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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 01 de Octubre de 2006 - Edición 9746
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La omisión de la tradición


La omisión de la tradición - Foto

El 27 de enero de 1857 una columna exploradora de filibusteros al mando del Coronel O´neal sostuvo una escaramuza en Belén de El Obraje con las tropas aliadas centroamericanas, lugar donde estas últimas pernoctaban en su avance sobre Rivas, el reducto final de Walker. Poca significación pudo haber tenido este enfrentamiento si no fuera el primer hecho de armas de la última y decisiva batalla de la Guerra Nacional, la cual habría de prolongarse hasta el primero de mayo de 1857. A pesar de su significación, este acontecimiento ha sido omitido hasta los tiempos actuales en las conmemoraciones convencionales.

Mas una rápida ojeada a la historia de la Guerra Nacional nos remite al hecho de que no sólo la mencionada batalla está entre los hechos olvidados en el inventario de héroes y efemérides de nuestra patria. Tal observación nos obliga a realizar una pregunta: ¿qué razones han existido para que persistan estas omisiones hasta los tiempos actuales? Esta interrogante puede tener distintas respuestas, no debe desestimarse, entre otros motivos, la dimensión que se le otorgó a otros hechos de armas, a los que no se les puede negar su importancia.

En esto hay que tomar en cuenta que son los constructores del Estado-nación --en cualquier tiempo y lugar-- quienes han determinado qué hechos históricos y qué actores individuales son más importantes, incluso convenientes, para recordarlos, elevarlos a la condición de efemérides y de héroes respectivamente. Esto, como se sabe, se acomoda o se certifica según los intereses coyunturales de los mismos constructores del Estado-nación, que en caso de Nicaragua les correspondió ser protagonistas a los presidentes de los 30 años conservadores del periodo 1858-1893.

Los conservadores de los 30 años y la invención de la tradición
Para comprender este comportamiento no se debe encaminar a una valoración maniquea, sino por el contrario se tiene que ubicar a los promotores de la tradición heroica de ese entonces en su debido contexto histórico, y de acuerdo con el historiador Eric Hosbawm se tiene que entender que dentro del proceso de invención de la tradición los mismos actores que establecen la cohesión social son los que están en posibilidades de construir la legitimidad del poder y por tanto aprovechar los espacios que provienen de esta legitimidad (el acceso al poder) para construir la lealtad o referencia hacia este centro político que se ha establecido y definido como legítimo. Esto último pueden acometerlo a través de la enseñanza escolar, los festejos oficiales, la publicación periódica, etc., mecanismos que son útiles para inculcar valores, creencias y formas de comportamientos que según su creencia deberán ser asumidos y practicados por la colectividad.

Es conocido el hecho de que los conservadores (legitimistas) salieron fortalecidos políticamente después de la guerra, ellos de forma unilateral asumieron por su propio peso la lucha contra los filibusteros desde 1855, mientras que los liberales (democráticos) arrastraban sobre sus hombros la misma traída de los filibusteros al país y se mantuvieron como sus aliados hasta septiembre de 1856. También los conservadores acumulaban en su expediente el haber actuado con más firmeza en el intento de imponer el orden en el territorio desde la Independencia de 1821, en contraste con los partidarios de liberalismo acusados de ser los promotores del desorden y la anarquía.

Estas afirmaciones se basaban principalmente cuando en el punto más álgido de las confrontaciones Inter-élites en las décadas de 1840 y 1850, los granadinos, a través de José León Sandoval (1845-1847), trataron con diversas medidas de fortalecer la autoridad del Estado; esta iniciativa se vio boicoteada por el jefe militar liberal de León, Trinidad Muñoz. A este caudillo también se le acusó de ser el promotor de las rebeliones indígenas y campesinas de 1848 y 1849 en Granada y Rivas en perjuicio de los conservadores y un intento de reforma constitucional. Similares señalamientos se hicieron a los liberales por el intento de golpe de Estado en 1851 y provocar la guerra de 1854–1855. Por tanto, es este sector( el conservador) el que además de tener más prestigio que los liberales leoneses, estuvo con más posibilidades de cohesionarse en 1858 y construir la legitimidad requerida para sostenerse en el poder hasta el año de 1893.

Dentro de esta lógica y utilizando los mecanismos requeridos, a ellos les corresponderá determinar o seleccionar qué hechos serán trascendentes para incluirlos en su panteón heroico y a su vez quiénes serán excluidos o vistos a menos en lo que especialistas como Hosbawm denominan “la invención de la tradición”. Igual tratamiento reciben en este caso los actores individuales cuya condición de héroes va a estar condicionada cuando fue demasiado evidente su proyección (caso de Andrés Castro), pero sobre todas las cosas cuando posterior a los hechos fue útil y/o se acomodó a los intereses circunstanciales de los ocupantes del poder. Un ejemplo de ello es la sobredimensión que se le ha dado a personalidades como el general José Dolores Estrada en menoscabo de otros que aún permanecen en el anonimato.


