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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 14 de Octubre de 2006
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Nuevo Amanecer
oct 14, 2006

Las semillas de la luna

Poeta e historiador chontaleño


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Más que privilegio y sano orgullo induce leer las letras de alas vivas de alguna obra primigenia, insuperable en su género y por su posición en los registros históricos de la literatura. Decir por ejemplo he leído versos de Gonzalo de Berceo, primer poeta en España y de su lengua en América; o los versos de Netzahualcóyotl, primer poeta americano conocido; o leer de un estirón Pedro Páramo de Juan Rulfo, modelo para la narrativa contemporánea; a Márquez, Fuentes etc. O decir: he degustado los versos de Pound, Vallejos, Neruda, el maestro Darío, o de Salomón de la Selva su Soldado Desconocido (1922), primer poeta y primer libro de la modernidad mesoamericana y caribeña… Y es que cada uno ha fundado otro sendero para llegar a ese pueblo llamado literatura y así inventar nuestros pueblos y fincas, cada vez mejores, llámese Comala, Macondo o Cosmapa para no salir de nuestros corredores.

Leer Las Semillas de la luna (1996), primer libro de cuentos históricos en la literatura nacional, es más que privilegio y supremo desafío, o mejor aún, cuestión de obligarse por un respeto a las primeras conquistas de cumbres logradas por un coterráneo que ha ahondado mejor que ninguno la geografía e historia de la patria y recreado para entenderla con esa expresión denominada narrativa breve, mejor recurso didáctico, si se domina, para que nuestro pueblo conozca y entienda nuestro eje histórico. Si en literatura hemos leído Trágame Tierra (1969), de Lizandro Chávez Alfaro, novela con que Nicaragua entra por la puerta amplia a la nueva novela hispanoamericana; o Tiempo de Fulgor (1970), de Sergio Ramírez M., la segunda nueva novela, faltará entonces completar la lista monumental leyendo Las Semillas de la Luna, del poeta Ricardo Pasos Marciacq. El reto está allí como estuvo ese otro llamado Everest (la cumbre más alta del mundo) para Edmund Hillary y Tenzin Norgay.

La poetisa Vidaluz Meneses ha advertido en el prólogo de la obra una especial “sensibilidad estética”, y cierto es que el autor profundiza en la cobertura y magia de nuestras leyendas y de los personajes. Traduce la verdad de los símbolos cruz-espada que muchos se han acobardado revelar tras la fuerza de la tradición religiosa. Y hay pasión en los hechos históricos, sí, porque el narrador ha defendido desde la polémica y trascendental novela histórica El burdel de las Pedrarias, que la historia no es obra muerta, letra asfixiada. Si la historia fue apasionada, de carne y hueso y sangre derramándose, de ese modo y con esa misma sangre debe rescribirse: si sangrienta, con dolor; si romántica, con ternura y erotismo.

Las Semillas de la Luna se desgranan en la brisa cálida por la manera de barajar cuidadosamente los personajes entre la vida conventual y las leyendas, o la magia provocando rivalidad entre la concepción de la santidad y la realidad de las eventualidades.

Las Semillas de la Luna fueron irrigadas y escritas por un buen escritor, aquél que pudo manejar el lenguaje y destinarlo incólume con distintas temáticas a cualquier nivel de lector que se atreva a hojearlo. Escribe no sólo para intelectuales y escritores de talla ancha, sino para todo un pueblo. Y es que cada cuento es una arquitectura única porque no hay monotonía en su estructura narrativa. De temáticas diversas: injusticia social, desigualdad, supersticiones, la magia precolombina, temas vivos en nuestros pueblos y por eso cada uno se lee con hondura y carácter distinto, pero no se forcejea ningún lector hasta perderse como en otras lecturas, ya que la sintaxis se desliza como aceite, ágil como la gacela, potente en la crítica como un cañón cuando se trata de la Inquisición, la peor de las crueldades.

Pero no hay que confundirse. El lector es más importante para el narrador. Se enfoca en él, entra en su cerebro y lo convierte en un personaje más del cuento, lo hace pensar en un mundo colonial.

