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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 12 de Septiembre de 2006 - Edición 10
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De 1531 a 1821

La enseñanza en la Provincia Española de Nicaragua

“Necesitamos en el seno de la patria ministros dignos del santuario, filósofos que hagan conocer las maravillas del Creador, abogados íntegros que vindiquen nuestros derechos, jueces incorruptibles que dirijan con
justicia y equidad”
Tomás Ruiz (1807)


La enseñanza en la Provincia Española de Nicaragua - Foto
Obispo Andrés de las Navas y Quevedo.

Tales eran los objetivos de la enseñanza en Nicaragua al final del coloniaje, según el vicerrector del Colegio Seminario San Ramón, presbítero Tomás Ruiz (1777-1820), nuestro primer y único indígena --nacido en Chinandega-- licenciado y doctor. En efecto, se había graduado en la Universidad de San Carlos (Guatemala), erigida el 31 de enero de 1676.

Criollos nicas en Guatemala: Chavarría, Agüero, Rivas y Obregón
Cuatro oriundos de Nicaragua estuvieron vinculados a ella. Uno fue el estudiante Francisco Chavarría, natural de El Realejo, fallecido mientras ensayaba con sus condiscípulos un examen público en latín de filosofía. Al terminar el tercer silogismo de su defensa, “comenzó a temblarle un pie y un brazo y cayó de la silla en que estaba, mortal y sin habla”, el 13 de octubre de 1681.

También estudió en la Universidad Carolina el leonés Baltasar de Agüero, quien recibió el grado de Doctor en Derecho Civil el 30 de mayo de 1792. En su acto de investidura, celebrado en la Capilla Mayor de la Catedral de Guatemala, el decano le introdujo el anillo en el dedo de su mano derecha, le entregó el libro, le colocó en la cintura la espada dorada y le calzó las espuelas del mismo color, ayudado por el padrino designado. Agüero subió y se sentó en la Cátedra, e hincado de rodillas hizo la profesión de fe y el juramento acostumbrado. Luego le fue conferido el grado de Doctor en Leyes por el Decano y éste le puso el bonete con borlas rosadas en la cabeza, estando el dicho graduando aún de rodillas, diciendo las palabras en la forma acostumbrada y establecida en la Constitución de la Universidad.

El fraile mercedario (de la Orden de La Merced) Diego de Rivas --otro criollo natural de León-- y Bernardino de Obregón y Obando --nacido en Granada-- se vincularon igualmente a la Universidad de San Carlos en Guatemala. El primero como catedrático interino de Prima de Teología, nombrado en abril de 1679; y el segundo --quien había estudiado en el Colegio de la Compañía de Jesús en la Capital del Reino-- formó parte del Claustro, siendo electo Consiliario (es decir, ecónomo de la Universidad).

Perico, Gorgico y Dieguito: primeros niños bilingües
Pero el más remoto antecedente histórico de la enseñanza en Nicaragua (provincia adscrita al Reino o Capitanía General de Guatemala a lo largo de casi tres siglos) corresponde a un proceso con dos objetivos simultáneos: la castellanización y la indoctrinación de los indígenas en nuestro territorio, recién conquistado por el imperio hispano durante la primera mitad del siglo XVI.

Como organizadora de la vida americana y difusora del Evangelio, la Iglesia dirigió ese proceso. Y su principal iniciador en 1531 fue el Protector de los indios --y luego primer obispo de Nicaragua-- Diego Álvarez Osorio. Este venerable eclesiástico había recurrido a Perico, Gorgico y Dieguito, tres despabilados niños indígenas que hablaban español al igual que, respectivamente, las principales lenguas indígenas: nicaragua (o nahuate), chorotega (o mangue) y chontal, para emprender dicho proceso. Por tanto, a estos tres niños bilingües se les debe la enseñanza pionera del castellano en nuestra tierra, auxiliados de música, pues el obispo Álvarez Osorio les había enseñado a tocar varios instrumentos, principalmente el violín

Los conventos como centros difusores

Los conventos fueron los centros difusores de esa enseñanza elemental, consistente en el aprendizaje de la doctrina cristiana y de rudimentos de Aritmética y Gramática, que incluían Caligrafía, Lectura y Escritura. En el convento franciscano de Granada, fundado en 1529 por fray Toribio Benavente Motolinía, los indios recibían esas nociones. A uno de ellos se le dio oportunidad para educarse en España: en cédula del 17 de febrero de 1531 fue autorizado Juan de Simancas para llevarlo consigo.

Otra cédula de 1534 ordenó que los indios de cada pueblo edificasen las casas de los misioneros, y que éstas, ocupadas en su conversión e instrucción, se anexaran a las iglesias y no pudiesen enajenarse ni ocuparse para otros usos. Y en la del 14 de noviembre de 1537, la Reina mandó al Gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, que construyera junto a la Catedral una escuela de doctrina para hijos de caciques.

