nov 8, 2006
Y me quedé sin votar
En la fila de la JRV Digamos que nos pescaron empinando el codo y nos regalaron hospedaje de una noche en la estación local de Policía buenaonda@bacanalnica.com
El domingo fueron las elecciones. Miles y miles de nicaragüenses fueron a votar, a ejercer su derecho a elegir a nuestras autoridades. Se suponía que yo también iría, pero no pude. La verdad, sé que fue mi culpa, no debí haber roto la Ley Seca, o quizá si; o al menos no pasarme de listo.
Todo empezó el viernes. La amenaza de la Ley Seca se cernía sobre todos nosotros, y un amigo nos dijo que deberíamos comprar todo el licor por adelantado y guardarlo en casita. Resultaba más barato que consumir en bares y podíamos servirnos a nuestro propio antojo en casita. Haciendo recolecta, reunimos 800 córdobas (entre cinco personas), una miseria si pensamos que lo que queríamos era forrarnos en fiesta hasta el domingo, descansar e ir a votar por la tarde. AcampadosHaciendo debate interno el grupo decidió, quién sabe cómo, que deberíamos irnos al mar el sábado y regresarnos el domingo. Era el plan más irresponsable y tonto posible, sabiendo que el domingo no habría mucha disponibilidad de buses, que dormiríamos “acampados” en la playa, con Ley Seca vigente, y con el licor llevado de contrabando en nuestras mochilas; todo lo necesario para que el viaje fuera un desastre total.
La gira inicio en el mercado Huembes, camino a San Juan del Sur. Para ahorrarnos detalles, digamos que nos pescaron empinando el codo y nos regalaron hospedaje de una noche en la estación local de Policía. Luego de mucho joder a los oficiales para que nos dejaran ir, alrededor de las tres de la tarde del domingo logramos regresar a Managua como a las cinco de la tarde.
Llegando a la casa tiro la mochila a un lado y me siento a ver la TV. De pronto, cambiando canales, me acuerdo que hoy (domingo) son las elecciones. “Jueeeefruta, a moverse pues”. Me levanto, arreglo lo despeinado, me cambio un poco, para al menos aparentar algo de aseo.
En el camino a la Junta Receptora de Votos voy recordando la noche de anoche, de la cómoda suite en que nos ‘enchacharon’ por andar de vagos allá en Rivas. Ahí nos hicimos broders de unos franceses que estaban retenidos por andar carnavaleando con “Montealegre”.La cédulaLlego a mi Junta Receptora de Votos, saco mi cartera para dar la cédula, pero la cédula no está. El cerebro se me hace chiquito del susto, me pongo pálido y rápidamente empiezo a recordar en reversa todos los lugares en que había estado para tratar de saber dónde la había dejado. La memoria la voy recorriendo para atrás para lograr dar con mi documento. Ya son casi las seis y no hay fila en la Junta. Si no consigo mi cédula me quedare sin votar.
Y de pronto lo recordé. La cédula se quedó en Rivas, en manos de los franceses. La saqué para compararla con unos documentos falsos que les habían conseguido para hacer trámites como si fueran nicaragüenses.
Al menos sus cédulas parecían autenticas, porque ellos de nicas no tenían nada, pero pensándolo bien, me doy cuenta de que se me llevaron de ‘home-run’ la cédula. Seguro en estos momentos están sacándole el duplicado falsificado. ¡Aaaayyy… qué suerte la mía!
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