La Guerra Nacional: hechos, simbologías y omisiones
La Guerra Nacional se inició con la batalla del 29 de junio de 1855 en Rivas, en donde más de 200 nacionales al mando del coronel Manuel del Bosque se enfrentaron y derrotaron a 55 falanginos; la misma pasa a ser significativa por ser la primera prueba de fuego que protagonizan los nicaragüenses en contra de los filibusteros; pasa a ser simbólica también la batalla del 11 de abril de 1856 en el mismo Rivas, donde 3,000 costarricenses rechazaron el ataque de 600 filibusteros. Finalmente está la batalla de San Jacinto el 14 de septiembre de 1856, de cuya relevancia mucho se ha escrito, primero por haberse dado dos días después del pacto patriótico del 12 de septiembre, segundo: porque fue la primera vez que se enfrentaron filibusteros y nicaragüenses (es decir sin la participación de tropas de ningún otro país), y tercero se produjo un día antes del 35 aniversario de la independencia de Centroamérica (15 de septiembre), por lo que, además de significativa, en términos prácticos, facilitó en años posteriores la celebración en bloque de ambas efemérides en lo se conoce como las Fiestas Patrias.

Algunos analistas en historia militar incluso califican este enfrentamiento como un combate y no como una batalla propiamente dicha, dado los involucrados (160 nicaragüenses y entre 200 y 300 filibusteros). Pero por encima de todo, pasa a ser la gesta de San Jacinto la batalla que simboliza la derrota del filibustero Walker en la Guerra Nacional. Sin embargo, hubo otros acontecimientos de mayores dimensiones que desafortunadamente han sido desestimados y han estado al margen de la simbología oficial.

Ejemplo de tales omisiones son, además de la mencionada tercera batalla de Rivas, los largos enfrentamientos de Masaya y Granada que se dieron entre octubre y diciembre del mismo año de 1856. La primera batalla Masaya-Granada el 12 y 13 de octubre rompió el esquema estratégico de Walker dado que pretendía sorprender y derrotar a los aliados y pasar a la ofensiva sobre León. Para ello aglutinó a 1,000 hombres de sus mejores tropas, bien apertrechados lograron entrar a Masaya, tomaron posiciones estratégicas y obtuvieron avances sustanciales en el sitio. Mas los aliados en una hábil maniobra atacan Granada débilmente resguardada; informado de esta situación Walker se ve obligado a cambiar de planes y aun cuando sorprende y logra derrotar a los aliados en Granada pierde la perspectiva ofensiva, y de ahí en adelante pasará a la defensiva. Aquí notamos que las dimensiones son sustancialmente diferentes a todas las batallas anteriores: 2,300 guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y nicaragüenses se enfrentan a 1,600 filibusteros en ambas poblaciones.

En noviembre de este mismo año Walker vuelve a hacer otro intento infructuoso sobre Masaya con un nuevo revés que habría de repercutir en lo sucesivo en otra derrota en Granada, cuando los aliados pasaron a una ofensiva total entre noviembre y diciembre, lo que tuvo como resultado el conocido incendio de Granada y la retirada del general filibustero Henningsen hacia Rivas.

Tampoco pueden ignorarse otros hechos de armas como lo que pudiera llamarse la batalla por el río San Juan, que tuvo como protagonistas al marino Spencer, al servicio de Vanderbilt, y al grueso de ejército costarricense (3,000 hombres) encabezado por el general José Joaquín Mora. Esta lucha que inició el 20 de diciembre de 1856 y se prolongó hasta el 2 de abril de 1857 con la derrota definitiva de los jefes filibusteros Lockridge y Titus, fue determinante para bloquear el abundante flujo de refuerzos (en armas, avituallamiento y hombres) que tuvo Walker hasta ese momento. Paralelo a todos estos hechos hasta agosto de 1856 se dieron en el Norte y Occidente del territorio distintos enfrentamientos, principalmente entre democráticos y legitimistas, todo ello como parte de la transición de guerra civil a Guerra Nacional, lo que por su naturaleza sería otro tema de estudio.

La tercera batalla de Rivas

La tercera batalla de Rivas entre enero y mayo de ese mismo año es de singular importancia no sólo para la Guerra Nacional, sino para todo nuestro proceso histórico, porque constituyó la derrota definitiva del intento esclavista en Nicaragua. En estas circunstancias, la situación ha cambiado totalmente, los filibusteros, aunque mantienen la superioridad técnico-militar con armamento moderno y militares capaces como Henningsen, tras su retiro de Granada están a la defensiva, con sus efectivos reducidos a la mitad (entre 1,000 y 1,200 hombres) moralmente desanimados, más prestos a la deserción que al combate. Los aliados por su parte contaban al inicio de esta batalla con 2,500 efectivos, los que vinieron aumentando hasta llegar a ser más de 4,000 (entre nicaragüenses y centroamericanos).

