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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Jueves 23 de Noviembre de 2006 - Edición 9436
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Dos poemas en inglés de Salomón de la Selva


Dos poemas en inglés de Salomón de la Selva - Foto
Salomón de la Selva.

En la presentación que del folleto de Eddy Kühl: Salomón de la Selva (Aportes a su biografía) hiciera en la Pinacoteca del Banco Central este 15 de noviembre, Jorge Eduardo Arellano leyó dos traducciones suyas de poemas en inglés de don Sal. Ambos de permanente actualidad (piénsese en la invasión de Irak por el actual Presidente de los Estados Unidos y en la visión del indio del gran poeta, cuestionada en su último libro por Erick Aguirre), aquí lo reproduzco --por razones de espacio-- en prosa.

Dice el primero, datado en 1942, cuando aún no se decidía el resultado de la Segunda Guerra Mundial: “Alejandro se movía armónicamente como un dios, de manera rítmica, en hexámetros perfectos. Sus columnas arrasaban pueblos y ciudades en Asia porque no había ninguno que soportase su poderío. Le habían erigido estatuas para que su rostro joven quedase reflejado en las sagradas aguas del Ganges y, más tarde, para perennizar su gloria.

César, cuando tuvo la edad de Alejandro, se echó a llorar porque aún no había conquistado el mundo. Admira en sus retratos marmóreos la bien formada casa, las pobladas cejas, las fosas nasales que respondían a cada capricho, la boca trazada de forma exquisita y el mentón firme y fino.

Napoleón, que heredó y traicionó la libertad, también es enaltecido como un héroe. A él lo coronan con laureles. Lo mismo se hará con Hitler. Adolfo todavía puede ensordecer el planeta con elogios de sí mismo.

La historia ama a los conquistadores. Pero yo afirmo que Alejandro era un hijueputa, y también Napoleón. Así es y será con Hitler. Yo admiro la posibilidad de su victoria, ya que su astucia y crueldad superan las del griego y del romano. Y porque otra vez en el tiempo las causas nobles se pierden y las realmente magnas son derrotadas.

Pero si él triunfa, en la hora de la victoria, yo todavía sostendré que no sino una escoria modelada en alguna forma de hombre, contaminándolo todo.

Para los días futuros, yo, que he sido profesor en el aula, dono este papel a cualquier estudiante para disertar sobre el poderío y genio de los conquistadores”.

Y el segundo dice:

“Que no exista duda, era una lengua altiva la que Nicarao habló. Expresaba emociones valientes y profundas ideas. Por eso. Sólo por eso.

Fue una indispensable lengua sutil con palabras formadas por consonantes que semejaban pétalos de orquídeas, pues durante muchas generaciones su padre y los padres de aquel, pensaban y percibían con gracia y gallardía. Por eso. Y sólo por eso.

La palabra para la Luna, la palabra para el Sol, la palabra para el viento, las palabras para los ríos que siguen su curso, y para la laguna que fulgura como verde joya en un cráter, y por el plumaje que corona su tocado ¡Qué colores y qué fuego sin duda encerraban! Pues el pensamiento y los sentimientos estaban infinitamente matizados pudiendo tornarse vigorosos. Por eso. Y sólo por eso.

Su lengua jamás resurgirá. Más de cuatro siglos han transcurrido desde que mi pueblo en la esclavitud, sufre en corazón y en cuerpo, estéril y embrutecido. Nadie piensa bien. Tampoco noblemente.

Dejad que la lengua quede al olvido, pero dadle libertad a mi pueblo, libertad para que crezca resplandeciente. Ella creará otra lengua más hermosa que la de Nicarao”.




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