No obstante esta preocupación real, la primera escuela para indios en León Viejo la fundó en 1542 el prelado fray Francisco de Mendavia; la segunda fue creada treinta años después por otro obispo: fray Gómez de Córdoba, el mismo que estableció escuelas de primeras letras en El Realejo, Granada y Nueva Segovia. Por último, la tercera escuela doctrinal de León Viejo surgió en 1580 a iniciativa de otro prelado: fray Antonio de Zayas.

La castellanización resultó incompleta. Pero se consolidó en la zona del Pacífico; de manera que en 1791 el científico español Antonio de Pineda --de visita en El Realejo, Chinandega y El Viejo-- anotaba de sus habitantes: “No se habla otro idioma que el español”.

Los “colegios” de jesuitas en El Realejo y Granada
En la villa de El Realejo y en la ciudad de Granada funcionaron, a principios del siglo XVII, dos colegios de jesuitas. El primero sostenido por las rentas de “Las Cosubinas”, poderosas haciendas donadas por el cura Antonio de Grijalva. Se enseñaba lo mismo que en el colegio de Granada, Lectura, Escritura, Catecismo, nociones elementales de Gramática y Latín. El último tuvo mayor duración: de 1618 a 1620

Una oración fúnebre en latín

El nivel en cuestión parece haber aumentado hacia la segunda mitad del siglo XVIII. Efectivamente, en el convento franciscano de Granada se enseñaba Música, Gramática, Latín, Griego, Filosofía, Matemáticas y Moral, clases que se recibían dos veces a la semana. Para poner un ejemplo de esos frutos, basta recordar que uno de sus alumnos, Miguel de la Cuadra, pronunció una oración en latín --en nombre de sus condiscípulos-- durante las honras fúnebres del obispo Antonio Navia Bolaños, enterrado en la iglesia parroquial el 3 de febrero de 1772.

Cabe citar también la atención que le otorgó a la enseñanza el obispo Juan Carlos de Vílchez y Cabrera, fundador de algunas escuelas parroquiales para indios, recomendadas por la cédula real del 17 de abril de 1770; y el celo pedagógico demostrado por el doctor Esteban Lorenzo de Tristán, electo obispo en 1795, al promover en León el desarrollo de las escuelas públicas a cargo de clérigos ilustrados. Uno de ellos fue el padre Rafael Agustín Ayestas, director espiritual de su familia

El Colegio Seminario San Ramón (1680-1807)

Fundado en la capital de la provincia por el obispo Andrés de las Navas y Quevedo el 15 de diciembre de 1680, el Colegio Seminario San Ramón nació como fruto del Concilio de Trento, en actitud defensiva contra el protestantismo europeo.

Remontado a 1678, cuando fueron creadas las cátedras de Latín y Lenguas Indígenas, era sostenido por los diezmos y contribuciones del obispado de León, más el producto de una encomienda en Nindirí. Luego fue apoyado por cinco obispos (cuatro españoles y uno nacido en la provincia) del siglo XVIII que aumentaron sus cátedras.

De manera que en 1803 poseía las siguientes: Latinidad, con 73 alumnos, Teología Moral, con 15, Filosofía, con 38, Cánones, con 19, Teología Escolástica, con 18 e Instituta Civil y Leyes, con 11, formándose en ellas --por citar dos figuras notables-- el natural de Costa Rica Florencio del Castillo, quien llegó a ser diputado de su provincia en Cádiz; y el hijo mestizo de Sutiaba Francisco Osejo

Bachiller en Artes o Filosofía.

Osejo desplegaría una valiosa acción como político, educador, legislador y abogado en Costa Rica, hasta el punto de ser declarado en esa naciente república Benemérito de la Patria.

El San Ramón reproducía los valores del sistema colonial y formaba sacerdotes de extracción criolla; pero ya a finales del XVIII, sus aulas admitían becados indígenas --hijos de caciques o descendientes de los mismos-- y alumnos laicos

Conclusión

En síntesis, para el imperio español la sociedad colonial se concebía de forma dicotómica: la “república de los indios” y la “república de los españoles”. Para los indios, derrotados y sometidos a raíz de la conquista, se establecieron las escuelas elementales con el fin último de incorporarlos como vasallos a la corona, desde la primera fundada en León Viejo en 1542 por el obispo fray Francisco de Mendavia, hasta la establecida en Granada en 1789 por el cura Pedro Ximena “de su propia expensa…en donde se enseña gratis a leer y escribir a los niños pobres de la referida ciudad, principalmente a los indios del pueblo de Jalteva, a quienes suministra cartillas, catecismos, papel y demás necesario, advirtiéndose mucha utilidad con tal loable establecimiento”.

