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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 21 de Noviembre de 2006 - Edición 9438
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Hitler y nuestros líderes nacionales


Por razones que para mí son desconocidas, vinieron a mi mente imágenes de la buena película alemana “La Caída” - 2004, que tuve la oportunidad de ver hace algunos meses.

Digo que por misteriosas razones puesto que salen a flote en un momento que considero histórico para nuestro país, más aún trascendental, si logramos todos transformar los conflictos de opinión y visiones encontradas; los temores y desconfianzas hacia los otros; las individualidades egoístas y absurdas en un torrente de oportunidades que impacten o se transformen en hechos y acciones concretas y palpables para las grandes mayorías.

La película nos muestra cómo Hitler --el gran líder nacional en un primer momento, despiadado dictador y genocida posteriormente del desafortunado 3er. Reich-- pierde la noción y el contacto con la realidad, encerrado en sus delirios, cegado por sus propias mentiras y rodeado de “fantasmas” de carne y hueso que muy servilmente animan esa seudo-divinidad y alimentan de ambición la mayor locura que la humanidad haya conocido.

En un país como el nuestro, con una cultura política en donde los liderazgos personales son muy marcados, en donde el control y la participación ciudadana, aunque en desarrollo, son todavía incipientes, esa práctica deriva en el aglutinamiento del poder en reducidos grupos de personas, que por su misma naturaleza “exclusivista” es excluyente, y tiende paulatinamente a mirar hacia adentro, a aislarse y a nutrirse “intelectualmente” de sus propias alucinaciones. Así hemos sido… y aún, en buena medida, seguimos siendo los y las nicaragüenses.

Con notoria distancia de la historia de la película y en otra perspectiva, nuestra realidad presente nos abre las puertas de mejorar nuestra cultura política y, sobre todo, nos exige velar para que los liderazgos sean puntuales, precisos y pasajeros en el tiempo.

Creo que los ciudadanos debemos entender que los liderazgos son tan necesarios como nocivos, si no sabemos determinar el momento en que deben ser renovados.

Como todo en la creación, que es nuestra realidad, los ciclos son inevitables puesto que son la condición misma para la existencia.

No deberían pretender algunos, aunque lo crean “realmente” en el fondo de sus conciencias, que todos los demás tengamos que compartir la distorsionada visión que nos imponen consistentemente: que el líder, la persona, el ser humano es un “ser superior” a los demás simples mortales y que la permanencia de éstos es necesaria para la prosperidad y bienestar de los demás.

Lo necesario es cumplir la misión encomendada de la manera más digna, altruista y patriótica, en el sentido de deber y servicio a los demás.

Una vez completada la misión, que en nuestro sistema constitucional y legal tiene límites y tiempos (al igual que en los estatutos de los distintos partidos políticos), se debe delegar la responsabilidad a aquellos y/o aquellas que sean designados mediante el voto popular, votaciones internas en los congresos de los distintos partidos políticos, primarias, plebiscitos, o cualquier otro mecanismo auténtico, legítimo y democrático.

De esa manera se inicia una nueva misión, con ideas a tono con la voluntad de las mayorías y los nuevos tiempos, en base a los distintos mandatos expresados.

Es ése el momento de la renovación. No debemos permitir, la historia nos lo ha demostrado una y otra vez, que las misiones sean cambiadas o modificadas, adecuando la realidad a la visión del líder y su entorno íntimo, que ya ha dejado de ser.

Los ciudadanos, cada cual en la organización que participe, o que los represente, de cualquier índole, ideología e interés, debemos aprender a reconocer y marcar los tiempos, cuando la hora llega.

Nicaragua tiene un horizonte muy alentador si nuestros líderes nacionales, regionales, departamentales, municipales y la ciudadanía en general adoptamos juntos una nueva actitud, más incluyente, participativa, respetuosa y apegada a la verdad, o al menos a la nueva realidad.

En caso contrario, si unos pocos aislados pretenden romper ese ciclo vital, de imponer por medio de artimañas y falsedades una realidad que no es, o ha dejado de ser, no les quedarán opciones.

Deducirán en la escena final, al igual que lo hizo el “gran dictador”, que la única salida que les queda es el suicidio.

Ingeniero en Sistemas
alejandro.serrano@meraksoftware.com
Managua, noviembre 2006




Comentarios de nuestros lectores

Hugo Rodriguez
Excelente. Hace unos cuatro meses estuve comentando con unos amigos en el MRS, el gran aporte de esta pelicula que pone al descubierto la naturaleza humana del dictador (la locura que produce la obsecion de poder). Cualquiera sea su signo idelogico, el dictador siempre sera dictador; y la dictadura en cualquiera de sus expresiones siempre sera daƱina.


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