La confrontación tuvo dos fases:

Las ofensivas de Walker que se dieron desde el mismo 29 de enero en el ataque de El Obraje y los intentos sucesivos de los filibusteros entre los días 4, 7 y 16 de febrero hasta el 16 de marzo por de-salojar a los aliados de su cuartel general establecido en el puerto lacustre de San Jorge. Todos estos ataques son frustrados y Walker fue incapaz de obtener una victoria que le impidiera el cerco que se le estaba imponiendo. La situación de Walker estaba en deterioro tras las batallas de Masaya y Granada en diciembre de 1856. El fluido de refuerzos que le estuvieron llegando a lo largo de este año se vio mermado bruscamente al perder el control de la Vía del Tránsito en la fecha señalada del mes de abril.

Los con más recursos humanos, materiales y morales pasaron a la ofensiva el 5 de marzo. El general Fernando Chamorro a la cabeza de 500 hombres derrota en una batalla campal al general Sanders, con lo que se asegura el control de la Vía del Tránsito. El general hondureño Xatruch lanzó un ataque de distracción nocturna sobre las posesiones de Walker en Rivas, bien atrincheradas las tropas filibusteras causan grandes bajas a los aliados. Walker lanzó su última ofensiva el mencionado día 16, pero se vio obligado a retirarse con muchas bajas. Los aliados ponen sitio a la ciudad los días 23 y 24, atacan por varios flancos, son rechazados con muchas pérdidas, pero éstos lograron completar el cerco sobre la población. Los aliados tenían muchas ventajas, todo operaba a favor de la derrota total de un enemigo totalmente cercado cuando en desacuerdo con los demás jefes, el general costarricense Mora impuso la realización de una ofensiva para el día 11 de abril. Walker a sabiendas de que Mora iba a conmemorar la batalla del año anterior se preparó e hizo una matanza (más de 300 hombres) de tropas centroamericanas en su mayoría nicaragüenses.

Esta victoria dentro de la derrota total le permitió a Walker más movimientos y ventajas y pudo negociar su capitulación con el almirante norteamericano Charles Davis, quien había fondeado su corbeta en San Juan del Sur. Él no quiso capitular ante los aliados ni reconoció como interlocutor al general Mora, sino que lo hizo ante Davis el 1°de mayo de 1857. En base a estos acuerdos, él pudo retirarse con su cuerpo de oficiales y soldados a EU. La última y más sangrienta batalla de la Guerra Nacional había concluido, más de mil muertos y otro tanto de heridos lo testimoniaban. En adelante las posteriores intentonas de Walker no tuvieron eco ni en Nicaragua ni en el resto de Centroamérica, las facciones en pugna se dieron cuenta de su error y se abocaron a solucionar sus conflictos por la vía del entendimiento político.

Tal como lo expresamos anteriormente, este hecho, si bien es conocido y mencionado por los narradores de su época, fue obviado como efemérides a pesar de su trascendencia por las razones antes señaladas, primero por los constructores del Estado de entonces y después por las generaciones subsiguientes de la clase política. No se sabe por ejemplo de la celebración en su centenario en 1957 y en los tiempos actuales vimos cómo pasó inadvertida su conmemoración a pesar de sugerencias que se les hicieron a algunos representantes políticos de la ciudad de Rivas.

Finalmente queremos expresar a manera de reflexión que no se trata de agregar más y más fechas gloriosas a una Nicaragua que ha soportado muchas pruebas, un país constantemente intervenido y defendido por sus mejores hombres y mujeres en distintas etapas de su historia. Pero hoy, cuando la injerencia y presiones externas por los nuevos filibusteros de las transnacionales son el pan de cada día, celebramos en agosto pasado justamente los cien años de la asociación Scout en Nicaragua, era justo también recordar (salvando las dimensiones de una cosa y otra) los 150 años de la derrota definitiva del esclavismo en Nicaragua.

* El autor es docente universitario e investigador de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua.




Comentarios de nuestros lectores

Rosalie Prado Ramírez
Muy bien escrito y comprensivo, para una que está en el extranjero me gusta mucho leer sobre la historia y el pasado de Nicaragua. Felicito al autor y al Nuevo Diario. Para una que no fué criada en Nicaragua me hubiera gustado si le hubieran añadido la parte topográfica para saber el lugar de estas batallas. Aunque esto pasó en los 1850s, tubo herencias 50 años más tarde con protagonistas de ese tiempo, tocó varias vidas y los influyeron. Sigan informandonos.


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