dic 2, 2006
Poemas de Enrique Fernández Morales
Nuestra Señora de Granada
Qué corazón en llamas, qué mano iluminada
en cedro bien oliente esculpió tu figura,
para que fueras novia del pueblo de Granada,
Niña del dulce sueño en la cita más pura.
Céfiro con arcángeles y velas de alborada
en prodigioso esquife trajeron tu escultura.
Espejo de oro y nácar, el agua arrodillada,
con amoroso empeño copiaba tu hermosura.
No hay más bello retrato de la Niña del cielo
que esta imagen divina, que es único pañuelo
para enjugar las lágrimas del triste corazón.
Gitanilla garbosa, Muchacha quinceañera,
en vez de pandereta, Jesús, la Primavera
que floreció tu limpia y hermosa Concepción.
Soneto para morir
No me apures, Señor, que ya me entrego;
espera un poco mientras me acomodo:
es en este morir tan nuevo todo,
que siento en mí un fugaz desasosiego.
No es temor de la muerte; no es apego
a este cuerpo que hiciste con el lodo,
pero quiero morirme yo a mi modo,
haciendo que me muero como en juego.
Me tenderé en silencio mientras cuentas:
uno, dos, tres, despacio, a ver, empieza,
mas no apagues la luz de repente
que es difícil así buscar a tientas
reposar en tus brazos mi cabeza:
Ahora sí... uno, dos... qué suavemente.
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