Una economía más humana
Ana Muñoz Cien dólares pueden ser la diferencia entre una vida digna y la mera supervivencia. Y de eso se ha tratado en la Cumbre de Microcréditos que se ha celebrado en Canadá. Los microcréditos son pequeños préstamos que oscilan entre los 75 y los 300 dólares que permiten emprender pequeñas iniciativas, como comprar semillas para luego vender los frutos o comprar hilo para poder coser vestidos y venderlos en el mercado local. Las personas que solicitan estos préstamos se encuentran fuera de las vías “normalizadas”, no acuden a los bancos, ni tampoco son un cliente potencial para ellos. En 2005, más de 100 millones de personas pudieron adquirir un pequeño préstamo que les ha ayudado a salir de la pobreza.
Han sido muchos años de esfuerzo, ya que hace 10 años, cuando comenzó este fenómeno de las microfinanzas, menos de 14 millones de personas accedieron a un microcrédito. “Se ha ido aldea por aldea y campesino por campesino explicando cuáles son los beneficios. Con un préstamo puedes construir tu casa o enviar a los niños a la escuela”, explica Daley-Harris, Director de la Campaña por la Cumbre del Microcrédito.
Mohamed Yunus, fundador del Grammen Bank, fue el pionero. Paseando por los suburbios de Bangladesh vio que la gente no era pobre por pereza o por estupidez. Personas que trabajaban muchas horas, en actividades duras o peligrosas y mal pagadas que estaban fuera de las estructuras financieras del país, no eran clientes de los bancos o no podían conseguir avales. Así nació el Banco de los pobres, que ha demostrado ser una alternativa viable para erradicar la pobreza.
Los grandes bancos hoy se han dado cuenta de la posibilidad de negocio que suponen los pobres. ING, Deutsche Bank y Citigroup han acudido a la Cumbre para escuchar y ver los resultados. Y la realidad es que los pobres han sido siempre buenos pagadores. Ya desde la Edad Medieval, los cambistas judíos daban créditos a los más pobres y sus intereses ayudaban a pagar los grandes créditos de los nobles y reyes. Hoy la historia no ha cambiado. Los créditos impagados suponen menos del 3% del total.
Otra característica de los microcréditos es que en su mayoría los reciben mujeres. Más del 80% de los préstamos concedidos por organizaciones e instituciones en el último año han tenido como beneficiarias a mujeres que vivían bajo el umbral de la pobreza. Una mujer que consigue progresar y aumenta su nivel económico contribuye a la mejora en la calidad de vida de su familia: mejora la alimentación, la salud, manda a sus hijos al colegio… y con ello, la comunidad también se desarrolla. Además, las mujeres microempresarias aumentan su autoestima y se potencia su papel dentro de la familia a la comunidad. “Antes del proyecto yo me ocupaba de las tareas del hogar. Mi esposo me trataba como si fuera un mueble. Ahora me respeta”, explica una de las mujeres que ha participado en un programa de microempresa en Filipinas.
El desafío de la Cumbre es sacar de la pobreza a 500 millones de personas para el año 2015 y así ayudar a la conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Sin embargo, “no son la panacea para acabar con la pobreza”, explica Daley-Harris. Los microcréditos son una fórmula que ayuda a miles de familias, pero la solución a la pobreza pasa por un cambio en las estructuras económicas mundiales: condonar la deuda externa, elaborar unas reglas comerciales más justas, acabar con el derroche de los recursos naturales y distribuir mejor la riqueza mundial.
En la actualidad, más de 1,200 millones de personas viven con menos de un dólar al día. Mientras, los grandes bancos y multinacionales presentan cuentas de resultados con beneficios de miles de millones de dólares. Algo falla en nuestro sistema de valores y la sociedad civil, organizada, es la que tiene que exigir unas estructuras económicas más humanas y justas.
Periodista
ccs@solidarios.org.es
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