En Las Semillas de la Luna nos encontraremos con Los brujos de Sébaco y el Santo, la labor de Fray Antonio Marfil de Jesús de exorcizar y predicar a los mal llamados brujos. Enfrenta a la Cihua-Coatl (Mujer Serpiente). Asombra el enfrentamiento y el misterio y la sorpresa al no bajar el narrador por la senda misma para llegar al punto final. Interpola magistralmente, mientras se debate la fe religiosa con el mito, la historia de amor de La Mocuana con el Cacique Guatemetl. Algo así como la técnica de El Viejo y el mar, de Hemingway, que mientras el personaje pelea con el pez y la zozobra, sin obligarlas van escurriéndose las historias. Al final nos queda un misterio que resolver y pone al lector a recrear a su antojo otro misterio.

El Milagro, cuento cargado de lo que el poeta llama Mujereidad, sexo, pecho y carne más cercana a la realidad corporal, viva e intensa del personaje femenino. El erotismo sutil, peligroso para el de mente sucia por su descarnada explosión de elementos sensoriales y gustativos. Hay invasiones de zambos y caribes y termina la historia de Fray Blas en un inesperado suceso, la misma característica del Vanguardismo Hispanoamericano: la sorpresa.

Son todos los cuentos, la vida, sueños, luchas y sorpresas de los frailes durante la colonia en Nicaragua. En La sonrisa de los Xicaques, es Fray Fernando Espino el principal protagonista, primer predicador nacido en Nueva Segovia. Lo que nos dijeron los Sacuanjoches es la historia de Fray Antonio de Valdivieso y su aguerrida voluntad de defender los derechos de los indios contra la autoridad injusta del gobernador Rodrigo de Contreras. Este cuento está dividido en capítulos para cambiar el contexto temporal, ambiental y los personajes, y desviarse de esta manera de los cansados ciclos narrativos. Es el lector transportado a la colonia para escuchar a doña Catalina Álvarez decir que Valdivieso, su hijo, pecó y fue su pecado tan grande que se ganó pronto la muerte: hablar de amor, justicia y libertad en una época y lugar donde estas palabras eran prohibidas. Lamentablemente, por querer hacer cumplir las Nuevas Leyes de Indias fue asesinado a puñaladas, hecho encabezado por Hernando de Contreras y su acompañante Juan Bermejo, el 26 de febrero de 1550.

No con las mismas estructuras se desmenuzan los otros cuentos donde los protagonistas son: Fray Onardo Lima Días (La misa de Fray Onardo), Fray Blas de Castillo (La nostalgia del fraile ausente), Francisco de Ribera (La piedad del obispo), primer predicador que redujo al pueblo indio Lóvago (1608), y predicó en Acoyapa y Camoapa y montañas al centro de Chontales, y en cuyo cuento el autor retrata el engaño de los españoles sustentados en las famosas tasaciones. Y hay asimismo un mapa histórico y geográfico el cual empieza en las montañas de Camoapa, Comalapa, río Mayales, río Mico, Juigalpa, Acoyapa, Lóvago y con su centro de operaciones en el otrora pueblo más importante de los Chontales, olvidado ahora por los historiadores, Lovigüisca, en la sabana del mismo nombre.

Fray Nicolás García y Jerez es el personaje central de La Mitra y el Sable, y en Las historias del padre Azarías hay una lucha del poeta por un “entierro de pobre” preparado por los “otros” que nunca le arrebataron la riqueza de su alma. El diálogo es la expresión literaria que como recurso es utilizado para contar algunos detalles de la vida del padre y poeta Azarías H. Pallais. Y por último, El gato en el retrato, vida y otras relaciones de Fray Antonio de la Huerta y Caso, nacido en Juigalpa, Chontales.

Esta colección de cuentos es una obra que sin duda por su misterio, dramatismo, con apego a la raíz india y especialmente de la colonia, más la exacta selección de técnicas de estilos y códigos temporales y narrativos, provoca en el lector un asombro y goce por la manera de cómo y con qué cuenta y ordena estas historias. Así es que si no han leído la obra, el primer libro de cuentos históricos de Nicaragua, del poeta Ricardo Pasos Marciacq, el reto está allí, en Las Semillas de la Luna.



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