Holanda: de la recurrencia y la antropofagia
Leonel Delgado Aburto
Los cuentos son artefactos de sabiduría. El cuentista no es un soldado en campaña, sino un guerrillero que libra los oscuros duelos de una batalla (esto ya lo dijo y copió alguien en algún lugar). En provincias se vive para el hastío o el martirio, la poesía o la burocracia. Y contra ese tedio es que existen (o deberían) los libros de cuentos.
He tenido que pensar de nuevo esas verdades a partir de mi lectura entusiasmada del primer libro de cuentos de Rodrigo Peñalba, Holanda (Managua: CNE, 2006). Porque, como se sabe, los cuentistas son los dueños del vértigo. Cada cuentista es su propio antologador caníbal. Se come los restos y amenaza con desaparecer. Cada cuentista sabe cómo acomodar el vacío. Su virtuosismo es la elipsis. Su territorio patrio la velocidad morosa (sí, es territorio también del oxímoron, patrocinado por Kafka).
Es esto lo que he encontrado en Holanda, y que es poco frecuente encontrar en volúmenes completos. (Holanda tiene 84 páginas, muy bien sostenidas todas. Para un cuentista es toda una hazaña, porque generalmente, en territorios del cuento, uno gana por puntos, aportando una sola narración a las antologías.)
Los cuentos de Peñalba están muy concentrados en los mundos de los personajes, nunca sobrepasan de manera violenta sus perspectivas, nunca desprecian al lector por “explicacionismo”. Holanda muestra que no es lo mismo fárrago que misterio; que el misterio no se crea con las palabras sino con el silencio. O el consejo de Bresson: no corras tras la poesía, ella entra sola, en las elipsis.
Es notable también el distanciamiento ejercido por estos cuentos; aquel concepto fundamental del que sabe que no todo es narrable, y que la narración “asiste sola” a su propio desenvolvimiento. Sobresale también el hibridismo y nomadismo discursivo que se vuelve interpelación del conocimiento (tensión con la parábola, la sentencia, los géneros fragmentarios).
No está demás recordar que la literatura se hace hoy entre la técnica y el mercado; entre el modo publicitario y hollywoodense (que exige historias narrables) y las grandes empresas editoriales que venden como “nuevo” mucho de lo viejo, y como “fresco” no poco producto podrido. Hay una literatura oficializada por las editoriales grandes que es cada vez más complaciente y menos exigente, y que tiende a hablar de manera muy superficial de “la diferencia”. Hay, de manera dispersa, literaturas que reactivan enseñanzas vanguardistas, y es ahí donde yo pondría los artefactos escritos de Holanda.
Las vanguardias son, en realidad, ciclos que incuban de manera inesperada, y en contextos disímiles. Su modo de saber es esencialmente contradictorio: antropofagia, meandro, limo, origen. Y, en efecto, una de las imágenes favoritas de Holanda es la antropofagia. Hay una chica circulando por Bristol que devorará a todos los ingleses (“Western eyes”); las causas parecieran temporales: el río resume la historia de la ciudad, el cuento activa los sedimentos naturales y sociales (ahí donde esta chica marginal reside), el cuento es una especie de meandro en el que el tiempo parece recurrir (ir para atrás, hasta el origen) de manera inesperada.
En la antropofagia lo que Peñalba, parece querer reactivar y contradecir es la lógica de la filiación, la genealogía y la historia, como bien lo describe, de manera casi científica el cuento “El pájaro de fuego”: no hay tal historia, sino una recurrencia entre maligna y sabia de los viejos que se tragan a los jóvenes. Pero los antropófagos no son solamente sapientes y terminantes, como el pájaro de fuego, o marginales como la chica de “Western eyes”, también se agazapan en los aparatos de poder y represión (“En el retén”). Hay una recurrencia a Hamlet, en el cuento (elíptico, breve y habilidoso) “Charles & Camilla”, que es otra forma de antropofagia: el espectro de Diana, princesa de Gales, ha desplazado al del viejo rey Hamlet dentro del primer acto de Hamlet.
