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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 18 de Noviembre de 2006 - Edición 9435
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Peligro de aislamiento


Existe un territorio inexplorado y lleno de posibilidades que pocas personas conocen. No está en Europa. Tampoco en América, en África, en Asia o en Oceanía. Está en internet y es un videojuego. Su nombre, Second Life, se traduciría como “segunda vida” o “vida paralela”.

Los participantes cambian dinero real por linden, la moneda de ese territorio que les permite comer langosta, comprar coches, casas y terrenos virtuales o asistir al concierto que organiza el grupo Duran Duran en ese mundo virtual. Incluso es posible bajar de Internet vídeos que muestran escenas de esa vida virtual.

Cuando se anunció que un hacker había obtenido los datos personales de muchos de los participantes del juego, saltaron las alarmas. Los participantes no deseaban que sus fantasías secretas salieran de ese mundo virtual y se hicieran reales en su vida diaria.

En lugar de favorecer el encuentro entre personas, a veces las tecnologías empujan a la gente a elegir vidas aisladas, muchas veces en grandes ciudades despersonalizadas, donde los escaparates separan la miseria y la exclusión social de la abundancia. París, Nueva York, México D.F., Río de Janeiro, Madrid o Buenos Aires reflejan las desigualdades en un mundo donde el 20% de la población más rica consume el 80% de los recursos naturales de la tierra.

El mundo globalizado de hoy cuestiona las convicciones de algunos expertos. La red de redes era una puerta a la esperanza, iba a unir a las personas en la búsqueda de un mundo más humano. Un cable es inútil sin la voluntad de crear espacios de encuentro en el que se unan personas cansadas de oír que cada segundo mueren dos personas a causa de la pobreza, un mundo con los medios necesarios para erradicar el hambre.

John M. Fahey, presidente de la National Geographic Society, ha dado en una entrevista al periódico español El Mundo algunas pistas con respecto al aislamiento de las personas. Asegura que los medios de comunicación estarán cada vez más orientados hacia el individuo. “Ya no podremos decirles a las audiencias lo que deben ver. La gente decidirá lo que es interesante, lo descargará y lo guardará cuando quiera y donde quiera”. Y asegura que esta situación dará más poder al individuo. “Hay tanto entretenimiento y tanta cultura pop disponibles que, no importa lo interconectados que vivamos, los individuos son capaces de aislar su existencia del resto del mundo”, dijo.

También recuerda el uso frecuente de los medios de comunicación y de internet como foro para dar salida a ideas xenófobas y como herramienta para distorsionar la realidad, para que la gente se forme ideas simplistas y caricaturescas del mundo. En ese sentido, los políticos tienen en sus manos la responsabilidad de explicar a los ciudadanos los temas complejos para evitar los prejuicios y la confrontación entre los pueblos. Aunque la imagen es lo más importante en medios como la televisión, no hay que escatimar los esfuerzos en ofrecer a la audiencia la oportunidad de profundizar en temas importantes.

No podemos perder de vista el individualismo y el aislamiento en una sociedad que tiende al autismo y que se evade en mundos virtuales. Aunque es una pequeña minoría la que tiene acceso a esos mundos, se trata de una minoría influyente que tiene los medios tecnológicos, educativos, sociales y políticos para transformar las estructuras sociales injustas antes de que los desposeídos lo hagan por la fuerza.

De la voluntad de las personas depende rechazar los mensajes de que podemos convertirnos en lo que queramos cuando queramos y como queramos de manera fácil, rápida y sin obstáculos. Nos ahogará el vacío mientras creamos que somos lo que tenemos porque siempre se podrá comprar y tener más. Nos engañan si nos llaman “activos” y nos dicen que somos capitanes de nuestras vidas mientras nos obligan a evadirnos en el consumismo y en vidas virtuales.

Decía el poeta John Donne que ningún hombre es una isla. La soledad es necesaria, pero el aislamiento nos aleja de nuestra realidad más auténtica de encontrarnos con otras personas para ser felices y para convertirnos en protagonistas de este mundo. La solidaridad sólo es posible entre personas que se saben gotas del mismo océano. Es necesario y, por eso mismo, posible.


Periodista
ccs@solidarios.org.es




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