Los escritores como lectores
La otra forma de acercarse al mundo literario, según los escritores
Tomás Eloy Martínez y Ricardo Piglia Óscar Laski
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| Tomás Eloy Martínez |
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GUADALAJARA / AFP
Los escritores hablan de sus obras, las defienden, se enfurecen con las críticas, pero sus semblantes cambian cuando se refieren al placer que sienten como lectores, sus primeros acercamientos y autores preferidos.
Los escritores argentinos Tomás Eloy Martínez y Ricardo Piglia participaron sucesivamente del panel bautizado “El placer de la lectura”, tal vez uno de los espacios más interesantes de la Feria Internacional del Libro, de Guadalajara (FIL).
En un clima relajado, donde no están a la defensiva, esperando alguna pregunta capciosa sobre sus obras, en paneles separados, fueron desgranando sus vidas a través de la lectura.
“La lectura siempre es un placer, aún en los momentos que es una obligación, como la preparación de una clase para la universidad”, dijo Martínez, profesor en universidades de Estados Unidos, donde está radicado, al señalar que incluso sentía satisfacción cuando debía releer a los clásicos griegos.
A la hora de inclinarse por el libro que más lo ha cautivado, Martínez, cuya novela, “Santa Evita”, fue traducida a 36 idiomas, optó por “El Quijote”, de Miguel de Cervantes, considerada la obra cumbre de la literatura española.
“En 2005, al cumplirse el 400 aniversario de la primera edición, volví a leer El Quijote y me di cuenta que la novela contemporánea no había creado nada; todo estaba en el libro de Cervantes”, afirmó el también periodista.
Pero reveló que hay otros clásicos, como “El conde de Montecristo”, de Alejandro Dumas, que ha releído “4 ó 5 veces y es el que me acompaña en los momentos de angustia”. Al situarse del otro lado del escritorio, dijo que “cada lector crea los libros; el libro existe en el momento que uno lo lee”.
Para Piglia, autor de la exitosa novela “Plata quemada”, también llevada al cine, la idea de “aprender o entender un libro es un poco confusa; no creo que haya que entender un libro: se trata de tener una experiencia. Las pasiones no se entienden, se experimentan”.Así como ambos mostraron sus preferencias, también confesaron que algunos colegas les resultan de bajo nivel o directamente soporíferos, pero Martínez se negó a dar nombres y sólo dijo que en su mesita de luz tiene varios que lo ayudan a dormirse.
En cambio, Piglia directamente confesó que no le gustaría quedarse en una isla desierta con un libro del brasileño Paulo Cohelo. Piglia y Martínez coincidieron en que ambos tuvieron su primer contacto con los libros a los 4 ó 5 años y confesaron que en ese momento advirtieron una seducción por la literatura que los marcó en forma irremediable.
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