Algunos otros relatos son meras incitaciones del ambiente, del contexto, inmersiones subjetivas que no tienen por qué tener argumentos, fragmentos que sólo relucen, respiran y se apagan (pero cíclicamente). Algunas veces se trata de maquinaciones apocalípticas sobre Managua y Nueva Orleans, entre otras ciudades. Otras, complicados juegos de identidad, con James Bond, por ejemplo, o, en el magnífico “El Mercenario”, con los pasados y las identidades vertiginosas de un asesino cosmopolita.
Este cuento se presenta como una especie de centro arbitrario y significativo del libro entero; se dan cita la genealogía y la herencia, la filiación y el horror de la memoria. Cierta cercanía lógica con el Funes de Borges (la memoria que no termina), haría pensar en un manierismo. Holanda salta este escollo, conciente, como está, de que una mente mercenaria, multiidentificada, no decodificable es la que habita el sentido de la ciudad (pos)moderna.
No hay solamente sabiduría en estos buenos cuentos, sino también evasión, escape y olvido de tal sabiduría.
En la tramas reluce siempre el problema de la filiación, como ocurre con aquel niño islandés que es llevado a conocer los glaciares (el intertexto con García Márquez resulta obvio), y es abandonado a su suerte por su padre y por el cataclismo (el cuento se llama “El glaciar”), y crece de manera silvestre en el bosque.
Este niño ficcional dice lo que muchos nos hemos repetido de diversas maneras, y lo que es, quizá, la sabiduría básica de Holanda y de la apretada factura de sus narraciones: “Seré un ángel de furia para mi país. Mi enfermedad es la nación y debo eliminarla, debo curarme.” El cuentista es, por cierto, quien como tarea de vida o muerte se dedica a eliminar los lastres.
|
Cultural
Desenmascarando la “identidad nacional”
El nuevo “mesorrelato” latinoamericano
Presentan en Guatemala poesía del Che Guevara
Tesis doctoral de Karlos Navarro compite por premio en España
Dichosa Edad Media
Lección particular
El Canto Errante
Una poética de nuestro tiempo
La promesa cumplida de un gran poeta
Juan José Millás gana el Premio Planeta, de novela
Carlos Martínez Rivas: ¿Poeta maldito?
Los saberes fronterizos del giro decolonial
La mirada radical de Doris Lessing
Morir soñando
Sortilegio de una noche en llamas
Las lecciones de Fritongo Morongo
De Mesías a Cirineos
La británica Doris Lessing gana el premio Novel de Literatura
Para comprender el giro decolonial
Mujeres que han abierto brecha y quebrado esquemas
Presentarán colección miniatura de El Güegüence
Ensayo o novela
Lanzamiento de las 100 novelas para siempre
Entregan Premio “Ildefonso Palma Martínez”
Quedamos mano a mano
La omisión de la tradición
Contra los descoloniales
La piscina
Sólidos heridos
Mira si yo te querré
Feria Internacional del Libro con novedosas recopilaciones
Isolda Rodríguez en la Academia
Un Festival que promueve la paz en Colombia
Cuatro nuevos autores
María Moliner se lava la cara
Nuevas reflexiones sobre nuestra historia
Coronel Urtecho, su in terpretación histórica y la independencia centroamericana
Iván Uriarte y sus Imágenes para Dalí
El pretexto de Guillermo
Fritongo Morongo: una novela excepcional
Ensayista George Steiner galardonado en México
El profundo silencio de la historia
La honrosa tarea de perpetuar Managua
El desierto de Texas
Fernando del Paso gana Premio FIL 2007
Managua volverá a tener corazón
George Orwell nunca fue un comunista ortodoxo
Los nuevos intelectuales
Managua en el tiempo
Pinceladas de Nicaragua
Murió el escritor Francisco Umbral
Entregan Premio “Miguel Ángel Asturias” a Mario Roberto Morales
Banco Central convoca a concurso de narrativa joven
Las máscaras del texto
Perturbados por la nostalgia
X Feria Internacional del Libro en Centroamérica
Poemínimos completos I
Nueva generación de escritores latinoamericanos invade Bogotá
Recorrido cultural integral en Banco Central
Vargas Llosa, Pérez Esquivel y Mario Molina en Fórum de Monterrey
Desconexión editorial y creación universal
Jóvenes escritores creen que literatura extranjera los alimenta
Las 100 novelas para siempre del siglo XX
La fortuna de Matilda Turpin
Las pesadillas de un Patrimonio Cultural
Los héroes del algodón
Salomón de la Selva en una carta de Gabriela Mistral
Fritongo Morongo ¿la novela del Oriental?
