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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 28 de Octubre de 2006 - Edición 9408
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Desenmascarando el texto

“La poesía es el aroma de la lengua de los pueblos”
Humberto Ak´abal (poeta maya-quiché)


Desenmascarando el texto - Foto
Las máscaras del texto.

Erick Aguirre ha publicado bajo el título de “Las máscaras del texto” (junio 2006) cuatro ensayos que, como él mismo confiesa, pretenden “localizar algunas raíces históricas precolombinas y coloniales” para “tratar de interpretar su reflejo en algunas obras de la literatura nicaragüense”. Aunque el texto (no sólo literario) es inseparable de las condiciones en que es producido y leído, siempre será una empresa inconclusa intentar representar la “realidad objetiva” que lo rodea, la que irremediablemente y presuntamente lo crea a su imagen y semejanza.

Al autor, ahora un estudioso escritor contemporáneo, le conozco desde hace más de tres décadas entre los callejones rebeldes y andenes embaldosados de la Colonia Centroamérica, con su espíritu sereno y arrojado, su voz pausada, pero inquieta. Siempre comprometido con algo, nunca indiferente, como ahora claramente lo expresa desde los escritos que reúne en este libro.

Desde el primer ensayo, “Representaciones literarias del indígena”, Aguirre, en su acuciosa y tenaz búsqueda, cuestiona mitos y deja parcialmente descubiertos los rasgos del rostro que esconden los textos.

La ideología dominante en el contexto socio-histórico que no se ausenta ni en la obra de Darío, la crisis de valores entre la cultura letrada y la popular, el arte de la forma verbal subordinada y olvidada, el dominio de un discurso letrado conservador, la lengua del conquistador que se vuelve intolerante ante la del conquistado, la exclusión de las manifestaciones literarias originarias de herencia diversa, dispersa, soterrada, mestizada, maquillada, invisibilizadas por la máscara de nombres mestizos, lengua castellana y economía patriarcal.

José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra y Joaquín Pasos evidencian la óptica conservadora del grupo Vanguardia de Nicaragua que parte de la “idea de que la creatividad artístico-literaria del mundo indígena careció siempre de la suficiente vitalidad y riqueza”. Se ve desde una perspectiva dominante el mundo de una cultura “abolida”, el vidente, con su profunda ceguera, no tiene ojos para ver las visiones del ciego, ése es el conflicto. Se genera una “falsa representatividad cultural originada por la voz de otro”. Es necesario “literaturizar la oralidad colectiva” sin intermediación para confirmar la heterogeneidad de las culturas nicaragüenses, un concepto pluralista de la historia literaria.

La cultura, como factor de dominio, es abordada en “La carreta nagua”. El conflicto entre la tradición escrita y la oral, como una forma de resistir a la “voluntad letrada colonial”, una especie de “visión de los vencidos”, como afirma Alejandro Bravo.

En “Novelas de la anarquía”, haciendo referencia a Amor y constancia (1878), de José Dolores Gámez, y Doña Damiana (1998), de Enrique Alvarado Martínez, que recogen una época de vacío de poder después de la ruptura del régimen colonial, quedando intactas las estructuras políticas y administrativas de dominación, las rivalidades entre las familias oligárquicas y los “autoproclamados conservadores y liberales”.

En el último ensayo “El otro, el mismo”, aborda a Darío en su “modernidad ideológica”, un fenómeno surgido en uno de los países “más atrasados”, no padeció del mal de la “abstención política” o de “indiferencia moral”, sino que estuvo involucrado desde la “plenitud histórica” que le tocó vivir, en un intento, que en su prosa es evidente, de “hacer de la literatura una verdadera práctica social”.

Hay aquí, desde estos ensayos, dudas, cuestionamientos, formas distintas de ver las cosas, retos, desmitificaciones, una búsqueda constante de identidad que trasciende una cara y muestra muchas.

Habiendo evitado quedarse al margen, no es prisionero de la indiferencia, se libera así del más cruel de los castigos, según lo escribe Dante Alighieri en la Divina Comedia, Dios me libre de la indiferencia: “Ésos son los que no merecieron ni vituperios ni alabanzas, ¡Terrible!, los lugares más ardientes del infierno están reservados para los… neutrales…”.


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