dic 23, 2006
Nueva Catedral
Por Norbert-Bertrand Barbe
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| Capilla cholula, Puebla, México. |
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En su composición arquitectónica, la Nueva Catedral Metropolitana de Managua (1994), dedicada a la Purísima Concepción, llama la atención por varios motivos. 1) Su entrada monumental, algo desubicada respecto del plan de este nuevo centro que aparenta ser Metro centro. 2) La elección postmoderna del brutalismo tanto fuera como dentro del edificio, acompañado por el uso de colores fuertes dentro del edificio, así como de imágenes de fuerte barroquismo encajonadas en vidrio sobre soportes también de colores vivos, lo cual no sólo revela el uso, también postmoderno, del kitsch y lo popular, sino un evidente mexicanismo en el uso, sin embargo, con pretensiones vernaculares de los colores, lo que se explica por el hecho de que el arquitecto de la Catedral sea el mexicano Ricardo Legorreta. Como se aprecia en sus demás obras, Legorreta hace un empleo desconstructivista de masivas cajas arquitectónicas que forman los cuerpos de sus edificios, pintados con colores violentos que dividen los espacios tanto exteriores como interiores, subrayando y repartiendo la perspectiva monumental de los volúmenes arquitectónicos mediante rítmicas grandes aperturas tragaluces. 3) Tiene 63 cúpulas en su techo, las cuales se vuelven tantas linternas solares dentro de la catedral. Sus orígenes se encuentran tanto en las 34 cúpulas de seis metros de diámetro del techo de la Catedral de León, aunque éstas sean visibles sólo desde el techo, como en la Mezquita de Roma (1975-1995) de Paolo Portoghesi, con sus 16 cúpulas pequeñas, alrededor de una central de mayor dimensión. Al igual que en la Nueva Catedral hace juego el techo con cúpulas con el simbólico campanil de cruz tragaluz, en la Mezquita se corresponden el techo con cúpulas y el minarete. Como Portoghesi en Roma utiliza la división de espacios, retomado explícitamente de la arquitectura islámica clásica, para enfatizar la relación directa entre el creyente y Dios, Legorreta retoma en Managua dicha división de los espacios internos, con mismo fin.
El uso de cúpulas, tanto en el cristianismo como en el islamismo, se debe a San Gregorio, quien en cárcel soñó de una cúpula sobre cuatro columnas, por lo que ordenó se construyeran así las iglesias. Pero la cúpula central única es el principio-base, aún cuando, como en Santa Sofía de Istanbul o San Pedro de Roma, pueda haber cúpulas asociadas. La cúpula simboliza lo celestial, el cubo lo terrestre: cubo del templo y cúpulas del techo en Portoghesi e Legorreta. Las 34 cúpulas de León son los 34 años del pontificio de Pedro; Dante en su Comedia dedica 33 cantos al Paraíso e igual al Purgatorio, pero 34 al infierno. El versículo 34 de la surata 2 del Corán trata de la rebeldía de Satán, y los tres de la surata 34 hablan de Dios todopoderoso. Por René Allendy (Le symbolisme des nombres - Essai d’arithmosophie, París, Editions Traditionnelles, 1948) el 34 representa la evolución que resultó de la organización cósmica y la ley natural. El valor numérico de las palabras hebreas AL AB (“Dios Padre”) y HEVIE (“Ángel de 7 copas”) da 34, 34 de reunión entre carne y Espíritu en la simbología judía: la carne (B Sh cH) equivale a 43, y el espíritu (R W R) a 34, la suma de los dos da 77, siendo así contrapuestos pero complementarios. Las 34 cúpulas de León casi se doblan con las 63 de Legorreta, símbolo de las iglesias de la diócesis de Managua. En el tratado judío Hekhalot Rabbati, al final de su búsqueda el místico, acercándose al 7º y último Palacio: “Suda y tiembla, se encuentra despavorido, se desmaya y cae de bruces. El que lo detiene es el príncipe Anafiel, así como 63 guardianes de las puertas de los siete palacios, todos le ayudan y le dicen: No temas, hijo de una semilla tan querida, entra y mira el Rey en su belleza, tú no serás ni destruido ni quemado”. Son 63 los libros del Mishna, escritos del judaísmo rabínico y fariseo agrupados en seis secciones o “sedarim”. Son 63 títulos atribuidos a la Virgen en el Libro de Rezos de las Hijas de la Caridad, y 63 los años de vida de ella. De creer Const. D. Kalokyris, («La Theotokos dans l’art des églises orthodoxe et catholique par rapport au mouvement œcumenique», μPμn. o 1975, μ., μ. 21, 1976): «Le cul-de-four de l’abside du sanctuaire est la partie architecturale qui unit le toit avec le sol. Au toit qui symbolise le ciel on représente le Christ comme Pantocrator, habituellement sur la coupole du transept. Les fidèles se tiennent debouts sur le sol de l’église. La Théotokos est ainsi figurée entre nous et Dieu, entre la terre et le ciel, parce que celle-ci par son Fils a unifié le bas et l’haut, elle est devenue le pont qui unit la terre au ciel, l’escalier céleste par qui est descendu Dieu, comme chante l’Eglise dans l’hymne acathiste.»
La desmultiplicación de las cúpulas en Legorreta no es entonces sólo juego formal, de perspectiva con la remarcada puerta cuadrada central, y las dos rectangulares laterales con entradas pintadas de morado, sino que, alusión también a la antigua Cibeles multimammia, evoca lo nacional: referencia a la Catedral de León, y postmodernidad intertextual respecto de Portoghesi, con valores interculturales que aclara Legorreta cuando justifica la orientación de la Catedral, no de Occidente a Oriente, sino de Sur a Norte: “El diseño del Templo mantiene desde todos sus ángulos la importancia y la concentración de la atención en el altar”; confirma así la idea de Kalokyris sobre el estrecho vínculo entre Pantócrator y Theotokos. El origen, además de marial (simbología del 63 respecto de la dedicación del edificio), indigenista postmoderno, pero mexicanista nacionalista, de la Nueva Catedral por Legorreta se ve en que las 63 cúpulas recuerdan el único ejemplo existente: el conjunto monumental San Gabriel en San Pedro Cholula, Puebla, México, fundado en 1529, construido en 1549-1552, y conformado por una barda atrial, el atrio, las capillas posas, el templo, el claustro, la Capilla de Naturales y la Capilla de la Tercera Orden.
La barda, frente a la gran plaza, tiene tres entradas: una para el templo y dos para el atrio, que a su vez se divide en una mayor y otra inferior, donde los indígenas hacían sus ceremonias, frente a la Capilla de Naturales. Es en el atrio que se localizan tres capillas de las posas, pequeñas construcciones aisladas de planta cuadrada y bóveda piramidal, con almenas y pináculos, armonizando con la barda, concesión éstas de los franciscanos a los rituales indígenas para facilitar evangelización e instrucción al aire libre. Es al lado norte del atrio, que, ocupando buena parte del conjunto monumental, está la Capilla de Naturales, impropiamente llamada Capilla Real, e inspirada en la planta de una mezquita: edificio notable y único por tener sostenidas por 36 columnas, 63 bóvedas que cubren las siete naves del templo y las dos series de capillas laterales, 49 de estas bóvedas siendo vaídas o de pañuelo, 14 de medio cañón y cinco cúpulas.
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