sin embargo, está resolviendo esa falla, publicitándose por métodos no tradicionales. La clientela ha ido creciendo principalmente por la recomendación que hacen los clientes satisfechos con sus amistades. “Este mes ha sido excelente”, añade contenta. Todos los días su empresa es visitada por clientes de todo tipo. Hasta cantantes que desean realizar sus discos contratan sus servicios.

¿Qué les ofreces a tus clientes?
Les ofrezco acompañamiento en el proceso creativo de un disco interactivo, revisión de ortografía y redacción de un documento. Preparación del orden de presentación, edición de fotografía y traducción. Estos trabajos se utilizan en discos para cursos o seminarios, memorias de eventos, catálogos para productos, esto último muy útil y conveniente para las empresas pequeñas. A nivel familiar pasamos vídeos de VHS a DVD editándoles su contenido.

¿Principios, valores, creencia religiosa de Lubela?
Creo en Dios, pero no voy a las iglesias. Yo chiquita me sentía sola y le reclamaba a Dios muchas cosas, hasta que un día me di cuenta que la única persona que va a estar conmigo toda la vida soy yo misma, y que el resto de las personas van y vienen. Entendí que yo debía de cultivar la capacidad de ser independiente. Eso me dio una tranquilidad, sobre todo cuando me di cuenta que Dios me había dado al nacer, todo lo que yo necesitaba para ser feliz… para construir mi felicidad o mi desgracia. Uno debe decidir qué hacer con lo que tiene. Es un asunto de voluntad. Dios ya hizo su parte conmigo, pues a pesar de todas las adversidades, me dio capacidad para salir adelante.

¿Qué piensas de la pobreza?
Es una condición mental. Para mucha gente yo debí ser todo lo contrario de lo que soy, por todas las cosas que tuve que pasar.




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