Esa insólita Suecia
Danilo Guido
Ese es el título del libro de Enrique Alvarado Martínez, un señor que parece sueco por el color rojizo de su piel. Con él me he encontrado en juntas de escritores y en la formación efímera de Funisiglo, del que también formaron parte Erick Aguirre, Karlos Navarro, Róger Mendieta, Carlos Martínez, el también piel rojiza Franz Galich (q.e.p.d.), Juan Carlos Vílchez y otros.
Del señor Alvarado he leído algunos artículos, pese a gozar de su retribución a mis pocas conversaciones de joven y mis saludos, lo consideraba como un escritor estrictamente académico, riguroso, algo de la formación europea ha de haber influido en él.
En diciembre pasado compré su libro sobre Suecia, para corresponder a la gentileza que ha mostrado conmigo. Hace poco, curioseando, como hago con todos para archivarlos después, empecé a leerlo por el centro, me gustó lo que leí y me fui al inicio, el día de hoy lo terminé de leer.
No soy académico, ni crítico de arte, mi formación literaria es solitaria, y no comprendo mucho de conceptos ni estilos, pero me animó desde el principio escribir algo sobre este libro. Podría decir que son crónicas o testimonios de su estadía en Suecia, ilustrando de forma breve y ligera situaciones y lugares. Es un relato ameno, digerible, gracioso, que contrasta con su apariencia seria.
Hace poco viajé a los Estados Unidos y me preguntaron si me había gustado, con la idea de ilustrar a ese país, sólo dije: “No me gustó”, sin poder narrar mucho de lo acontecido.
Con la narrativa de don Enrique Alvarado me interesé por conocer Suecia algún día. Me gustó cómo la pinta. Hay escenas simpáticas, como la de los dos cheques para Nicaragua de 50 millones de dólares cada uno. La del funcionario en la piscina con el hoyito en el periódico viendo a cada una de las blancas o rojizas suecas tomando el sol semidesnudas. Posiblemente el funcionario haya sido él, de cualquier manera que sea, me sentí por un momento sentado en la orilla de esa piscina.
Fui con el autor del libro al supermercado, viajé de inicio a fin por todos los lugares visitados en sus líneas. Me imaginé con mi perra en el parque y con una bolsita para recoger sus desperdicios. Estuve saludando a los suecos, y también a la joven de cara amanzanada profetizando negociación del Gobierno Sandinista con la Contra.
Vale la pena la aventura, un viaje gratuito a Suecia, donde el alcohólico es considerado un enfermo protegido por la institucionalidad, que también los ciudadanos normales respetan.
No quise hacerme el sueco con este libro, viéndome obligado a corresponder con estas líneas en agradecimiento a un merecido por a la tierra de Olof Palme, quien fue víctima de un atentado, el primer magnicidio en los últimos doscientos años de la Suecia civilizada; y, por si fuera poco, una muerte impune, como también sucede en Nicaragua.
6:05 P.M. (6 Mayo 2007)
Galería Santo Domingo.
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