Peña Hernández y su refranero
Acaba de aparecer bajo el sello de la Academia Nicaragüense de la Lengua, la tercera edición de un pequeño libro pionero: Refranero zoológico popular (abril, 1961), del doctor Enrique Peña Hernández (Masaya, 1922) Esteban Sandino
 |
| El doctor Enrique Peña Hernández. |
|
Ese mismo año, el 28 de mayo, ingresaría a dicha corporación en ceremonia desarrollada en el Instituto Nacional “Manuel Coronel Matus”, de su ciudad natal. Tiene, pues, 45 años de pertenecer a la Academia, siendo el Decano –el de mayor edad– de sus colegas residentes en Nicaragua.
Abogado y autor de obras jurídicas, profesor de secundaria y catedrático universitario, ensayista y narrador, hace 60 años publicó su primer título: Cervantes y su obra, al que siguió su Panorama masayense (1957): otro estudio pionero en la investigación folclórica del país, la cual llegó a sistematizar en una obra mayor: Folklore de Nicaragua (1968), reeditada varias veces. Su contribución a la enseñanza del español también ha sido notable, reflejada en unas quince ediciones de su Castellano básico.
Al mismo tiempo, la gramática y la lexicografía han dado fe de su persistente quehacer. Actualizado en las normas, contestando consultas de lectores nacionales y del extranjero, impuso su autoridad en los lares patrios y en numerosos congresos de la Asociación de Academias de la Lengua desde 1964. Rafael Lapesa, el gran lingüista español, era uno de sus valedores.
No es necesario citar todas sus obras, ni resumir su hoja de vida ejemplar. Sólo deseo solidarizarme con su persona abierta y su humor sui géneris en estas líneas que reconocen la claridad y la sencillez de su prosa, más su orientador sentido didáctico, a lo largo de una trayectoria incansable por mejorar el idioma de sus ciudadanos. Desde luego, en la Academia se comparten sus preocupaciones: la invasión de extranjerismos innecesarios, el mejoramiento de la enseñanza del español en nuestras hablas, los vicios o barbarismos que se cometen en los medios de comunicación social, la escritura sin propiedad ni corrección de las últimas décadas y el uso de palabras inadecuadas.
Pero aquí quiero destacar su carácter de paremiólogo, iniciado en 1961 con la publicación de su citado Refranero zoológico popular: 510 refranes y 80 locuciones y aforismos “en cuya construcción llevan --como base-- nombres propios de personas, y que corren de boca en boca en nuestro pueblo”, por ejemplo: ¡No está Magdalena para tafetanes! (la situación económica no permite hacer esos gastos o desembolsos) “¡Cómo no, chon!” (expresión de desconfianza, de duda retrechera, de incredulidad), “Es amigo de la Manuela Palma y de la Chaca Saliva” (que suele masturbarse con suma frecuencia), “Como la chancha de tía Lacha: amarrada y sin comer” (aplicado a las personas a quienes se les hace trabajar mucho y se les da de comer poco), “¡Te fuiste, Marcelino!” (expresión de triunfo, de alegría por la conquista o logro de algo), “Tirarse un Macario” (ventorrearse, pedorrearse), “Andar con el tío Pedro” (andar las mujeres con la menstruación), “Meterse en el culo de Judas… o del diablo” (ocultarse en un lugar remoto y desconocido), “Dice la ley de Jonás: al que está jodido, hay que joderlo más” (se dice cuando a un ser desgraciado le llueven más desgracias y sus prójimos se proponen acabarlo de arruinar) y “Muerta la Hilaria y sin quien la llore” (asunto definitivamente acabado).
El librito --apenas supera las 100 páginas-- continúa siendo ameno e insuperable, pues aunque se han aparecido otros de mayor extensión, carecen de la explicación que cada refrán exige para su debida comprensión. Con prólogo de Jorge Eduardo Arellano, Director de la Academia, y nota en la contracubierta del secretario de la misma, Francisco Arellano Oviedo, este Refranero sistematiza, principalmente, los de tema zoológico. “Agudo y breve, el refrán --como su etimología lo indica-- re-frangere, partido nuevamente lo que estaba en partes --es una expresión proverbial que nace de la experiencia, madre de todas las ciencias --señala el último. “Además de paciente, puntualiza, la labor de Peña Hernández es meritoria por la explicación hábil y precisa que realiza de cada uno de los textos recogidos”.
Por otro lado, el Decano de la Academia enriquece su compilación con algunas retahílas infantiles --ajenas al refrán-- sobre nombres propios: María (“María, manteca fría /te llora el ojo /por la tortilla”), Francisco (“Chico perico mató a su mujer, /la hizo chorizo y la puso a vender. /Nadie la quiso porque era mujer”), Arturo (“Arturo, come maduro, cerote duro”) y Luis. Al respecto, cuando el presidente Luis Somoza Debayle visitó en Masaya a su correligionario Cornelio Hueck, recién apareció el librito de Peña Hernández, éste fue invitado por dicho anfitrión a su casa y obsequió un ejemplar de su Refranero al mandatario, quien lo abrió en la página donde se leía esta retahila: “Luis /cagado de güis, /si no te limpiás, /cagado te vas”. Y la coincidencia, desde luego, fue celebrada por todos los concurrentes.
|
Cultural
Este hombre raro
Agua negra
Metáforas de Montaña Arriba
El teorema de Fuentes
La secreta voluntad del silencio
Los registros de la representación
Peña Hernández y su refranero
Carlos Fuentes: Decir la violencia
Joseph Conrad
La felicidad, novela por entregas
Edgar Allan Poe o el delirium de la escritura
|