Elecciones indirectas y disputa de poder en Nicaragua
Tierra sin tiempo, de Álvaro Urtecho
Tres comerciales para probar las carencias de Youtube
Bodegón de la luna
Relatos vertiginosos
Sandino e Idiáquez en el último libro de JEA
Un clown tras bambalinas
La aventura llegó a su fin
Al otro lado del San Juan
Ratatouille y otros gozos subversivos
Los Simpsons y el mito del calentamiento global
El Nobel para Ernesto Cardenal
En la ciudad de la furia
“Terminemos el cuento”
La Fantasma
Descolonialidad: el regreso de la emancipación
Comentarios al libro libertad y socialismo
Una ofrenda de palabras
Y la historia se hizo carne
Máscaras, muerte y escritura en Tierra sin tiempo
Viva la Lengua
Los vicios de nuestra administración pública
“Pensar sintiendo y sentir pensando”
El sonido de los aromas
Imagen e imaginación inodoras
Cultura Viva
El Despertar
Los dominios del aprendiz
“La poesía es una lógica inalienable”
Bibliografía rubendariana de los últimos diez años
Chaplin: el dolor de reír
Una forma de novela y de ser feliz
Elena Poniatowska gana el premio Rómulo Gallegos
Luz y sombra del desierto
Narrativa de la nación desde el arte y la cultura
Roberto Bolaño o la libertad de escribir
Escenarios
Diccionario del Español de Nicaragua
De arcángeles y otro querubines
Pasando revista
De Sócrates al compromiso de Zea
Lección inaugural de la armonía
El tren
Fotografía de Elena Poniatowska
México inaugura muestra jamás reunida de Frida Kahlo
El jardín de la señora Murakami
Ritual de piedras y maderas
Tercera edad, llegó la tarde
Escribir tras los tiempos revueltos
Novelas de dictadores
Una retrospectiva de Alejandro Aróstegui
“Figura central de la pintura nicaragüense”
Hacia la momificación de Don Sal
A través de los ojos del hogar
La danza de Octavio Paz
Escritores se solidarizan con Freddy Quezada
La increíble y triste historia de Macondo
Las batallas en el desierto
La fortaleza pictórica de José Aragón
Esa insólita Suecia
Tres propuestas culturales
La génesis de la violencia
“Somos provincianos, conservadores y misóginos”
Vivir para escribir
Tierra sin tiempo, de Álvaro Urtecho
José Aragón expone en Barcelona
Tríptico de Carlos Martínez Rivas
“Todos en América Latina somos sandinistas”
Los mensajes cifrados de Edgar Escobar Barba
La materia del insomnio
Política en Nicaragua
Adivina quién viene a comer
Al maestro, sólo con respeto
La sobreoferta de sentidos (SOS)
Cafecito con Jacinta Escudos
Escritor Fernando Vallejo renuncia a su nacionalidad
Antología Mayor de Salomón de la Selva
De nostalgias y otros dolores
Poeta Blanca Varela obtiene el Premio Reina Sofía 2007
La política y la lírica en El último habitante
La teatralidad de la historia
La epopeya de la Insurrección
La seducción palabra a palabra
Cerraron el limbo, ¿y qué?
Convocan a foro debate sobre política cultural
Y se sigue haciendo la historia
Es preciso decir
Parodias, creaciones y copias
Falleció el escritor José Watanabe
“Nicaragua es un país difícil para cualquier novelista”
Alejandro Mejía y su TureTwo
Centroamérica y Estados Unidos ¿condenados a entenderse?
La visita a Carmen Naranjo
Paradojas de la mandíbula
Martes Rojo
La palabra se sostuvo
El Parnaso
Identifican restos de Quevedo en una iglesia de España
Testimonio del oficio
La fuerza de la sobrevivencia*
Una novela descomunal
Conozca el paraíso
¿La trivialidad es realmente trivial?
Una especie literaria en extinción
¿Existe una filosofía de nuestra América?
