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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Lunes 13 de Noviembre de 2006 - Edición 9430
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Los ácaros: la sociedad modelo


El tema de las elecciones está tan quemado como la gira de una cantante colombiana. Los canales de televisión nacional se esmeraron en transmitir con lupa todo lo ocurrido. Suficiente.

Los diarios igual. Es hora de hablar a profundidad de otras cosas, como la existencia de los ácaros en nuestra vida diaria, por ejemplo. Los ácaros, bichos diminutos que habitan por millar en cada frente, en cada oreja, en cada cabello.

Pienso, luego existo, decía el afamado Descartes, francés conocedor del arte de pensar, dicho sea de paso, filósofo nombradísimo, excelentísimo expositor de ideas originales y autentiquísimo pensador que moldeó el pensamiento pasado, presente y futuro no sólo de la sociedad Occidental, sino también de la Oriental.

La gran interrogante gira alrededor de los ácaros, ¿será que piensan? Y si piensan, ¿luego existen?
Para conocer a fondo la forma de pensar de los ácaros, primero tenemos que ir a nuestra forma de pensar, en lo más hondo e íntimo de nuestras creencias. Nosotros pensamos que elegimos a un gobierno y por eso existe éste. Creemos en la democracia, sin embargo, ella no cree en nosotros, es decir, la democracia no nos elige, sino que este concepto como tal se retuerce de la risa frente a nosotros, fieles ciudadanos del voto en cascada y otras hierbas aromáticas.

Para que los ácaros ocupen todo nuestro cuerpo no tienen que votar ni elegir el sitio, simplemente existen. Ellos no son tan ingenuos, a diferencia de nosotros, los seres humanos. Los ácaros tienen la ventaja de vivir en función parasitaria, es más, escogieron el más versátil de los vehículos, el mismísimo polvo que llevamos en el cuerpo antes y después de ducharnos, porque no sea crea en vano: después de ducharnos quedan algunos bichos en las rendijas de nuestro cuerpo: son los ácaros.

Ácaros inteligentes que sólo sobreviven. En cambio, nosotros, además de sobrevivir, estamos preocupados por el sitio en que nos tocó nacer y le cantamos el himno a la patria, aunque sea tan necio levantarse en el teatro un poco antes de que inicie la función.

Somos entonces ciudadanos electores, preocupados por un gobierno benefactor que nos brinde el sosiego y la paz necesaria para vivir confortablemente, por lo menos. Sin embargo, olvidamos que nuestro cuerpo es la patria de los ácaros y ellos no han movido una sola pata para votar y decidir cómo vivir en él. No se han manchado ni una sola pata.

Por eso es de suma importancia pensar en la forma de pensar de los ácaros. No podemos dudar de su existencia, a pesar de que los ácaros sólo se pueden mirar con microscopios. Su tamaño es diminuto.

Y nosotros, que somos grandes e inteligentes y que estamos a la vista de Dios, el Altísimo (demasiado alto que ya no se le ve), estamos preocupados por nuestro futuro gobierno, y este pensamiento gobierna nuestras absurdas ansiedades luego de rayar una papeleta o, mejor dicho, un hoyito de la papeleta. Uno blanquito, debajo del candidato a presidiario o, mejor dicho, a presidente del país. ¡Qué horrible responsabilidad debe ser la de gobernar! Pobre aquél que es presidente.

Hemos discernido, pues, la existencia trascendental de los ácaros como sociedad feliz, capaz de convivir en el caos de nuestro cuerpo: piernas, brazos, cabeza, etc.; todo en movimiento y los ácaros siguen allí, viviendo desde la prehistoria humana, el ir y venir de nuestros torsos.

Ahora entonces es necesario volver a Descartes y pensar para luego existir. ¿Es necesario que existan los gobiernos? ¿Es necesario elegir uno?
Esas y tantísimas preguntas se nos ocurren, pero no las respondemos. Sólo queremos ser civiles y estamos a favor del voto. El temor a la anarquía nace porque la ignoramos y dependemos de un sistema arcaico: la democracia.

Sin embargo, la anarquía es la verdadera respuesta y los ácaros son el vivo ejemplo entre nosotros mismos. Aquí y ahora.

Todos los problemas se solucionarían, no tendríamos que depender de ningún gobierno benefactor, si fuéramos prácticos como los ácaros, olvidásemos las elecciones y las consignas patrias, las reconciliaciones y los partidos y nos dedicáramos solamente a pensar entre nosotros y luego a existir, sin complicaciones ni himnos, ni patrias, ni proselitismos.

Estudiante de Comunicación Social.




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