Contra el maltrato a la infancia
Alberto Gutiérrez Ocho de cada diez niños en el mundo sufren castigos físicos. De éstos, tres de manera muy grave. Uno de los diez sufre abusos sexuales. Éstos son los datos del último informe de la ONU sobre la infancia y los derechos del niño.
Dicho informe incluye datos de 130 países miembros de la ONU y de organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o Unicef (ofrece un panorama penoso).
Del informe se desprende que 106 países del mundo no prohíben el castigo corporal en las escuelas y sólo 16 estados han legislado el uso de la violencia en el hogar. Se trata a los niños como objetos, se les despoja de su derecho a poder pensar por sí mismos y crear su propio futuro.
En unos casos se les inculca una educación basada en memorizar los ideales y los miedos de la sociedad.
En otros, los niños ni siquiera tienen acceso a la educación básica. 218 millones de niños trabajaban en 2004, según la Organización Internacional del Trabajo; seis millones de manera forzosa. Trabajan 14 horas al día por un cuenco de arroz, obligados a no pensar para no volverse locos.
Aparte de castigos físicos y de abusos sexuales, el informe revela otro tipo de malos tratos, como la mutilación genital a las mujeres. 140 millones de niñas la han sufrido y su práctica aumenta debido a las migraciones, sobre todo en África. Ni las protestas ni las firmas que ha recogido la ONU durante los últimos años han acabado con esta práctica. Cada vez se adelanta más la edad de la mutilación para que la niña no sea capaz de resistirse.
La realidad es aún más difícil en los países empobrecidos. Los Objetivos del Milenio (ODM) no se cumplen porque nadie concreta un plan de acción. Diez millones de niños mueren cada año por enfermedades que podrían ser evitables.
A los que sobreviven apenas se les enseña a leer y a escribir para que puedan trabajar mejor, pero temen enseñarles más por miedo a que caigan en la cuenta de que tienen unos derechos y que la libertad es un derecho que nadie puede otorgar.
Ni la riqueza es un seguro, dijo Kofi Annan. En los países ricos se ha creado una sociedad más justa gracias a la lucha de las clases bajas contra el orden establecido por sus antepasados.
La lucha intergeneracional siempre ha existido, pero nunca los padres habían ofrecido tan poca resistencia a sus hijos. Las generaciones de los años 50 y 60 trabajaron para poder dar a sus hijos un futuro mejor, pero no les enseñaron a valorar todo lo conseguido.
Los adultos de hoy forman a dos tipos de niños. Por un lado, a niños asilvestrados, carentes de cualquier norma básica del comportamiento social; y por otro, a niños mimados, incapaces de valerse por sí mismos.
Los salvajes acosan a los más débiles, a los de minorías étnicas y a los discapacitados. Dependiendo del lugar, hasta un 65% de los menores declararon que sufrían acoso escolar por sus compañeros o profesores.
La educación comienza en el hogar, igual que la violencia. Uno de cada diez niños es testigo de comportamientos violentos en su casa.
Aunque no los sufra en su propia carne, la mente de un niño es un folio en blanco que no deja de escribirse con todo lo que lo rodea. Si le enseñan a discriminar, tendrá miedo del diferente.
Si lo enseñan a sufrir, vivirá sin poder levantar la cabeza para mirar el sol que castiga su piel. Si lo enseñan a pescar, podrá labrarse un futuro.
La ONU advierte en el informe que nada justifica usar la violencia contra un niño. Es urgente que haya leyes que regulen y garanticen los derechos del niño. La educación es la mejor inversión para luchar contra estas injusticias y contra la pobreza.
Periodista
ccs@solidarios.org.es
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