Para los españoles, quienes ejercían dominio sobre aquéllos, eran los efímeros “colegios” de jesuitas en El Realejo y Granada, que funcionaron a principios del siglo XVII, convirtiendo a jóvenes “vaqueros y hombres de campo” en “muy buenos gramáticos y latinos”; y el Colegio Seminario San Ramón.


El “Padre-indio” Tomás Ruiz
Pero Tomás Ruiz, el “Padre-indio”, sería, con Rafael Agustín Ayestas --rector de 1787 a 1809--, la figura más relevante del San Ramón, en donde desarrolló su auténtica mentalidad racionalista e ilustrada como vicerrector y catedrático de Filosofía, impartiendo a Condillac e intentando una reforma antiescolástica y modernizante, hija de la de José Antonio de Liendo y Goicoechea en Guatemala.

Sin embargo, cuando el Colegio Seminario fue elevado a Universidad menor el 15 de mayo de 1807 --es decir, con la facultad de otorgar grados menores de Bachiller en Filosofía, Medicina, Derecho Civil y Derecho Canónico-- proclamó en su discurso la concepción letrada que caracterizó la enseñanza del San Ramón. Es decir, para formar clérigos y luego profesionales que fortalecieran el sistema y su predominante estructura religiosa.

Finalmente, las Cortes de Cádiz establecieron el 19 de agosto de 1812 la Real Universidad de la Inmaculada Concepción de León --tal era su nombre completo--, que el 24 de agosto de 1816, completando el número de doctores, procedió a su instalación definitiva. Fueron electos dos patronos: la Virgen María y Santo Tomás de Aquino. Y sus carreras eran cuatro: Derecho Civil, Derecho Canónico, Medicina y Teología; poseía 11 cátedras, dotadas de mil pesos y oídas por 217 alumnos. La Universidad de León llegaría a ser el segundo centro de estudios superiores en Centroamérica durante la dominación hispánica y la última fundada en América
Lo que debían saber los maestros de escuela en 1821
La Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica, a través de su Secretario, Juan Francisco Aguilar (Rivas, 1791-Isla La Pelona, Chontales, 1829), acordó en León en 1821 el “Plan Interino del Examen que han de sufrir los que aspiren a ser maestros de Escuelas de primeras letras”. He aquí su contenido: Los examinadores colocarán ante ellos una mesa con instrumentos impresos y manuscritos para que en unos y otros cada examinando lea y escriba lo suficiente a juicio del respectivo examinador.

Lectura. La lectura deberá ser corriente, seguida, sin tonillos ni otros defectos que la hagan desagradable y difícil su comprensión. Para apreciar el valor, caída y pausas convenientes, se elegirán páginas que abunden en interrogaciones, admiraciones, paréntesis, separaciones y otras figuras.

Ortografía. Se preguntará sobre las figuras del escrito, el mejor modo de formarlas y encadenarlas; sobre los incisos, comas, puntos finales, puntos intermedios y demás divisiones que ocurran.

Caligrafía. La forma de la letra debe ser clara, airosa, bien perfilada, sin rasgos inoportunos y con arreglo a los que han escrito sobre esta materia. Se preguntará sobre la elección de las mejores plumas, finura, duración y proporción; sobre el tajo de ha de resultar el perfil de la letra, extendiéndose a la mejor receta de tinta, con respecto a su color, permanencia, liquidez y propiedad para perfilar clara y hermosamente.

Aritmética. Sobre contar se extenderá el mecanismo de sumar, restar, multiplicar, dividir por enteros y quebrados, proponiendo oportunamente, a vista del examinador, las figuras de las partes principales en que debe consistir la instrucción del examinando. También se preguntará sobre las reglas maestras y capitales de la teoría de la aritmética.

Moralidad y Política. Será examinado cada aspirante en los principales misterios de nuestra divina religión y en cada uno de ellos se harán muy menudamente las preguntas que, contestadas, indiquen toda la instrucción que es tan necesaria en esta parte. Se interrogará sobre los principios de la buena cortesía, urbanidad y política social. También se le examinará sobre la constitución política de la Monarquía como una de las principales cosas que deben enseñarse a los niños en las Escuelas de primeras letras, según el artículo 2 de la Real Orden del 24 de abril último [de 1821].

Psicología. Se procurará, además, descubrir los sentimientos, carácter y capacidad del examinado, porque el talento y aplicación de un niño dan esperanzas probables de adquirir mayores luces, un genio franco, abierto y dulce, para que no suceda que en vez de enseñar se oprima y atormente a los niños, haciéndoles contraer los odiosos vicios de la hipocresía y envilecimiento del alma. Daño irreparable que no podrán vencer después los cuidados más inteligentes y eficaces.




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