Un libro de éxito sobre los éxitos
Una vida
Guerrillero de Nuestra América, de Jorge Eduardo Arellano
Estrategas
La negra virtud literaria de Abril rojo
Mel Gibson y la profecía Maya
Cartas desde Iwo Jima, de Clint Eastwood
El portafolios negro
Hacia el fin del “copyright”
Abril rojo
Literatosis, la eterna aventura
Cómo hablar de un libro sin haberlo leído
Jean Baudrillard, fustigador de la sociedad de consumo
Día Mundial de la Poesía
Una narrativa flotante
El mundo rindió homenaje a Gabriel García Márquez
Resistencia en la Tierra
Ambiente literario
Esperar a Alejandra
La belleza del Caos
El cuerpo fragmentado
Las revoluciones metalépticas en tiempos anarquistas
Franz Galich. En Memoria
Editorial Amerrisque presenta nuevos libros
González Iñárritu y Arriaga se enfrentan
Reflexiones sobre el miedo
Clint Eastwood y el heroísmo derrotado
Inscripciones en una pipa sagrada
El joven cine chino seduce a la Berlinale
La escatología luminosa de Iván Uriarte
La anti-poesía, los jóvenes y un nicaragüense de Guatemala
Extraviados en el burdel filosófico
Algunas aclaraciones sobre el Festival de Antipoesía
La lectora
El último trecho del camino
El banquete letrado de la revista “Lengua”
Las divagaciones de Bautista Lara
Glorias y Leyendas de la Cuna del Fútbol
Mentiras verdaderas de Sergio y Franz
La aventura nocturna de Managua, Salsa City
Carta de Franz a sus amigos de Nicaragua
El humanismo vivido de un “subalterno letrado”
Franz Galich se echó a volar
El último perfil
Todos los textos escolares en Casa del Libro
Trilces Trópicos
Génesis y prolegómenos del Festival de Poesía
Poesía en Reconciliación
La piel del reportero
El prólogo
El festival de Granada y los jóvenes poetas
Los grupos literarios en Nicaragua
Un espacio cultural abierto
Tombuctú
Los años de doña Violeta
Los significados del árbol
Cien años de El Canto Errante (1907-2007)
Naturaleza y sobrenaturaleza
Viajes en el Scriptorium
Polémica en Cuba por reaparición de censores
Harold Pinter recibe distinción francesa
La embestida del jabalí
Archivo de inclasificables
El señor de los amarillos
El parlamentarismo sui generis
Felipe Benítez Reyes gana el Premio Nadal de novela
Estrategas
La poesía contra el fútbol en Alemania
Entre Oriente y Occidente: dilema en la ficción de Orhan Pamuk
La poética oscura de Jazmina Caballero
Literatura colonial de Nicaragua en el BNBD
El mal francés
Son de Mar
Martin Campbell y la reivindicación de Bond
Nueve novelas, nueve opiniones
El profeta del funk
El estribillo
Weinberger, Pinochet y la maldición de Metternich
El maldito refulgir de una piedra
El maldito refulgir de una piedra
El jinete que miraba de frente
Guardianes de la Dinastía
Ramírez y Tünnerman en IV Congreso de la Lengua Española
Holanda: de la recurrencia y la antropofagia
Del uso de los vocablos propios de uno…
La Real Academia Española premia a Enrique Vila-Matas
Poeta salvadoreño George Alexander gana Premio Adonáis
20 años de “la escuela del Gabo”
Conozcamos nuestro Güegüence
La muerte de Derrida y el fin de la teoría
La Hoja de Aire
Del idioma y otras chochadas
Artistas sin arte
La poesía, un “sufrimiento placentero”
Todos
Las películas, los necroshow y la vieja Bagdad
Pamuk: "la literatura es la creación más valiosa de la humanidad"
“El respeto al escritor ha desaparecido”
Saramago y Gael García dramatizan con la muerte
Scorsese y la salida del individuo
Ramonet presenta tercera edición de “100 horas con Fidel”
El Güegüense de la UAM
Los escritores como lectores
El legado musical de Bluefields Sound System
El villancico tiene nombre y autoría
Encuentro-Taller con Claribel Alegría
Sobre fotomontajes de Mane Adaro
La última edición de Cantos de Vida y Esperanza
Proponen a Sábato para el Nobel de Literatura
Fabio Morábito gana Premio Antonin Artaud
Dos años de MarcaAcme.com
|