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nov 6, 2006

Barça, maltratado e indefinido

* El medio centro y los laterales repiten como punto débil de un Barça que siempre supo corregirse en la Liga de Campeones

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El jugador del Chelsea Joe Cole tumba a Edmilson. Cole recibió dos tarjetas amarillas en el juego contra el Barça. AFP/END

Ramón Besa
Barcelona / El País

Autocrítico después de la derrota del Bernabéu, el Barça aceptó de mala gana el empate concedido ante el Chelsea. Hubo unanimidad en el equipo a la hora de apuntar al árbitro, Stefano Farina, el mismo que dirigió la sonora derrota en la Supercopa europea con el Sevilla (3-0), como valedor del juego del plantel de Mourinho, que trasladó la agresividad de la sala de prensa al césped. La estadística del partido, sobre todo en cuanto a faltas y tarjetas, ratifica que para suerte inglesa se impuso el cuerpo a cuerpo y que la intervención del colegiado resultó decisiva en dos momentos cruciales: la concesión y administración del tiempo añadido, momento en que Drogba empató, y la no expulsión de Cole cuando se suponía que tenía dos amonestaciones y no una.

‘El árbitro favoreció al equipo que no quería jugar y entraba duro’, confirmó Motta después de justificar a su entrenador, Frank Rijkaard, por encararse al colegiado en el círculo central al final del encuentro. ‘(El Chelsea) sabía que afrontar al Barça de tú a tú en el Camp Nou es complicado. Vino a pararnos con faltas y nuestra única intención era jugar al fútbol’. La sorprendente alineación de Motta no ayudó precisamente a evitar la refriega en la cancha y a anteponer el fútbol de toque, velocidad y desmarque azulgrana, sino que redundó en una contienda trabada y bronca, muy a gusto del Chelsea.

La figura del medio centro se considera decisiva para el equilibrio del equipo y para darle estilo. Y Rijkaard no siempre ha apostado por el mismo futbolista, sobre todo esta temporada en que las rotaciones se han impuesto en todas las líneas. La opción de Márquez, que funcionó el curso pasado, queda momentáneamente descartada porque el técnico le prefiere como segundo central por sus cambios de orientación y para sacar la pelota desde la defensa. Aunque no se excluyen alternativas como la de Iniesta o Xavi, como en Chamartín, la duda está generalmente entre Edmilson (seis partidos de Liga y tres de Copa de Europa) y Motta (dos y tres). El entrenador apostó el martes por el italobrasileño, definitivamente asentado como pivote y no como volante zurdo, en una decisión personal y que causó cierta sorpresa entre el propio cuerpo técnico por más que el jugador tuviera un protagonismo notable ante el Sevilla. Motta, un futbolista de técnica exquisita y mucho ascendiente en el vestuario, se perdió en el juego camorrista del Chelsea, y tuvo que ser sustituido por Edmilson, un cambio que mejoró mucho al Barcelona.

Arreglada la divisoria con un cambio, el Barça penó al final por la falta de oficio -Xavi afirma: ‘Nos faltó malicia para intentar cerrar el partido con continuas pérdidas de tiempo y faltas tácticas’- y una concesión defensiva habitual: no tapó bien su flanco izquierdo, por donde ataca Ronaldinho y defiende Gio, y Essien tiró un contragolpe definitivo: escapó el volante de Deco y se coló hasta poner el centro en el segundo palo a la cabeza de Terry, para que el central asistiera a Drogba, majestuoso en la maniobra del gol por el control, la aceleración y el remate ante Valdés. Los refuerzos de Zambrotta y Thuram no han resuelto tampoco un debate tan viejo como el del medio centro: si antes Oleguer y Belletti se disputaban el lateral derecho y Gio y Sylvinho el izquierdo, ahora Zambrotta se ha añadido en el litigio, para desdicha de Oleguer.

A cada partido, la pregunta es la misma: laterales de largo recorrido y ofensivos o cortos y defensivos. Los cambios constantes no han ayudado a adquirir los automatismos para contener con solvencia ni tampoco para crear superioridad numérica en el medio campo. Hay veces en que los zagueros de banda se han quedado a mitad de camino y, consecuentemente, su aportación global ha sido más bien escasa.

Ocurre, sin embargo, que Rijkaard siempre supo convivir y corregirse cuando fue menester, tanto respecto a la indefinición del medio centro como de los laterales. La Copa de Europa, ganada en París, es el mejor ejemplo: ausente Xavi, jugó Edmilson de salida para ser sustituido por Iniesta, mientras Belletti resolvió con su gol después de entrar por Oleguer. La trayectoria azulgrana en la pasada Champions fue inmaculada mientras que en la actual su participación ha quedado condicionada por sus partidos contra el Chelsea. La derrota en la Liga contra el Madrid ha pesado igualmente más de forma psicológica que en su clasificación, que es mucho mejor hoy que el curso pasado en la jornada ocho.

Madrid y Chelsea son los equipos que discuten la jerarquía futbolística del Barça, que a diferencia del curso anterior no ha sabido imponer su filosofía futbolística en los grandes partidos. Barça necesita menos el método y más a los jugadores, y en su mayoría no han alcanzado su mejor momento: a Ronaldinho le falta un poco, a Deco otro poquito, como a Xavi y a Puyol, y Eto’o está lesionado, ausencia capital para entender la melancolía azulgrana. Nadie duda en el Camp Nou del margen de mejora que le queda al Barça, y los técnicos coinciden en que los problemas que se le presentan son tan conocidos que los resolverán a tiempo.




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