Infancia y agua
Alberto Sierra Más de 125 millones de niños menores de cinco años viven en hogares que carecen de fuentes de agua potable. Doscientos ochenta millones no disponen de instalaciones de saneamiento adecuadas. Vivir sin agua es tan difícil como vivir sin aire. Si agua es sinónimo de vida, infancia lo es de futuro y de indefensión. Los menores son los más vulnerables a los efectos negativos del consumo de agua insalubre, a la insuficiencia de agua, así como a la falta de higiene y de saneamiento del líquido elemental.
El último informe de Unicef concluye que el mundo va camino de cumplir el objetivo establecido por la ONU en el año 2000 de reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso al agua potable para el año 2015. Progreso para la infancia: un balance sobre agua y saneamiento destaca que 1,200 millones de personas han visto mejoradas sus posibilidades de acceso al agua potable y sus instalaciones de saneamiento desde 1990.
La cobertura mundial de agua potable aumentó del 78% al 83% entre 1990 y 2004. La proporción de personas con redes seguras de saneamiento ascendió del 49% al 59% en el mismo periodo. Setenta y cinco países en desarrollo se encuentran bien encaminados para alcanzar la meta propuesta en el año 2000, cinco han logrado progresos insuficientes y 23 no cumplen con los objetivos previstos.
El desarrollo de las zonas más desfavorecidas dependerá en gran medida de la efectividad real del derecho que tienen todos los niños del mundo al agua potable. Las poblaciones de las zonas rurales y el África subsahariana son las más castigadas. De los 1,200 millones de personas que han accedido a fuentes mejoradas de agua potable casi dos terceras partes viven en zonas urbanas. La tercera parte de las personas que carecen de acceso al agua potable en el mundo viven en África subsahariana. 54 millones de niños africanos viven en esta situación.
Las malas condiciones del agua favorecen el contagio de enfermedades infecciosas y aumentan la tasa de mortalidad infantil. Diez millones y medio de niños mueren cada año en los países empobrecidos por la desnutrición, la neumonía, el gusano de guinea, trastornos neonatales y otras enfermedades relacionadas con el mal estado de las aguas. Alrededor de un millón y medio de menores de cinco años pierden la vida como consecuencia de enfermedades diarreicas, niños que toman agua de pozos excavados a mano, de ríos, de lagos o de arroyos que no han sido tratados para el saneamiento de sus aguas.
Para evitar que 2,400 millones de personas carezcan de acceso al saneamiento básico de las aguas en 2015, el informe advierte de que habrá que aumentar los progresos a un ritmo que se adecue a la explosión demográfica. De los cerca de 120 millones de niños que nacen cada año en el mundo en desarrollo, la mitad lo hará en hogares sin instalaciones de saneamiento adecuadas y la quinta parte carecerá de fuentes de agua potable en sus casas.
Reducir a la mitad la proporción de gente que carecía de acceso al agua potable es el Objetivo del Milenio (ODM) número 7 establecido por los 191 países miembros de la ONU en el año 2000. Pero como señala la directora ejecutiva de Unicef, Ann M. Veneran, cumplir con este objetivo tendría efectos extremadamente positivos para reducir la mortalidad infantil y la derivada por la maternidad. Además, contribuiría a reducir la desnutrición infantil y a favorecer la educación primaria universal.
La OMS y Unicef calculan que alcanzar a quienes no reciben servicios básicos de bajo costo para el agua potable y el saneamiento en el año 2015 costaría 11,300 millones de dólares al año. La reducción de las muertes infantiles y de los brotes de enfermedades serían algunos de los beneficios derivados de establecer servicios básicos de bajo costo para el agua. Parece algo al alcance de nuestras posibilidades, sobre todo si tenemos en cuenta que el gasto militar previsto para este año se estima en 843,000 millones de euros.
Periodista
ccs@solidarios.org.es
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